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    viernes, 9 de octubre de 2026

    Invitación al Banquete del Reino


    Nuestra Fe| P. Ciprián Hilario, msc

     


    Invitación al Banquete del Reino

    (Domingo 11 de octubre 2026. Vigésima octava semana tiempo ordinario, lecturas: Isaías 25,6-10. Salmo 22. Filipenses4,12-14.19-20. San Mateo 22,1-14)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios que hoy hemos escuchado nos presenta una imagen muy hermosa: un banquete. Un banquete es un momento de encuentro, de alegría, de compartir, de comunión. Y Dios quiere reunir a sus hijos en el banquete de su Reino.

    El Señor nos hace una invitación. Pero esta invitación no es solamente para un día futuro; comienza hoy, en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestra comunidad y en nuestra relación con Dios.

     

    1. Primera lectura: Dios prepara un banquete para todos

    El profeta Isaías nos dice que el Señor preparará para todos los pueblos un banquete abundante.

    Esto nos muestra, en primer lugar, que Dios quiere la felicidad y la salvación de todos. No es un Dios que excluye, sino un Padre que reúne.

    El banquete representa también la abundancia de los dones de Dios. Él no nos ofrece solamente lo necesario para sobrevivir, sino que quiere llenar nuestra vida de esperanza, de amor y de paz.

    Primer elemento para nuestra vida: aprender a valorar lo que Dios nos ofrece.

    Muchas veces estamos tan preocupados por lo que nos falta que no descubrimos todo lo que Dios ya nos ha dado: la vida, la familia, los amigos, la fe, la comunidad, la salud que tenemos, las oportunidades de comenzar de nuevo.

    El profeta también anuncia que Dios destruirá la muerte para siempre y enjugará las lágrimas de todos.

    Por eso podemos decir: Donde Dios está presente, las lágrimas no tienen la última palabra.

    Quizás alguno de nosotros está viviendo una situación difícil. Quizás hay preocupaciones, enfermedades, problemas familiares o dificultades económicas. La Palabra de Dios nos invita a no perder la esperanza.

     

    2. Salmo 22: El Señor es mi pastor

    El salmo nos presenta a Dios como el Pastor que cuida de sus ovejas: “El Señor es mi pastor, nada me falta. “El pastor conoce a sus ovejas, las conduce, las alimenta y las protege.

    Aquí encontramos otro elemento importante para nuestra vida: Necesitamos aprender a confiar en Dios.

    Con frecuencia queremos tener todo bajo nuestro control. Queremos saber qué va a suceder mañana, cómo resolveremos nuestros problemas y cuál será el resultado de nuestras decisiones.

    Pero el salmista nos enseña a caminar diciendo: “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.”

    La fe no significa que nunca tendremos dificultades. Significa que no atravesamos las dificultades solos. El Señor camina con nosotros.

     

    3. Segunda lectura: San Pablo sabe vivir con mucho y con poco

    San Pablo dice algo muy importante: “Sé vivir en pobreza y sé vivir en abundancia.” Pablo ha aprendido a vivir confiando en Cristo.

    Esto nos deja una enseñanza muy práctica: nuestra felicidad no puede depender solamente de lo que tenemos.

    Hay personas que cuando tienen mucho están contentas, pero cuando pierden algo se desesperan. Hay quienes solamente encuentran seguridad en el dinero, en los bienes materiales, en el reconocimiento de los demás.

    San Pablo nos enseña que nuestra verdadera seguridad está en Cristo.

    Él dice: “Todo lo puedo en aquel que me conforta.”

    Esto no significa que podemos conseguir cualquier cosa que queramos. Significa que, con la gracia de Cristo, podemos afrontar las diferentes circunstancias de la vida.

    Otro elemento para nuestra vida: aprender a vivir con gratitud y con confianza.

    -                     Cuando tenemos mucho, demos gracias.

    -                     Cuando tenemos poco, no perdamos la esperanza.

    -                     Cuando las cosas salen bien, demos gracias.

    -                     Cuando llegan las dificultades, sigamos confiando.

    Y Pablo también agradece a los filipenses porque ellos compartieron sus bienes y estuvieron cerca de él. Por tanto, el cristiano no solamente recibe: también comparte.

     

    4. El Evangelio: Dios nos invita al banquete

    En el Evangelio, Jesús compara el Reino de los cielos con un rey que prepara el banquete de bodas de su hijo. El rey manda llamar a los invitados, pero algunos no quieren ir.

    Aquí encontramos una realidad que también puede suceder hoy:

    -        Dios invita, pero el ser humano puede rechazar la invitación.

    -                     Dios nos invita a la Eucaristía.

    -                     Dios nos invita a la oración.

    -                     Dios nos invita a la conversión.

    -                     Dios nos invita a perdonar.

    -                     Dios nos invita a servir.

    -                     Dios nos invita a vivir como hermanos.

    Pero podemos responder: “Ahora no tengo tiempo”.

    Y podemos pasar la vida ocupados en tantas cosas que terminamos dejando a Dios para después.

    Elemento para nuestra vida: no debemos aplazar la invitación de Dios.

    -                     Cuando Dios nos llama a cambiar algo, debemos escuchar.

    -                     Cuando nos invita a reconciliarnos con alguien, debemos dar el primer paso.

    -                     Cuando nos invita a servir, debemos responder.

    -                     Cuando nos llama a participar más activamente en la comunidad, debemos abrir el corazón.

     

    5. Todos están invitados

    En el Evangelio ocurre algo hermoso. Como los primeros invitados rechazaron la invitación, el rey manda llamar a todos los que encuentren por los caminos.

    Esto nos recuerda que el Reino de Dios está abierto a todos.

    -                     No importa nuestro pasado.

    -                     No importa cuántas veces hayamos fallado.

    -                     No importa si nos hemos alejado.

    Siempre existe una puerta abierta para regresar al Señor.

    Por eso nadie debe pensar:

    -                     “Dios no me puede perdonar.”

    -                     “Yo no soy digno.”

    -                     “Ya he cometido demasiados errores.”

    El Señor continúa invitándonos. La misericordia de Dios siempre nos ofrece una nueva oportunidad.

     

    6. El vestido de fiesta: no basta con aceptar la invitación

    Pero el Evangelio presenta también una segunda enseñanza. El rey encuentra a un hombre que ha entrado al banquete sin el vestido de fiesta.

    ¿Qué significa esto? Significa que no basta con estar dentro; también debemos cambiar nuestro corazón.

    -                     No basta con decir que somos cristianos.

    -                     No basta con venir a Misa.

    -                     No basta con llevar una cruz o una imagen religiosa.

    La fe tiene que manifestarse en nuestra manera de vivir.

    El “vestido de fiesta” puede representar un corazón renovado por Dios:

    -                     un corazón que sabe perdonar;

    -                     un corazón que sabe amar;

    -                     un corazón que busca la verdad;

    -                     un corazón que practica la misericordia;

    -                     un corazón que sirve a los demás;

    -                     un corazón que rechaza el pecado;

    -                     un corazón dispuesto a convertirse.

    Elemento para nuestra vida: debemos vestirnos de Cristo. San Pablo nos recuerda que estamos llamados a vivir una vida nueva.

     

    7. El banquete comienza desde ahora

    Hermanos y hermanas, el banquete del Reino tiene su plenitud en la vida eterna, pero comienza aquí.

    - Cada vez que nos reunimos para celebrar la Eucaristía, vivimos anticipadamente ese banquete.

    - Cada vez que una familia se reúne con amor, allí hay un reflejo del Reino.

    - Cada vez que perdonamos, compartimos, ayudamos al necesitado y acompañamos al que sufre, estamos construyendo el Reino de Dios.

    Por eso debemos preguntarnos:

    -                     ¿Estoy aceptando la invitación que Dios me hace?

    -                     ¿Estoy preparando mi corazón para el banquete?

    -                     ¿Estoy ayudando a otros a descubrir que también están invitados?

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas: Hoy Dios nos dice: “Ven al banquete.” No rechacemos su invitación.

    No dejemos que las preocupaciones, los bienes materiales, los problemas o nuestras ocupaciones nos alejen de Dios.

    -                     El Señor nos prepara una mesa.

    -                     El Señor es nuestro Pastor.

    -                     Cristo nos fortalece en la abundancia y en la pobreza.

    -                     Y el Padre nos invita al banquete de su Reino.

    Pidamos hoy la gracia de responder:

    “Señor, quiero aceptar tu invitación. Quiero estar contigo. Quiero cambiar mi corazón. Quiero vivir como hijo tuyo y caminar hacia el banquete eterno.” Que nuestra vida sea una respuesta generosa a la invitación de Dios. Amén







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