Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Virgen del Pilar
“María, dichosa porque escucha y cumple la Palabra de Dios”
(Lunes
12 de octubre 2026. Vigésima octava semana tiempo ordinario, lecturas: 1
Crónicas 15,3-4.15-16; 16,1-2; Salmo 26; San Lucas 11,27-28)
Introducción
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
celebramos con alegría a la Santísima Virgen del Pilar, una advocación mariana
muy querida por el pueblo cristiano. El pilar nos recuerda algo importante:
necesitamos una base firme para sostener nuestra vida, nuestra familia y
nuestra fe. Cuando llegan las dificultades, necesitamos estar apoyados en Dios,
que nunca abandona a sus hijos.
María
es para nosotros un ejemplo de fe, de confianza y de fidelidad. Ella nos enseña
a permanecer firmes en el Señor y a escuchar su Palabra para ponerla en
práctica.
Las
lecturas de hoy nos invitan a descubrir cómo podemos vivir nuestra fe con
alegría, cómo debemos confiar en Dios y cómo podemos imitar a María en nuestra
vida cotidiana.
1.
Primera lectura: 1 Crónicas 15,3-4.15-16; 16,1-2. Preparar un lugar para la presencia de Dios
En
esta lectura encontramos al rey David reuniendo al pueblo para trasladar el
Arca de la Alianza. Los levitas la llevan sobre sus hombros, según las
indicaciones recibidas, y la colocan en el lugar preparado. Después, David
ofrece sacrificios y bendice al pueblo en nombre del Señor.
El
Arca de la Alianza era un signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo.
Los israelitas comprendían que no caminaban solos, sino que el Señor los
acompañaba.
¿Qué
elementos nos sirven para nuestra vida?
1.
Dios quiere habitar en medio de nosotros. No debemos buscarlo
solamente dentro del templo. Él quiere estar presente en nuestros hogares, en
nuestros trabajos y en nuestras relaciones con los demás.
2.
Debemos preparar nuestro corazón para recibir al Señor. Así como
David preparó un lugar para el Arca, nosotros debemos preparar nuestra vida
mediante la oración, el arrepentimiento y las buenas obras.
3.
La fe se vive en comunidad. David reunió al pueblo para celebrar la
presencia de Dios. También nosotros estamos llamados a participar en la vida de
la Iglesia, colaborando con nuestra parroquia y ayudándonos unos a otros.
4.
Debemos llevar a Dios sobre nuestros hombros. Los levitas cargaron el
Arca con respeto y responsabilidad. Nosotros llevamos a Dios a los demás cuando
damos testimonio de nuestra fe, visitamos a los enfermos, consolamos al triste
y compartimos con el necesitado.
5.
Nuestra vida debe ser una bendición para los demás. David bendijo al pueblo.
Nosotros también podemos bendecir a nuestras familias con palabras buenas,
gestos de cariño, perdón y comprensión.
La
Virgen María nos enseña a llevar a Jesús a los demás. Ella lo llevó en su seno
y, después de recibir el anuncio del ángel, salió al encuentro de Isabel para
servirla.
Para
nuestra vida: preguntémonos: ¿mi presencia lleva paz a mi familia? ¿Las
personas se acercan más a Dios cuando ven mi manera de vivir?
2.
Salmo 26.
El Señor es mi luz y mi salvación.
El
salmista proclama: «El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?».
Estas
palabras nos recuerdan que la confianza en Dios debe ser más fuerte que
nuestros miedos. En la vida encontramos problemas económicos, enfermedades,
preocupaciones familiares, decepciones y momentos de soledad. Sin embargo, el
creyente sabe que no está abandonado.
¿Qué
elementos nos sirven para nuestra vida?
1.
Dios es nuestra luz cuando no sabemos qué camino seguir. Cuando
tengamos que tomar una decisión importante, busquemos la orientación de su
Palabra y oremos con confianza.
2.
No debemos dejarnos dominar por el miedo. Tener dificultades no
significa que Dios nos haya abandonado. La fe nos ayuda a mantener la esperanza
incluso cuando no encontramos una solución inmediata.
3.
Debemos buscar el rostro del Señor. La oración no consiste
solamente en pedir cosas. También consiste en permanecer con Dios, escuchar su
voluntad y aprender a confiar en Él.
4.
María nos enseña a confiar. Ella no conocía todos los detalles del camino
que debía recorrer, pero respondió con fe a la llamada de Dios. Su ejemplo nos
invita a decir también: «Señor, confío en ti».
Para
nuestra vida: cuando aparezca una dificultad, en lugar de desesperarnos,
repitamos con fe: «El Señor es mi luz y mi salvación». La confianza en Dios no
elimina automáticamente los problemas, pero nos da fuerza para afrontarlos.
3.
Evangelio: San Lucas 11,27-28. Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y
la cumplen.
En
el Evangelio, una mujer levanta la voz entre la multitud y le dice a Jesús:
«¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!».
La
mujer reconoce la grandeza de la madre de Jesús. Pero el Señor responde:
«Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Jesús
no desprecia a su madre. Al contrario, nos ayuda a comprender la verdadera
grandeza de María: ella es dichosa no solamente porque fue su madre, sino
también porque escuchó la Palabra de Dios, creyó en ella y la puso en práctica.
¿Qué
elementos nos sirven para nuestra vida?
1.
María es grande por su fe y su obediencia. Cuando el ángel le
anunció que sería la madre del Salvador, ella respondió: «Hágase en mí según tu
palabra» (Lc 1,38). María nos enseña a confiar en Dios, incluso cuando no
comprendemos todo.
2.
No basta con escuchar la Palabra; hay que practicarla. Podemos asistir a
misa, rezar el rosario y conocer muchas oraciones, pero debemos preguntarnos si
somos pacientes, generosos, honestos y misericordiosos.
3.
La verdadera devoción a la Virgen nos acerca a Jesús. Honrar a
María significa imitar sus virtudes y dejarnos conducir hacia su Hijo. Una
devoción mariana auténtica nos ayuda a vivir mejor el Evangelio.
4.
Todos estamos llamados a ser dichosos. Jesús no reserva la
felicidad para unas pocas personas. Nos invita a todos a escuchar la Palabra y
ponerla en práctica en nuestra vida cotidiana.
5.
María es un pilar de fe para nosotros. Su ejemplo nos ayuda a
permanecer firmes cuando llegan las dificultades. Así como un pilar sostiene
una construcción, su testimonio de fe nos anima a mantenernos unidos a Cristo,
que es el fundamento de nuestra esperanza.
6.
La Palabra debe hacerse vida en nuestra familia. Escuchar a Dios
significa aprender a perdonar, evitar las ofensas, educar a los hijos en los
valores cristianos, cuidar a los mayores y ayudar a quien pasa necesidad.
Para
nuestra vida: no nos conformemos con decir: «Yo soy devoto de la Virgen».
Preguntémonos también: ¿estoy viviendo como María? ¿Escucho la Palabra de Dios?
¿La pongo en práctica en mi hogar, en mi comunidad y en mi trabajo?
4.
¿Qué nos enseña la Virgen del Pilar?
La
advocación de la Virgen del Pilar está vinculada a la tradición cristiana de
Zaragoza, España. El pilar es un signo de firmeza y de apoyo en la fe. Al
contemplar esta imagen de María, recordamos que nuestra seguridad última no
está en las riquezas, el poder o las cosas materiales, sino en Jesucristo.
María
nos invita a permanecer firmes, a confiar en Dios y a construir nuestra vida
sobre la roca de su Palabra.
De
esta celebración podemos sacar tres compromisos concretos:
- En la
familia: procurar que la oración, el diálogo y el perdón sean pilares de
nuestra convivencia.
- En la
Iglesia:
participar con responsabilidad, servir con humildad y colaborar en la misión
evangelizadora.
- En la
sociedad: ser personas de esperanza, defender la dignidad humana y tender
la mano a quienes más sufren.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de este día nos presenta una invitación muy clara. En la
primera lectura, el pueblo celebra la presencia del Señor; en el salmo,
proclamamos que Dios es nuestra luz y nuestra salvación; y en el Evangelio,
Jesús nos enseña que la verdadera dicha consiste en escuchar la Palabra de Dios
y cumplirla.
La
Virgen del Pilar nos recuerda que debemos permanecer firmes en la fe,
especialmente cuando llegan las dificultades. Pero no olvidemos que el pilar de
nuestra vida cristiana es Jesucristo. María nos conduce a Él y nos enseña a
vivir según su Palabra.
Pidámosle
hoy a la Virgen del Pilar que nos ayude a ser cristianos coherentes, que no nos
quedemos solamente en las palabras, sino que demostremos nuestra fe con obras
de amor.
Que
nuestras familias sean pilares de unidad, nuestras comunidades pilares de
fraternidad y nuestra Iglesia un signo de esperanza para todos.
Que
la Virgen del Pilar nos enseñe a escuchar a Dios, a confiar en Él y a cumplir
su Palabra cada día. Amén.



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