Meditaciones | Sandy Yanilda Fermín
El suspiro de Dios: ¡Estar contento
con Dios!
Cuando apenas comenzaba la mañana y despertábamos del
susurro del silencio de la noche, me hicieron una pregunta, de esas que no se
van tan fácil de tu recuerdo, una pregunta curiosa y a la vez motivadora, como si
fuera una aurora.
La pregunta fue: ¿Estás contenta con Dios? Y no
respondí de inmediato, solo suspiré y en ese suspiro todavía un tanto dormida,
como la primera luz del día, entendí que no todas las respuestas necesitan
palabras. Algunas se dicen desde la confianza, desde lo más hondo de nuestro ser.
Luego mientras las horas transcurrían, me respondí: ¿Cómo
no estar contenta con Dios, si él es y ha sido mi providencia? Aunque muchas
cosas no han sido fáciles, muchos sueños no se habían cumplido como lo imaginé,
en medio de esa espera, he podido reconocer la mano poderosa de un Dios cercano
junto a mí y a mi familia.
En mis sueños, Dios ha provisto según su gracia y su
voluntad. A veces de manera visible, otras veces en silencio, pero siempre a su
tiempo. Estoy muy contenta con Dios porque en este momento de mi vida
necesitaba recordar que el Señor es quien provee y que todo, absolutamente todo,
está en sus manos.
Estar contenta con Dios, no significa vivir sin
preguntas, sino en oración constante, sabiendo que cuando las preguntas
aparecen, es mirar atrás y descubrir que, aun en el desierto de nuestras vidas,
nunca nos faltara lo necesario para ese día.
Su providencia no siempre llega como un milagro
evidente; muchas veces llega en forma de personas, como fuerza sobrenatural que
aparecieron cuando ni siquiera lo imaginábamos, simplemente su bendición y su
gloria en tiempo perfecto cayendo sobre nosotros.
He comprendido también que mis sueños importan. Han
sido semillas que Dios mismo permitió que nacieran en mí, aun cuando por
momentos parecían detenidas, ocultas o rodeadas de incertidumbre. Ninguna
oración ha sido ignorada y mucho menos ninguno de mis suspiros ha pasado
desapercibido. ¡Dios me escucho!, incluso cuando ya no me quedaban palabras, cuando
se desgarraba el alma, contar con hermanos que cuidaron de mi fe y mi vocación,
no tiene precio.
Hay etapas en las que el usa las circunstancias, incluso
las más difíciles para glorificarse, porque el conoce nuestro corazón y a
veces, lo que parece un retroceso, es en realidad una forma para confiar más
profundo, para orar más, para hacer ayunos, para dar rodillas y rendirnos a sus
pies, no por derrota, sino porque sabemos que, en el siguiente paso de fe, él
va delante de nosotros, cuidando nuestros pasos.
Y de repente, en ese desierto, algo cambia, sin darnos
cuenta. Lo que estaba estancado comienza a encaminarse. Proyectos que no
avanzaban empiezan a moverse. Puertas que parecían cerradas, se abren de una
manera sorprendente. Personas comienzan a alejarse, con suavidad, el
Espíritu Santo va mostrando y quitando lo que impide la bendición, para que lo
nuevo florezca con amor.
Todo llega cuando el corazón está listo para
recibirlo. Dios no solo trabaja en lo que espero, sino en quién me estoy
convirtiendo en medio de la espera. Por eso puedo decir, con serenidad y
verdad, que estoy contenta con Dios y mucho.
Estamos iniciando un tiempo de desierto interior. Quizá
esta sea la pregunta que necesitamos hacernos en silencio. Tal vez esta
pregunta no sea solo mía. Quizá también sea un llamado para ti, especialmente
en este tiempo en que Dios nos llama a volver al corazón.
Y entonces la pregunta persiste y que cada uno responda
en el silencio de su interior: ¿Estás contento, contenta con Dios?


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Promueve el diálogo y la comunicación usando un lenguaje sencillo, preciso y respetuoso...