Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Convertirse y dar frutos
Memoria de San Antonio María Claret
(Sábado
24 de octubre del 2026. Vigésima novena semana tiempo ordinario, lecturas: Efesios
4,7-16; Salmo 121; Lucas 13,1-9)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de este día nos presenta un llamado muy claro: Dios nos ha dado
dones, nos acompaña en nuestro camino y espera de nosotros frutos de
conversión. No basta con estar en la Iglesia; no basta con llamarnos
cristianos. El Señor quiere que nuestra fe se vea en nuestra manera de vivir,
de amar, de servir y de perdonar.
Hoy,
además, celebramos la memoria de San Antonio María Claret, un hombre que
escuchó la llamada de Dios, se convirtió profundamente al Evangelio y dedicó
toda su vida a anunciar a Cristo. Su vida nos ayuda a comprender que quien se
encuentra verdaderamente con Jesús no puede quedarse igual.
1.
Primera lectura: Efesios 4,7-16: “Cada uno ha recibido su don”
San
Pablo nos recuerda que Cristo ha dado a cada uno una gracia particular. No
todos tenemos los mismos dones, las mismas capacidades ni la misma misión. Pero
todos tenemos algo que aportar a la comunidad.
Esto
nos deja un primer elemento para nuestra vida:
1.
Reconocer los dones que Dios nos ha dado. Hay personas que saben escuchar;
otras saben aconsejar; unas sirven con alegría; otras tienen facilidad para
enseñar, organizar, acompañar o animar. Lo importante es no utilizar los dones
solamente para nuestro beneficio, sino ponerlos al servicio de Dios y de los
demás.
2.
Los dones de Dios tienen una finalidad: construir la comunidad. San Pablo dice
que los distintos ministerios existen para preparar a los santos para el
servicio y para edificar el Cuerpo de Cristo. Por eso, nuestra parroquia,
nuestra familia y nuestra comunidad necesitan cristianos comprometidos. No
podemos decir: “Eso que lo haga otro”. Cada bautizado tiene una
responsabilidad.
3.
Crecer hacia Cristo. San Pablo nos invita a llegar a la madurez de
Cristo. La vida cristiana es un camino de crecimiento. No podemos quedarnos
toda la vida con la misma manera de pensar, de actuar y de relacionarnos.
Preguntémonos: ¿Estoy
creciendo espiritualmente? ¿Estoy siendo mejor cristiano que hace un año? ¿He
aprendido a perdonar más? ¿Tengo más paciencia? ¿Estoy sirviendo más? Convertirse
significa precisamente eso: dejar que Cristo transforme nuestra vida.
2.
Salmo 121: “Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor.”
El
salmo expresa la alegría de caminar hacia la casa de Dios.
Aquí
encontramos otro elemento importante:
4.
La conversión es un camino. No nos convertimos de un día para otro. Es un
camino que vamos recorriendo con la ayuda de Dios. Hay momentos de avance y
momentos de dificultad, pero lo importante es no abandonar el camino.
El
salmista se alegra porque va a la casa del Señor. También nosotros debemos
recuperar la alegría de venir a la Iglesia, de participar en la Eucaristía, de
escuchar la Palabra y de encontrarnos con los hermanos. Una persona que
camina con Dios no camina sola.
5.
La comunidad nos ayuda a mantenernos en el camino. La fe no se vive
únicamente de manera individual. Necesitamos la comunidad, necesitamos la
familia, necesitamos la parroquia, necesitamos personas que nos animen cuando
estamos cansados y que nos ayuden cuando estamos débiles.
Por
eso, no debemos alejarnos de la comunidad por pequeñas dificultades o
diferencias. La Iglesia es una familia de pecadores que están aprendiendo a
caminar juntos hacia Dios.
3.
Evangelio: Lucas 13,1-9: “Si no se convierten, todos perecerán”
El
Evangelio nos presenta dos situaciones dolorosas y después la parábola de la
higuera que no daba fruto.
Jesús
rechaza la idea de que quienes sufren necesariamente son más pecadores que los
demás. Y aprovecha estas situaciones para hacer una llamada a todos: “Si no
se convierten, todos perecerán.”
Jesús
no está amenazándonos. Está invitándonos a aprovechar el tiempo que Dios nos
concede.
Aquí
encontramos varios elementos para nuestra vida:
6.
No debemos esperar una tragedia para cambiar. Muchas veces decimos:
“Cuando tenga tiempo voy a acercarme a Dios. Cuando sea mayor voy a cambiar.
Más adelante voy a perdonar. Después voy a dejar ese vicio”.
Pero
la vida nos enseña que no sabemos cuánto tiempo tenemos.
El
momento de comenzar es hoy.
-
Si tenemos algo que cambiar, cambiémoslo hoy.
-
Si tenemos que pedir perdón, pidamos perdón hoy.
-
Si tenemos que reconciliarnos, hagámoslo hoy.
-
Si tenemos que volver a Dios, volvamos hoy.
4.
La higuera que no daba fruto
Jesús
cuenta que un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar fruto
y no encontró ninguno. Entonces dijo al viñador: “Ya ves, tres años llevo
viniendo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala”.
Pero
el viñador responde: “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré
alrededor y le echaré abono, a ver si da fruto.” ¡Qué hermoso es descubrir aquí
la paciencia y la misericordia de Dios!
7.
Dios tiene paciencia con nosotros.
Nosotros
podemos cansarnos de una persona que falla muchas veces. Podemos decir: “Ya no
hay remedio”. Pero Dios no piensa así.
Dios
dice: “Déjalo todavía.” Nos da otra oportunidad.
Pero
atención: la paciencia de Dios no significa que podemos continuar viviendo de
cualquier manera. El Señor nos da tiempo para que cambiemos, para que demos
frutos.
8.
Dios trabaja nuestra vida para que podamos dar frutos.
El
viñador cava la tierra y la abona. A veces las dificultades, las correcciones,
una enfermedad, una palabra que nos hace pensar, una experiencia dolorosa o una
persona que nos confronta pueden convertirse en instrumentos que Dios utiliza
para transformar nuestro corazón.
No
todo lo difícil es un castigo. Algunas dificultades pueden convertirse en una
oportunidad para crecer.
5.
¿Qué frutos espera Dios de nosotros? Esta es la
pregunta fundamental.
Dios
no espera solamente que vengamos a Misa. Espera frutos.
-
Frutos de amor. Frutos de perdón. Frutos de
paciencia. Frutos de solidaridad.
-
Frutos de honestidad. Frutos de servicio. Frutos
de misericordia. Frutos de oración. Frutos de compromiso con la comunidad.
Podemos
preguntarnos:
-
¿Qué fruto está encontrando Dios en mi vida?
-
¿Estoy dando frutos en mi familia?
-
¿Estoy dando frutos en mi matrimonio?
-
¿Estoy dando frutos como padre o como madre?
-
¿Estoy dando frutos como hijo?
-
¿Estoy dando frutos en mi comunidad?
-
¿Estoy dando frutos como cristiano?
Porque
una fe que no produce frutos corre el peligro de convertirse solamente en
palabras.
6.
San Antonio María Claret: un hombre que dio frutos
Hoy
recordamos a San Antonio María Claret, que comprendió que Dios le había dado
una misión. Fue sacerdote, misionero, predicador, fundador y servidor de la
Iglesia.
Su
vida estuvo marcada por una profunda preocupación por anunciar la Palabra de
Dios y llevar a las personas a la conversión.
San
Antonio María Claret no guardó para sí los dones que recibió. Los puso al
servicio del Evangelio. Por eso, su vida nos deja una pregunta: ¿Qué
estoy haciendo yo con los dones que Dios me ha dado?
No
todos podemos hacer lo que hizo San Antonio María Claret, pero todos podemos
hacer algo.
-
Una madre puede dar fruto educando a sus hijos en
la fe.
-
Un padre puede dar fruto con su ejemplo.
-
Un joven puede dar fruto viviendo con
responsabilidad y alejándose de aquello que destruye su vida.
-
Un anciano puede dar fruto con su oración y su
sabiduría.
-
Un enfermo puede dar fruto ofreciendo sus
sufrimientos al Señor.
-
Un servidor parroquial puede dar fruto sirviendo
con humildad.
7.
Un llamado concreto para nosotros
Hermanos
y hermanas, hoy el Señor nos dice: ¡Conviértete y da fruto! No te quedes
solamente en las palabras.
-
Si tienes fe, que se note en tu vida.
-
Si amas a Dios, ama también a tu hermano.
-
Si has recibido misericordia, sé misericordioso.
-
Si Dios te ha perdonado, aprende a perdonar.
-
Si has recibido dones, ponlos al servicio de los
demás.
Y
si sentimos que todavía no estamos dando los frutos que Dios espera, no debemos
desesperarnos.
Digámosle:
“Señor,
dame otra oportunidad. Trabaja mi corazón. Arranca de mí aquello que no me deja
crecer. Abona mi vida con tu Palabra y haz que pueda producir buenos frutos.”
Que
San Antonio María Claret interceda por nosotros para que seamos cristianos
comprometidos, hombres y mujeres de fe, capaces de anunciar a Cristo no
solamente con nuestros labios, sino también con nuestras obras.
Queridos
hermanos y hermanas, Dios nos ha dado tiempo, dones y oportunidades. No los
desperdiciemos. El Señor sigue esperando frutos de nuestra vida.
Que
cuando el Señor venga a buscar frutos en nosotros, pueda encontrar un corazón
convertido, una vida entregada y muchas obras de amor. Amén.




No hay comentarios:
Publicar un comentario
Promueve el diálogo y la comunicación usando un lenguaje sencillo, preciso y respetuoso...