Nuestra Fe| P. Ciprián Hilario, msc
Invitación al Banquete del Reino
(Domingo
11 de octubre 2026. Vigésima octava semana tiempo ordinario, lecturas: Isaías
25,6-10. Salmo 22. Filipenses4,12-14.19-20. San Mateo 22,1-14)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios que hoy hemos escuchado nos presenta una imagen muy hermosa: un
banquete. Un banquete es un momento de encuentro, de alegría, de compartir, de
comunión. Y Dios quiere reunir a sus hijos en el banquete de su Reino.
El
Señor nos hace una invitación. Pero esta invitación no es solamente para un día
futuro; comienza hoy, en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestra comunidad
y en nuestra relación con Dios.
1.
Primera lectura: Dios prepara un banquete para todos
El
profeta Isaías nos dice que el Señor preparará para todos los pueblos un
banquete abundante.
Esto
nos muestra, en primer lugar, que Dios quiere la felicidad y la salvación de
todos. No es un Dios que excluye, sino un Padre que reúne.
El
banquete representa también la abundancia de los dones de Dios. Él no nos
ofrece solamente lo necesario para sobrevivir, sino que quiere llenar nuestra
vida de esperanza, de amor y de paz.
Primer
elemento para nuestra vida: aprender a valorar lo que Dios nos ofrece.
Muchas
veces estamos tan preocupados por lo que nos falta que no descubrimos todo lo
que Dios ya nos ha dado: la vida, la familia, los amigos, la fe, la comunidad,
la salud que tenemos, las oportunidades de comenzar de nuevo.
El
profeta también anuncia que Dios destruirá la muerte para siempre y enjugará
las lágrimas de todos.
Por
eso podemos decir: Donde Dios está presente, las lágrimas no tienen
la última palabra.
Quizás
alguno de nosotros está viviendo una situación difícil. Quizás hay
preocupaciones, enfermedades, problemas familiares o dificultades económicas.
La Palabra de Dios nos invita a no perder la esperanza.
2.
Salmo 22: El Señor es mi pastor
El
salmo nos presenta a Dios como el Pastor que cuida de sus ovejas: “El Señor
es mi pastor, nada me falta. “El pastor conoce a sus ovejas, las conduce,
las alimenta y las protege.
Aquí
encontramos otro elemento importante para nuestra vida: Necesitamos
aprender a confiar en Dios.
Con
frecuencia queremos tener todo bajo nuestro control. Queremos saber qué va a
suceder mañana, cómo resolveremos nuestros problemas y cuál será el resultado
de nuestras decisiones.
Pero
el salmista nos enseña a caminar diciendo: “Aunque camine por
cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.”
La
fe no significa que nunca tendremos dificultades. Significa que no atravesamos
las dificultades solos. El Señor camina con nosotros.
3.
Segunda lectura: San Pablo sabe vivir con mucho y con poco
San
Pablo dice algo muy importante: “Sé vivir en pobreza y sé vivir en
abundancia.” Pablo ha aprendido a vivir confiando en Cristo.
Esto
nos deja una enseñanza muy práctica: nuestra felicidad no puede depender
solamente de lo que tenemos.
Hay
personas que cuando tienen mucho están contentas, pero cuando pierden algo se
desesperan. Hay quienes solamente encuentran seguridad en el dinero, en los
bienes materiales, en el reconocimiento de los demás.
San
Pablo nos enseña que nuestra verdadera seguridad está en Cristo.
Él
dice: “Todo
lo puedo en aquel que me conforta.”
Esto
no significa que podemos conseguir cualquier cosa que queramos. Significa que,
con la gracia de Cristo, podemos afrontar las diferentes circunstancias de la
vida.
Otro
elemento para nuestra vida: aprender a vivir con gratitud y con confianza.
-
Cuando tenemos mucho, demos gracias.
-
Cuando tenemos poco, no perdamos la esperanza.
-
Cuando las cosas salen bien, demos gracias.
-
Cuando llegan las dificultades, sigamos confiando.
Y
Pablo también agradece a los filipenses porque ellos compartieron sus bienes y
estuvieron cerca de él. Por tanto, el cristiano no solamente recibe: también
comparte.
4.
El Evangelio: Dios nos invita al banquete
En
el Evangelio, Jesús compara el Reino de los cielos con un rey que prepara el
banquete de bodas de su hijo. El rey manda llamar a los invitados, pero algunos
no quieren ir.
Aquí
encontramos una realidad que también puede suceder hoy:
- Dios invita, pero el ser humano puede
rechazar la invitación.
-
Dios nos invita a la Eucaristía.
-
Dios nos invita a la oración.
-
Dios nos invita a la conversión.
-
Dios nos invita a perdonar.
-
Dios nos invita a servir.
-
Dios nos invita a vivir como hermanos.
Pero
podemos responder: “Ahora no tengo tiempo”.
Y
podemos pasar la vida ocupados en tantas cosas que terminamos dejando a Dios
para después.
Elemento
para nuestra vida: no debemos aplazar la invitación de Dios.
-
Cuando Dios nos llama a cambiar algo, debemos
escuchar.
-
Cuando nos invita a reconciliarnos con alguien,
debemos dar el primer paso.
-
Cuando nos invita a servir, debemos responder.
-
Cuando nos llama a participar más activamente en
la comunidad, debemos abrir el corazón.
5.
Todos están invitados
En
el Evangelio ocurre algo hermoso. Como los primeros invitados rechazaron la
invitación, el rey manda llamar a todos los que encuentren por los caminos.
Esto
nos recuerda que el Reino de Dios está abierto a todos.
-
No importa nuestro pasado.
-
No importa cuántas veces hayamos fallado.
-
No importa si nos hemos alejado.
Siempre
existe una puerta abierta para regresar al Señor.
Por
eso nadie debe pensar:
-
“Dios no me puede perdonar.”
-
“Yo no soy digno.”
-
“Ya he cometido demasiados errores.”
El
Señor continúa invitándonos. La misericordia de Dios siempre nos ofrece una
nueva oportunidad.
6.
El vestido de fiesta: no basta con aceptar la invitación
Pero
el Evangelio presenta también una segunda enseñanza. El rey encuentra a un
hombre que ha entrado al banquete sin el vestido de fiesta.
¿Qué
significa esto? Significa que no basta con estar dentro; también
debemos cambiar nuestro corazón.
-
No basta con decir que somos cristianos.
-
No basta con venir a Misa.
-
No basta con llevar una cruz o una imagen
religiosa.
La
fe tiene que manifestarse en nuestra manera de vivir.
El
“vestido de fiesta” puede representar un corazón renovado por Dios:
-
un corazón que sabe perdonar;
-
un corazón que sabe amar;
-
un corazón que busca la verdad;
-
un corazón que practica la misericordia;
-
un corazón que sirve a los demás;
-
un corazón que rechaza el pecado;
-
un corazón dispuesto a convertirse.
Elemento
para nuestra vida: debemos vestirnos de Cristo. San Pablo nos recuerda que
estamos llamados a vivir una vida nueva.
7.
El banquete comienza desde ahora
Hermanos
y hermanas, el banquete del Reino tiene su plenitud en la vida eterna, pero
comienza aquí.
- Cada vez que
nos reunimos para celebrar la Eucaristía, vivimos anticipadamente ese banquete.
- Cada vez que una familia se reúne con
amor, allí hay un reflejo del Reino.
- Cada vez que
perdonamos, compartimos, ayudamos al necesitado y acompañamos al que sufre,
estamos construyendo el Reino de Dios.
Por
eso debemos preguntarnos:
-
¿Estoy aceptando la invitación que Dios me hace?
-
¿Estoy preparando mi corazón para el banquete?
-
¿Estoy ayudando a otros a descubrir que también
están invitados?
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas: Hoy Dios nos dice: “Ven al banquete.” No rechacemos
su invitación.
No
dejemos que las preocupaciones, los bienes materiales, los problemas o nuestras
ocupaciones nos alejen de Dios.
-
El Señor nos prepara una mesa.
-
El Señor es nuestro Pastor.
-
Cristo nos fortalece en la abundancia y en la
pobreza.
-
Y el Padre nos invita al banquete de su Reino.
Pidamos
hoy la gracia de responder:



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