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    Cristianos en el punto de mira

    La Iglesia Hoy | Miguel Angel Ciaurriz.   Cristianos en el punto de mira  
    Cada año, la Agencia Fides, que es el Órgano de información de las Obras Misionales Pontificias, de la Iglesia Católica, da a conocer el número de sacerdotes, religiosas y laicos asesinados en el transcurso de los doce meses de un año. Los datos del 2012 hablan de 12 agentes de pastoral muertos por violencia, principalmente por motivo robos, seis de los cuales ejercían su ministerio en el continente latinoamericano. Tierra de mártires durante muchos años, aún cercanos, América Latina sigue siendo la región más peligrosa del mundo para los sacerdotes
    Brasil y México son los países americanos con mayor número de decesos: dos en cada uno. En Colombia y Guatemala se registraron los otros dos homicidios, uno en cada país. El resto de los asesinatos se materializaron en África, donde hubo cuatro, uno en el continente asiático y otro en el Medio Oriente.
    Según se señala en el informe el principal móvil de estos asesinatos fue el intento de robo y en varios de los cadáveres encontrados se apreciaron señales de tortura.
    En África fueron asesinados tres sacerdotes y una religiosa. Los curas trabajaban en Mozambique, Tanzania y Madagascar, mientras la monja lo hacía en la República Democrática del Congo. El episodio en Asia se dio en Filipinas y el de Medio Oriente en Líbano.
    Especial mención merece la muerte de la agente de pastoral laica, Conchita Francisco, asesinada con arma de fuego por unos desconocidos ante la catedral católica de Bongao, donde poco antes había dirigido la oración del Rosario y participado en la Santa Misa. De 62 años de edad, madre de dos hijos y viuda, Conchita Francisco era un pilar en las actividades pastorales de la Iglesia local. Se da la circunstancia de que diez años atrás su marido también fue asesinado.
    Con todo, esta cifra es sensiblemente menor que la del año anterior, que sumó las muertes de 26 agentes de pastoral, de los cuales 18 eran sacerdotes, 4 religiosas y 4 laicos. Y también fue en América Latina, con 13 sacerdotes y dos laicos, donde corrió la sangre de mayor número de misioneros.
    Asentada como está entre nosotros una cultura que propicia la violencia y hace especialmente vulnerables a los hombres y mujeres de paz, no es de extrañar que tanto sacerdotes como religiosas y laicos y laicas misioneros se encuentren en el punto de mira de los violentos.

    Un mártir cada cinco minutos
    Pero el mapa de los que son víctimas de la violencia y sufren persecución por causa de sus creencias religiosas se extienden mucho más allá de nuestro continente y de manera mucho más dramática.
    No hace mucho, el representante de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) para la lucha contra la intolerancia y la discriminación contra los cristianos, en un escalofriante informe apuntaba que en el mundo se produce un mártir cristiano cada cinco minutos.
    Massimo Introvigne, considerado uno de los mayores expertos europeos en nuevos movimientos religiosos, que en 1988 fundó en Italia el CESNU (Centro de Estudios de Nuevas Religiones), la mayor red internacional de investigación sobre religiones contemporáneas, afirma que «cada cinco minutos, un cristiano muere asesinado por su fe». Cada año, siempre de acuerdo al informe de Introvigne, son asesinados por su fe 105 mil cristianos en el mundo.
    En respuesta a los colectivos laicos e impulsores de una sociedad sin Dios en Europa que consideraron exageradas estas cifras, Introvigne señaló que “se infravalora hasta tal punto el problema de los cristianos perseguidos que, cuando se citan las cifras, parecen a primera vista increíbles».

    Las estadísticas de los mártires
    Estos datos ofrecidos por el sociólogo italiano están tomadas de los trabajos realizados por el primer centro mundial de estadística religiosa, el estadounidense Center for Study of Global Christianity, que dirige David B. Barrett, fallecido en agosto pasado, que publicó periódicamente la famosa World Christian Encyclopedia y el Atlas of Global Christianity. Los estudios de Barrett son los más citados en la materia por el mundo académico.
    De acuerdo a los datos que maneja esta institución los mártires cristianos en los primeros dos milenios fueron unos 70 millones, de los cuales, 45 millones perdieron la vida en el siglo XX. Si esto es verdad, tendremos que concluir que veinte dos mil años después de iniciada la gesta martirial en la primitiva cristiandad, la persecución y el martirio de cristianos es mucho más amplio que entonces.
    De hecho, de acuerdo a estas estadísticas, en la primera década del siglo XXI, el número de los mártires cristianos fue creciendo hasta alcanzar la alarmante cifra de 160 mil nuevos mártires al año.
    Massimo Introvigne, por su parte, en la presentación del informe en Budapest, moderó la cifra de martirios rebajándola a 105 mil en el 2011, lo que significa que cada día mueren por su fe entre 287 y 288 cristianos, doce por hora, es decir, uno cada cinco minutos. Estas persecuciones y muertes violentas de cristianos se producen principalmente en países de mayoría musulmana. Millones de cristianos que viven en países de mayoría musulmana, principalmente Irán, Iraq, Argelia, Paquistán y Arabia Saudita, son hostigados en estos territorios a diario a causa de su adscripción religiosa y sufren un auténtico calvario. Acosados, torturados y, en el peor de los casos, asesinados, los cristianos ven cómo las persecuciones religiosas no son sólo parte de los libros de Historia.
    Callar ante esta realidad es una forma de complicidad. Tal vez por ello Introvigne concluye diciendo: «Si no se gritan al mundo estas cifras de las persecuciones de los cristianos, si no se detiene la matanza, si no se reconoce que la persecución de los cristianos es la primera emergencia mundial en materia de violencia y discriminación religiosa, el diálogo entre las religiones y las culturas sólo producirá hermosos congresos, sin resultados. Quien esconde los números quizá, simplemente, busca no hacer nada para detener la matanza». ADH 765