Nuestra Fe | Johan Pacheco
Día Internacional de la
Esperanza: Un día de comunión con alcance global
Una jornada
para conmemorar un momento de oración que conmovió al mundo y sigue llamado a
fortalecer en la esperanza para construir la paz. Gabriela Sacco: “invita al
mundo a redescubrir una esperanza activa”
De una
experiencia de fe y esperanza en medio de las dificultades nace la iniciativa
del Día Internacional de la Esperanza, luego que el 27 de marzo de 2020 el Papa
Francisco dirigiera desde la plaza de San Pedro en el Vaticano, la oración del
Statio Orbis dando luz a un mundo que estaba ya marcado por la oscuridad de la
incertidumbre y la muerte, un día de comunión con alcance global
La directora
del Instituto para el Diálogo Global y la Cultura del Encuentro, Gabriela
Sacco, comparte con Vatican News – Radio Vaticana la relevancia de esta
conmemoración anual: “Es un mensaje particularmente poderoso y potente,
justamente porque estamos viviendo en un tiempo de fragmentación, y la
esperanza se necesita no como una idea, sino justamente como una experiencia en
la que caminamos juntos”
“El Día
Internacional de la Esperanza comienza con un gesto que habló y conmovió a la
humanidad el 27 de marzo del 2020, cuando el Santo Padre, el Papa Francisco,
caminó solo a través de Plaza San Pedro, una plaza San Pedro vacía, y así
ofreció un mensaje de fe y esperanza a un mundo que estaba marcado por la
incertidumbre, y que tocó la vida y el corazón de millones de personas. Así,
junto con ese gesto, nace la inspiración para trabajar sobre este Día de la
Esperanza, que es un proceso que además venimos caminando juntos, junto con la
CEAMA, el CELAM, la REPAM, la CLAR, con Caritas de América Latina y el Caribe,
y también siempre con el acompañamiento del Dicasterio para la Comunicación”,
expresa Gabriela Sacco.
Un proceso compartido
También
reconoce la directora del Instituto para el Diálogo Global y la Cultura
del Encuentro que “el Día Internacional de la Esperanza es justamente muy
significativo en este momento, porque es un proceso compartido, un caminar con
todos, que invita al mundo a redescubrir una esperanza activa, particularmente
en momentos de alta, de fragmentación, de conflictos, y nos recuerda además que
la esperanza es una experiencia relacional, es fraterna, es de que requiere y
que se expresa a través de la amistad social, de las relaciones entre las
personas, de las historias, de las experiencias compartidas”.
“Estamos todos en una misma barca”
Y recuerda de
manera particular el mensaje del Papa Francisco de ese día histórico: “Es un
mensaje particularmente poderoso y potente, justamente porque estamos viviendo
en un tiempo de fragmentación, y la esperanza se necesita no como una idea,
sino justamente como una experiencia en la que caminamos juntos, como dijo
Francisco en ese momento en el que reconocemos que: estamos todos en una misma
barca”.
El Instituto
para el Diálogo Global y la Cultura del Encuentro explica que el Día
Internacional de la Esperanza se comprende como un día de comunión con alcance
global, un momento compartido en el que personas, comunidades e instituciones
de todo el mundo son invitadas a conectarse y reconocerse entre sí, como parte
de la creación y en comunión con ella, abriendo la posibilidad de un futuro
compartido.
Signo de esperanza
Entre algunas
de las iniciativas ya realizadas recuerdan una junto con la FAO y el PNUD que
llevó a la colocación de una edición del libro “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no
tenéis fe?” en el Banco Mundial de Semillas de Svalbard, en el Círculo Polar
Ártico, como signo de esperanza confiada al futuro de la humanidad, así como el
acompañamiento del envío de una edición al espacio, como expresión de una
esperanza que trasciende las fronteras de la Tierra. Iniciativas también
acompañadas por el Dicasterio para la Comunicación.
Este camino,
nacido de un gesto profético del Papa Francisco, ha crecido a través de
diversas iniciativas y colaboraciones, y continúa desplegándose en la vida de
la Iglesia como expresión de la continuidad viva de su magisterio. Y hoy
también reflejada en el magisterio del Papa León XIV, en los llamados desde el
inicio de su pontificado a ser constructores de la paz.


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