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    Depresión del jubilado

    Salud Integral | Marcia Castillo:  
    Depresión del jubilado 

    Conforme llega la edad de retiro laboral, suele esperarse un tiempo sin preocupaciones ni ocupaciones, el individuo debe pasar a la placidez y el confort como retribución a más de cuatro décadas de trabajo.
    Sin embargo, comúnmente el adulto mayor al jubilarse pasa por un duelo emocional que a veces es adaptativo y a veces no, existe melancolía persistente, insomnio, inapetencia, ánimo volátil, desesperanza por el futuro e incapacidad de disfrutar lo que antes nos resultaba placentero, entre otras cosas . Este constructo lo denominamos depresión del jubilado.
    Causado por una pluralidad de factores dentro de los que podemos citar: una vida que cambia radicalmente, pasar de ser proveedor a depender de otros en una sociedad globalizada que mide la valía humana en base a las posesiones, desarraigados de una rutina llevada por mas de 30 años, con una autoestima que por razones físicas y de salud va en declive, con mucho tiempo desocupado, los hijos que ya no están en casa y seres amados que han partido. Todo esto hace que se cristalice la Depresión.
    Las estadísticas revelan que más del 33% de los jubilados la padece, afecta más al sexo masculino, viudos y personas con otras afecciones de salud. Su aparición esta vinculada a factores idiosincráticos y a la ausencia de herramientas psicosociales adecuadas para afrontar dicho retiro, recordemos que el ser humano por definición es un ente bio-psico-social y estas tres variables son determinantes en todo el campo de la salud mental.
    Las políticas sociales y sanitarias actuales son totalmente adversas a un retiro saludable, una sociedad gerontofóbica desdeña constantemente a la persona envejeciente, no ofrece adecuamientos, ni espacios para darle continuidad a su vida útil y a su autonomía.
    Otro fenómeno terriblemente palpable nos sorprendió sin darnos cuenta, en una línea del tiempo ese estándar que prefiguraba al anciano como referencia de la sabiduría, consejería y la maestría inherente de los años se quebró dramáticamente. La cultura post- moderna jerarquiza la juventud por encima de todo, tan tangible es que nos negamos físicamente a envejecer rayando en la insanidad y medidas tan absurdas como compulsivas. Esta percepción aviesa que han vendido los medios de comunicación, entristece y confunde, nos presentan la vejez como algo antinatural, algo feo y nada es mas distante de la realidad.
    Envejecer es la vida dentro de la vida misma, no es sinónimo de enfermedad.
    A pesar de que biológicamente algunas facultades merman, el objetivo debe ser alcanzar y promover una vejez saludable, física y psicológicamente, valorizar nuestros mayores tal como lo vemos sugerido en las escrituras. Job 12:12 nos dice "En los ancianos está la ciencia y en la larga edad la inteligencia."
    También los estamentos de salud internacional colocan al anciano como una prioridad, así vemos que dentro de los objetivos del milenio de la OMS es abogar por “una sociedad para todas las edades”, una sociedad incluyente para los envejecientes.
    Nos corresponde como familia y sociedad evitar la alienación y la tristeza que provoca sentirse sin lugar, sin espacios y sin propósito. Es un deber transgeneracional hacerlos sentir seguros, darles motivos de esperanzas.
    Cuando el novelista Andre Maurois cumplio 65 años le preguntaron su parecer sobre la vejez, este suspiró, encojió los hombros y contestó: “El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza”.
    Están los hijos, están los nietos, está la vida, hay Esperanza... jubilado con Jubilo. ADH 791.

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