Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc
Amor a Dios y al prójimo
(Domingo
25 de octubre 2026. Trigésima semana tiempo ordinario, lecturas: Éxodo
22,20-26. Salmo 17. 1 tesalonicenses 1,5-10. San Mateo 22,34-40)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios que hoy hemos escuchado nos presenta uno de los mensajes
centrales de nuestra fe: amar a Dios y amar al prójimo. No son dos
caminos diferentes, sino un solo camino de vida cristiana. El amor a Dios se
demuestra en la manera como tratamos a los demás, especialmente a los más
necesitados.
1. lectura: Éxodo 22,20-26: El amor se demuestra
cuidando al necesitado
En
la primera lectura, Dios habla con mucha claridad sobre la responsabilidad que
tenemos hacia las personas más vulnerables: el extranjero, la viuda, el
huérfano y el pobre.
Dios
le dice a su pueblo que no puede aprovecharse de quien está en una situación de
necesidad. Esto nos enseña algo muy importante: Dios escucha el grito del que
sufre y espera que nosotros también lo escuchemos.
Elementos
para nuestra vida:
-
No debemos ser indiferentes ante el sufrimiento de
los demás.
-
Debemos tratar con dignidad a toda persona,
especialmente al pobre y al necesitado.
-
No debemos aprovecharnos de la debilidad de otra
persona.
-
Debemos aprender a compartir lo que tenemos.
Una
persona verdaderamente creyente no puede decir que ama a Dios mientras
desprecia o maltrata al hermano.
La
fe no puede quedarse solamente en palabras, oraciones o devociones. La fe tiene
que convertirse en obras de amor.
2.
Salmo 17: “Yo te amo, Señor, mi fortaleza”
El
salmista expresa con todo su corazón: “Yo te amo, Señor, mi fortaleza.”
Aquí
encontramos una pregunta para nuestra vida: ¿realmente amamos a Dios?
Amar
a Dios significa confiar en Él, buscarlo en la oración, escuchar su Palabra y
permanecer fieles aun en los momentos difíciles.
Dios
es nuestra fortaleza cuando estamos cansados, nuestra roca cuando llegan las
dificultades y nuestro refugio cuando nos sentimos solos.
Elementos
para nuestra vida:
-
Acudir a Dios en los momentos buenos y también en
los difíciles.
-
No abandonar la oración cuando aparecen los
problemas.
-
Reconocer que nuestra verdadera seguridad está en
Dios.
-
Dar gracias a Dios por todo lo que recibimos.
-
Aprender a decir con sinceridad: “Señor, yo te
amo.”
Pero
ese amor a Dios tiene que salir de nuestro corazón y llegar también a nuestros
hermanos.
3.
Segunda: 1 Tesalonicenses 1,5-10: Una fe que se convierte en ejemplo
San
Pablo felicita a los cristianos de Tesalónica porque han acogido la Palabra de
Dios y se han convertido en ejemplo para otros.
Ellos
no solamente escucharon el Evangelio; lo hicieron vida. Su fe, su esperanza y
su amor fueron conocidos por otras comunidades.
Esto
nos recuerda que también nosotros debemos preguntarnos: ¿qué testimonio estoy
dando con mi vida?
No
basta con decir: “Soy católico”, “voy a misa” o “rezo”. Los demás deben poder
descubrir nuestra fe por la manera como vivimos.
Elementos
para nuestra vida:
-
Que nuestra familia pueda ver nuestro amor y
nuestra paciencia.
-
Que nuestros vecinos puedan reconocer en nosotros
personas de paz.
-
Que nuestro trabajo refleje honestidad y
responsabilidad.
-
Que nuestras palabras no contradigan nuestras
acciones.
-
Que nuestra comunidad cristiana sea conocida por
el servicio y la solidaridad.
Una
persona que verdaderamente se encuentra con Cristo se convierte en testimonio
para los demás.
4.
Evangelio: Mateo 22,34-40: El mandamiento más grande
En
el Evangelio, un fariseo pregunta a Jesús cuál es el mandamiento principal de
la Ley.
Jesús
responde:
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu
ser.” Y añade: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”
Aquí
está el corazón del Evangelio. Jesús une inseparablemente el amor a Dios
y el amor al prójimo.
No
podemos decir: “Yo amo mucho a Dios”, si al mismo tiempo odiamos,
despreciamos, humillamos o ignoramos al hermano. Y tampoco podemos hablar de un
verdadero amor al prójimo olvidándonos de Dios. Los dos amores están unidos.
¿Cómo
podemos vivir este mandamiento?
Primero: amar a
Dios con todo el corazón. No darle a Dios solamente las sobras de nuestro
tiempo. Necesitamos oración, Eucaristía, confesión, escucha de la Palabra y una
relación personal con Él.
Segundo: amar al
prójimo con obras concretas. A veces pensamos que amar es sentir cariño.
Pero el amor cristiano se demuestra ayudando, escuchando, perdonando,
acompañando y sirviendo.
Tercero: comenzar
por los que tenemos cerca. No tenemos que buscar grandes obras. Podemos
comenzar en nuestra propia casa: escuchar al esposo o a la esposa, tener
paciencia con los hijos, visitar a un enfermo, ayudar a un anciano,
reconciliarnos con quien estamos disgustados.
Cuarto: aprender
a perdonar. No podemos decir que amamos a Dios si vivimos alimentando
resentimientos. Perdonar no significa aprobar lo malo, sino liberar el corazón
del odio.
Quinto: amar
también cuando no recibimos nada a cambio. El amor cristiano no busca
siempre recompensa. Jesús nos enseña a amar incluso cuando el otro no puede
devolvernos el favor.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, las lecturas de hoy nos llevan por un camino muy sencillo:
-
Éxodo nos dice: no abandones al
necesitado.
-
El Salmo nos dice: ama y confía en Dios,
porque Él es nuestra fortaleza.
-
San Pablo nos enseña: que nuestra fe sea un
ejemplo para los demás.
-
Y Jesús nos dice: ama a Dios con todo tu
corazón y ama a tu prójimo como a ti mismo.
Por eso,
preguntémonos hoy:
-
¿Amo realmente a Dios?
-
¿Se nota ese amor en mi manera de tratar a los
demás?
-
¿Hay alguna persona a la que necesito perdonar?
-
¿Hay alguien que necesita hoy mi ayuda, mi
compañía o una palabra de esperanza?
Pidamos
al Señor que nos dé un corazón semejante al suyo: un corazón que ame a Dios y
que sepa descubrir a Dios en cada hermano.
Porque
al final de nuestra vida, no nos preguntarán solamente cuánto hemos tenido,
cuánto hemos conseguido o cuánto hemos sabido. El Señor nos preguntará por el
amor.
Que
nuestra vida pueda decir cada día: “Señor, te amo; y porque te amo, también
quiero amar, servir y ayudar a mis hermanos.” Amén.




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