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    miércoles, 7 de octubre de 2026

    Nuestra Señora del Rosario


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    (Miércoles 7 de octubre 2026. Vigésima séptima semana tiempo ordinario, lecturas: Gálata 2,1-2.7-14. Salmo 116. San Lucas 11.1-4)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

     

    Hoy la Iglesia nos invita a contemplar a Nuestra Señora del Rosario, una devoción profundamente arraigada en el corazón del pueblo cristiano. El Rosario no es solamente repetir oraciones; es entrar, de la mano de María, en los principales misterios de la vida de Jesucristo. María nos lleva siempre a Jesús y nos enseña a escuchar, meditar y poner en práctica la Palabra de Dios.

     

    Las lecturas de hoy nos presentan varios elementos que pueden ayudarnos en nuestra vida cristiana.

     

    1.- Gálatas 2,1-2.7-14 La unidad de la Iglesia y la fidelidad al Evangelio

    San Pablo nos habla de su misión y de la importancia de anunciar el Evangelio con fidelidad. También encontramos un momento en que Pablo corrige a Pedro porque su comportamiento no estaba siendo coherente con la verdad del Evangelio.

    Aquí encontramos una primera enseñanza para nuestra vida: No basta con conocer la fe; debemos vivirla con coherencia.

    Una persona puede rezar mucho, participar en la Iglesia y rezar diariamente el Rosario, pero si después trata mal a los demás, guarda rencor, discrimina, habla mal del hermano o no practica la caridad, tiene que revisar su manera de vivir. El Rosario debe ayudarnos a cambiar el corazón.

    Elementos para nuestra vida:

    -                     Debemos procurar que lo que rezamos sea también lo que vivimos.

    -                     La fe exige coherencia entre nuestras palabras y nuestras acciones.

    -                     Debemos tener humildad para aceptar una corrección cuando sea necesaria.

    -                     No debemos utilizar la religión para sentirnos superiores a los demás.

    -                     La verdadera devoción a María nos lleva a amar más a nuestros hermanos.

    María, mujer humilde y fiel, nos enseña que la oración verdadera siempre produce frutos de vida.

     

    2.  Salmo 116: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio»

    El salmo nos invita a alabar al Señor y a proclamar su misericordia.

    El Rosario tiene también una dimensión misionera. Cuando rezamos por nuestros hijos, por nuestra familia, por los enfermos, por los sacerdotes, por la Iglesia y por las necesidades del mundo, estamos poniendo esas realidades delante de Dios. Pero no debemos quedarnos solamente en la oración. El que reza el Rosario debe convertirse también en instrumento de Dios.

    -                     Si pedimos por la paz, tenemos que trabajar por la paz.

    -                     Si pedimos por la unidad de la familia, tenemos que favorecer la unidad.

    -                     Si pedimos por los enfermos, debemos acercarnos a ellos.

    -                     Si pedimos por los pobres, debemos aprender a compartir.

     

    3.  San Lucas 11,1-4: «Señor, enséñanos a orar»

    El Evangelio nos presenta a los discípulos haciendo una petición muy sencilla y profunda: «Señor, enséñanos a orar». No le dicen: «Señor, enséñanos a predicar», ni «enséñanos a hacer milagros», sino «enséñanos a orar». Y Jesús les enseña el Padre Nuestro.

    Esto tiene mucho que ver con Nuestra Señora del Rosario. María es una mujer de oración. Ella guarda los acontecimientos en su corazón y los contempla delante de Dios. El Rosario nos ayuda precisamente a hacer eso: contemplar con María la vida de Jesús.

    Cuando rezamos el Rosario, recorremos con María los misterios de Cristo: su nacimiento, su vida pública, su pasión, su muerte y su resurrección.

     

    4. El Rosario nos enseña a poner a Dios en el centro

    Vivimos muchas veces preocupados por tantas cosas: problemas económicos, enfermedades, dificultades familiares, trabajo, preocupaciones de los hijos y situaciones que no podemos resolver.

    El Rosario nos recuerda: «No estás solo; pon tu vida en las manos de Dios». Cada Ave María es como una invitación a detenernos y confiar.

    Por eso, hermanos, no debemos considerar el Rosario como una oración solamente para las personas mayores. El Rosario es para toda la familia.

    Qué hermoso sería que en nuestros hogares pudiéramos recuperar el Rosario en familia: padres, hijos, abuelos y nietos, reunidos unos minutos delante de Dios.

     

    5. María nos conduce siempre a Jesús

    Este es uno de los elementos más importantes. El centro de nuestra fe es Jesucristo. María nunca ocupa el lugar de Jesús; María nos conduce hacia Él.

    Cuando decimos: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros», estamos pidiendo a María que interceda por nosotros ante su Hijo.

    María nos dice hoy lo mismo que dijo en Caná: «Hagan lo que Él les diga».

    Por eso, rezar el Rosario significa también preguntarnos:

    -                     ¿Estoy haciendo lo que Jesús me pide?

    -                     ¿Estoy perdonando?

    -                     ¿Estoy ayudando al necesitado?

    -                     ¿Estoy siendo fiel a mi familia?

    -                     ¿Estoy participando en la vida de la Iglesia?

    -                     ¿Estoy viviendo con honestidad?

    - ¿Estoy dando buen ejemplo?

     

    6. El Rosario transforma nuestra manera de vivir

    Queridos hermanos y hermanas, no debemos rezar el Rosario solamente para pedir cosas. También debemos rezarlo para aprender de Jesús y de María.

    -                     Cuando contemplamos los misterios gozosos, aprendemos la alegría y la humildad.

    -                     Cuando contemplamos los misterios luminosos, aprendemos a anunciar el Reino de Dios.

    -                     Cuando contemplamos los misterios dolorosos, aprendemos a llevar nuestras cruces con fe.

    -                     Cuando contemplamos los misterios gloriosos, aprendemos que el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra, porque Cristo ha vencido.

     

    7. Algunos compromisos concretos. En esta celebración de Nuestra Señora del Rosario, podemos asumir algunos compromisos sencillos:

    -                     Rezar diariamente al menos una parte del Rosario.

    -                     Rezar por nuestra familia.

    -                     Rezar por los sacerdotes y las vocaciones.

    -                     Rezar por los enfermos y las personas que sufren.

    -                     Perdonar a alguien con quien tengamos alguna dificultad.

    -                     Evitar las críticas y las murmuraciones.

    -                     Participar con mayor responsabilidad en la vida de la Iglesia.

    -                     Enseñar a nuestros hijos y nietos a rezar.

    -                     Convertir nuestra oración en obras de caridad.

    -                     Poner cada día nuestra vida y nuestras preocupaciones en las manos de Dios.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, hoy acudimos a Nuestra Señora del Rosario con confianza. Pidámosle que nos enseñe a orar como ella oraba, a escuchar como ella escuchaba, a servir como ella sirvió y a permanecer fieles a Jesucristo hasta el final.

    -                     Que cuando nuestras familias tengan dificultades, sepamos rezar.

    -                     Que cuando estemos enfermos, sepamos confiar.

    -                     Que cuando tengamos problemas, sepamos acudir a Dios.

    -                     Y que cuando recibamos bendiciones, sepamos dar gracias.

    Que Nuestra Señora del Rosario nos enseñe a tomar el Rosario en nuestras manos, pero también a llevar a Cristo en nuestro corazón y en nuestra vida. Amén.







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