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    lunes, 26 de octubre de 2026

    Un amor: una sola identidad


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc



     Un amor: una sola identidad

    (Lunes 26 de octubre 2026. Trigésima semana tiempo ordinario, lecturas: Efesios 4,32–5,1-8; Salmo 1; San Lucas 13,10-17)

     

    1. Introducción

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios que escuchamos hoy nos invita a vivir una sola identidad: ser hijos de Dios y demostrarlo mediante el amor. No podemos decir que amamos a Dios y, al mismo tiempo, vivir llenos de rencor, indiferencia, egoísmo o desprecio hacia los demás.

    El amor cristiano no consiste solamente en rezar, asistir a misa o conocer la Biblia. Se demuestra en la vida cotidiana: cuando perdonamos, ayudamos al necesitado, respetamos al que sufre y tratamos a cada persona con dignidad.

    Las tres lecturas nos ayudan a comprender que nuestra identidad cristiana debe expresarse en lo que pensamos, decimos y hacemos.

     

    2. Primera lectura: Efesios 4,32–5,1-8. «Sean buenos, comprensivos y perdónense unos a otros»

    San Pablo nos presenta el comportamiento propio de quienes han conocido el amor de Dios. Nos pide ser buenos, compasivos y capaces de perdonar, así como Dios nos ha perdonado en Cristo.

    Elementos concretos para nuestra vida:

    1. Perdonar como Dios nos perdona. No podemos vivir siempre recordando las ofensas recibidas. Perdonar no significa justificar el mal, sino liberarnos del odio y abrir caminos de reconciliación.

    2. Ser compasivos con el que sufre. Cuando alguien atraviesa una enfermedad, una dificultad económica o un problema familiar, no basta con decirle que vamos a rezar por él. Siempre que podamos, debemos ofrecerle una ayuda concreta.

    3. Imitar a Dios en el amor. San Pablo nos invita a ser imitadores de Dios como hijos queridos. Preguntémonos: ¿mi manera de tratar a los demás se parece a la manera en que Jesús los trataba?

    4. No vivir en la maldad ni en la mentira. El apóstol nos advierte contra la inmoralidad, la impureza y la codicia. Nuestra identidad cristiana exige honestidad en los negocios, fidelidad en la familia y responsabilidad en nuestras decisiones.

    5. Caminar como hijos de la luz. No podemos vivir una cosa en la iglesia y otra completamente distinta en la casa, en el trabajo o en la calle. La fe debe iluminar toda nuestra conducta.

    Aplicación: Si somos cristianos, nuestro amor debe notarse en nuestras palabras, en nuestro trato y en nuestras decisiones. No podemos tener una identidad de fe en los labios y una conducta contraria al Evangelio.

     

    3. Salmo 1: «Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor»

    El salmo presenta dos caminos: el camino del justo, que busca la voluntad de Dios, y el camino de quien se aleja de ella. El justo es comparado con un árbol plantado junto al agua, que da fruto a su tiempo.

    Elementos concretos para nuestra vida:

    6. Elegir el camino correcto. Cada día tomamos decisiones. Podemos elegir la verdad o la mentira, la generosidad o el egoísmo, la reconciliación o la venganza. Nuestra identidad se construye mediante esas elecciones.

    7. Alimentarnos de la Palabra de Dios. Así como el árbol necesita agua para vivir, nosotros necesitamos la oración, la Eucaristía y la lectura de la Biblia para fortalecer nuestra fe.

    8. Dar frutos buenos. Una persona que camina con Dios debe producir frutos de paciencia, justicia, solidaridad y paz. No basta con tener apariencia de cristiano; hay que mostrar los frutos.

    9. No dejarnos arrastrar por el mal. El ambiente, las malas compañías o las costumbres equivocadas pueden apartarnos del camino del Señor. Debemos aprender a decir no a todo aquello que destruye nuestra relación con Dios y con los demás.

    Aplicación: Preguntémonos: ¿qué clase de árbol soy? ¿Estoy dando frutos de amor y de bondad, o estoy permitiendo que se sequen mi fe y mi compromiso cristiano?

     

    4. Evangelio: San Lucas 13,10-17. Jesús libera a una mujer encorvada.

    El Evangelio nos presenta a una mujer que llevaba dieciocho años enferma, encorvada y sin poder enderezarse. Jesús la ve, la llama y le dice: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Después le impone las manos y ella se endereza inmediatamente y glorifica a Dios.

    Sin embargo, el jefe de la sinagoga se indigna porque Jesús ha realizado la curación en sábado. Jesús le responde señalando la contradicción de quienes atienden a sus animales en sábado, pero se molestan cuando una hija de Abrahán es liberada de su sufrimiento.

    Aquí encontramos una enseñanza fundamental: el amor de Dios no puede separarse de la defensa de la dignidad humana.

    Elementos concretos para nuestra vida:

    10. Aprender a mirar al que sufre. Jesús vio a aquella mujer. Muchas veces convivimos con personas que llevan cargas familiares, económicas, físicas o espirituales, pero no nos detenemos a mirar su dolor.

    11. Acercarnos al que necesita ayuda. Jesús no se quedó observando a la mujer desde lejos. La llamó y actuó. También nosotros debemos dar el primer paso para acompañar al enfermo, visitar al anciano, escuchar al que está solo y ayudar al que necesita apoyo.

    12. No poner las normas por encima del amor. Las normas religiosas tienen su importancia, pero no deben convertirse en excusas para ignorar el sufrimiento. La verdadera observancia de la voluntad de Dios debe conducirnos a la misericordia.

    13. No acostumbrarnos al sufrimiento ajeno. Aquella mujer llevaba dieciocho años padeciendo su enfermedad. Jesús no consideró que su situación fuera normal ni que debiera continuar sufriendo. Nosotros tampoco debemos considerar normales la violencia, el abandono, el hambre o la exclusión.

    14. Ayudar a los demás a ponerse de pie. Hay palabras que hunden y palabras que levantan. Hay actitudes que humillan y gestos que devuelven la esperanza. Seamos personas que ayuden a otros a recuperar su dignidad, su confianza y sus deseos de vivir.

    15. Glorificar a Dios con nuestras obras. Cuando Jesús libera a la mujer, ella glorifica a Dios. Nuestra vida también debe llevar a los demás a reconocer la bondad del Señor. Cada gesto de amor puede convertirse en una alabanza a Dios.

    Aplicación: No podemos proclamar que amamos a Dios mientras ignoramos al hermano que sufre. El amor verdadero nos mueve a actuar, a liberar y a devolver la esperanza.

     

    5. Conclusión: Un amor, una sola identidad.

    Queridos hermanos y hermanas, las lecturas de hoy nos dejan una enseñanza clara:

    - San Pablo nos pide vivir en el amor, el perdón y la bondad.

    - El salmo nos invita a elegir el camino del justo y a producir buenos frutos.

    - Jesús nos enseña que el amor debe traducirse en acciones concretas que liberen y dignifiquen al ser humano.

    Por eso, un amor y una sola identidad significa que no podemos separar nuestra fe de nuestra vida. El mismo amor que celebramos en el altar debe manifestarse en nuestras familias, en nuestras comunidades y en nuestra relación con los más necesitados.

    No se trata de ser cristianos solamente cuando rezamos, sino también cuando perdonamos. No solamente cuando participamos en la Eucaristía, sino también cuando ayudamos al enfermo. No solamente cuando hablamos de Dios, sino también cuando defendemos la dignidad de una persona despreciada. Pidamos al Señor que nos conceda un corazón semejante al de Jesús, capaz de amar sin hipocresía, perdonar sin rencor y servir sin buscar recompensa. Que nuestro amor sea uno solo y que nuestra identidad cristiana se reconozca por nuestros frutos. Amén.







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