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    viernes, 6 de noviembre de 2026

    Mantener encendida la lámpara de la fe


    Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc


     

    Mantener encendida la lámpara de la fe

    (Domingo 8 de noviembre 2026. Trigésima segunda semana tiempo ordinario, lecturas: Sabiduría 6,13-17; Salmo 62; 1 Tesalonicenses 4,12-17; San Mateo 25,1-13)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios de hoy nos invita a mantener encendida la lámpara de nuestra fe, a vivir preparados para el encuentro con el Señor y a no permitir que las preocupaciones de la vida apaguen nuestra esperanza. Ser cristiano no consiste solamente en estar bautizado o asistir a la iglesia; significa vivir cada día unidos a Dios, practicando el bien y permaneciendo fieles a su amor.

     

    Veamos algunos elementos concretos de las lecturas que nos pueden ayudar en nuestra vida.

     

    1-               Primera lectura, (Sabiduría 6,13-17). La sabiduría está al alcance de quienes la buscan.

    Elementos:

    1ro. Buscar a Dios cada día.

    La primera lectura nos presenta la sabiduría como algo que sale al encuentro de quienes la buscan. Dios no se esconde de nosotros; quiere que lo conozcamos, que aprendamos a escuchar su Palabra y que descubramos su voluntad.

    En la vida diaria, muchas personas buscan dinero, reconocimiento, bienestar y comodidades, pero dedican poco tiempo a buscar a Dios. Nos preocupamos por resolver los problemas de la casa, el trabajo y la familia, pero a veces olvidamos alimentar nuestra vida espiritual.

    - Dediquemos unos minutos cada día a la oración.

    - Leamos la Palabra de Dios y procuremos ponerla en práctica.

    - Antes de tomar decisiones importantes, preguntémonos: ¿Esto agrada a Dios? ¿Me ayuda a crecer como persona y como cristiano?

    2do. La fe necesita alimentarse.

    Así como el cuerpo necesita alimento, nuestra fe necesita oración, Eucaristía, formación cristiana y buenas obras. Una fe que no se alimenta puede debilitarse ante las dificultades.

    No esperemos a tener problemas para buscar a Dios. Busquémoslo también cuando las cosas marchan bien, cuando tenemos salud, cuando hay trabajo y cuando nuestra familia disfruta de tranquilidad.

    3ro. La sabiduría nos enseña a vivir correctamente.

    No basta con tener muchos conocimientos; necesitamos aprender a vivir con humildad, justicia y amor. Una persona sabia sabe perdonar, controlar sus palabras, reconocer sus errores y tratar a los demás con respeto.

    Hermanos, mantengamos encendida la lámpara de la fe buscando la sabiduría que viene de Dios y aplicándola a las situaciones concretas de nuestra vida.

     

    2. Salmo 62: Mi alma está sedienta de ti, Señor.

    El salmista expresa su deseo profundo de encontrarse con Dios. Su alma tiene sed del Señor, como la tierra reseca necesita agua.

    4to.  Reconocer que necesitamos a Dios.

    Todos experimentamos alguna clase de sed: sed de amor, de paz, de comprensión, de esperanza y de felicidad. Muchas veces intentamos llenar ese vacío con cosas materiales, diversiones o éxitos pasajeros, pero seguimos sintiendo que nos falta algo.

    Solo Dios puede dar sentido profundo a nuestra existencia. Esto no significa despreciar las cosas buenas de la vida, sino reconocer que ninguna de ellas puede ocupar el lugar que le corresponde a Dios en nuestro corazón.

    5to.  Orar incluso en los momentos difíciles.

    La fe no nos libra de todos los problemas, pero nos ayuda a enfrentarlos con esperanza. Cuando llega una enfermedad, una dificultad económica, un conflicto familiar o la pérdida de un ser querido, no dejemos de orar.

    Podemos decir sencillamente: «Señor, no entiendo todo lo que me sucede, pero confío en ti. Dame fuerzas para seguir adelante».

    6to.  Dar testimonio de nuestra fe con alegría.

    Quien vive unido a Dios procura transmitir paz, esperanza y confianza. En lugar de vivir quejándonos continuamente, aprendamos a agradecer lo que tenemos y a compartir con quienes necesitan ayuda.

    La lámpara de nuestra fe ilumina cuando nuestras palabras y acciones ayudan a otros a acercarse a Dios.

     

    3. Segunda lectura: (1 Tesalonicenses 4,12-17) Vivir con esperanza ante la muerte.

    San Pablo consuela a los cristianos que estaban tristes por la muerte de sus seres queridos. Les recuerda que no deben entristecerse como quienes no tienen esperanza, porque Jesús murió y resucitó, y nuestra esperanza está puesta en él.

    7mo.  La muerte no tiene la última palabra.

    Para nosotros, los cristianos, la muerte es una realidad dolorosa, pero no es el final definitivo de la existencia. Creemos en Jesucristo resucitado y esperamos participar de su vida eterna. Esta esperanza nos invita a vivir preparados, no con miedo, sino con confianza en la misericordia de Dios.

    8vo.  Valorar a nuestros seres queridos mientras están con nosotros.

    A veces esperamos que una persona muera para expresarle cuánto la queríamos. Mientras tenemos a nuestros padres, hijos, hermanos, amigos y compañeros, debemos demostrarles nuestro amor.

    - Visitemos a los enfermos y a las personas mayores.

    - Busquemos la reconciliación cuando haya conflictos familiares.

    - No dejemos que el orgullo nos impida pedir perdón.

    - Dediquemos tiempo a quienes se sienten solos. La mejor preparación para encontrarnos con el Señor es aprender a amar hoy.

    9no.  Mantener viva la esperanza en medio del sufrimiento.

    Hay personas que han perdido la alegría porque atraviesan situaciones difíciles. Nuestra misión como cristianos es acompañarlas, escucharlas y recordarles que Dios no las abandona. Una palabra de consuelo, una visita o una ayuda concreta pueden convertirse en una luz en medio de la oscuridad.

    Hermanos, mantengamos encendida la lámpara de la fe, recordando que nuestra vida está en manos de Dios y que estamos llamados a vivir eternamente con él.

     

    4. Evangelio:(San Mateo 25,1-13) Las diez vírgenes y la lámpara encendida

    Jesús nos presenta diez vírgenes que salieron al encuentro del esposo. Cinco eran prudentes y llevaron aceite para sus lámparas; las otras cinco eran descuidadas y no se prepararon suficientemente. Cuando llegó el esposo, las prudentes estaban listas para entrar al banquete. La enseñanza de Jesús es clara: «Estén preparados, porque no saben ni el día ni la hora».

    10mo.  No dejar para mañana nuestra conversión.

    Las jóvenes descuidadas pensaban que podían resolver después lo que no habían preparado a tiempo. También nosotros podemos caer en ese error: mañana comenzaré a orar, mañana dejaré ese vicio, mañana perdonaré, mañana volveré a la Iglesia.

    Pero la vida cristiana se construye hoy. No esperemos a que llegue una enfermedad, una crisis o una situación dolorosa para reconciliarnos con Dios.

    11mo.  El aceite representa nuestra vida de fe y nuestras buenas obras.

    La lámpara puede representar nuestra fe, y el aceite, aquello que la mantiene viva: la oración, el amor, la fidelidad, la caridad y la perseverancia. No basta con llevar una cruz al cuello, tener una imagen religiosa en casa o decir que somos cristianos. Es necesario que nuestra fe se manifieste en la manera de tratar a los demás.

    Preguntémonos:

    - ¿Estoy ayudando a quien necesita de mí?

    - ¿Estoy siendo honesto en mi trabajo y en mis negocios?

    - ¿Estoy cumpliendo mis responsabilidades familiares?

    - ¿Estoy perdonando o guardo rencor?

    - ¿Estoy dedicando tiempo a Dios?

    Las respuestas nos ayudarán a descubrir si nuestra lámpara está verdaderamente encendida.

    12do.  Nadie puede vivir nuestra fe en nuestro lugar.

    Las jóvenes prudentes no podían entregar su aceite a las descuidadas. Esto nos recuerda que otras personas pueden acompañarnos, aconsejarnos y ayudarnos, pero cada uno debe asumir su propia responsabilidad ante Dios.

    No podemos vivir de la fe de nuestros padres, de la oración de nuestra abuela o de la fidelidad de nuestro esposo o esposa. Cada uno necesita cultivar su relación personal con Jesucristo.

    A los padres les corresponde enseñar la fe a sus hijos; a los hijos, responder con responsabilidad; y a toda la comunidad cristiana, ayudarse mutuamente a perseverar.

    13. No permitir que se apague nuestra lámpara.

    El cansancio, los problemas económicos, las decepciones, las tentaciones y las dificultades familiares pueden debilitar nuestra vida espiritual. Sin embargo, no debemos abandonar a Dios cuando las cosas se ponen difíciles.

    Si hemos caído, levantémonos. Si nos hemos alejado, regresemos. Si hemos perdido el entusiasmo, volvamos a la oración y a la comunidad. La misericordia de Dios siempre nos llama a comenzar de nuevo.

    14. Vivir preparados para el encuentro definitivo con el Señor.

    Jesús no nos invita a vivir asustados por la muerte, sino a vivir responsablemente, con el corazón dispuesto para encontrarnos con él.

    Prepararnos significa amar, servir, perdonar, cumplir nuestros deberes y permanecer fieles al Evangelio. Así, cuando el Señor nos llame, podremos presentarnos ante él con una vida que haya procurado dar frutos de amor.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, las lecturas de hoy nos dejan una invitación muy concreta: busquemos la sabiduría de Dios, mantengamos nuestra alma sedienta de él, vivamos con esperanza en la resurrección y preparemos nuestras lámparas para recibir al Señor.

    No permitamos que el odio apague nuestra lámpara, que el egoísmo la debilite, que la indiferencia la oscurezca ni que las preocupaciones nos alejen de Dios.

    Que cada familia sea una pequeña luz; que cada comunidad parroquial sea un lugar de esperanza; que nuestras palabras consuelen y que nuestras obras manifiesten el amor de Jesucristo.

    Pidamos al Señor la gracia de ser cristianos prudentes, constantes y fieles, que no vivamos solamente de apariencias, sino de una fe que se demuestra con obras.

    Que cuando llegue el Señor nos encuentre con la lámpara encendida, el corazón lleno de amor y la esperanza puesta en su promesa de vida eterna. Amén.






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