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    El becerro de oro

    Biblia | P. William Arias 
    El becerro de oro  

    En el libro del Éxodo 32,1-16, encontramos la sorprendente historia del becerro de oro. Sorprende que el pueblo de Israel después de ver los portentos de Dios tras su liberación de la esclavitud egipcia, ante la tardanza de Moisés en el monte de Dios, decida cambiar rápidamente de culto y comenzar a adorar a una figura hecha de sus manos y de metales preciosos, organizando fiestas y celebraciones entorno a ella, haciendo que los sacerdotes cambien y se organicen alrededor del culto a la nueva divinidad.
    Tal vez habría que hurgar más en la Biblia y llegarse hasta I Reyes 12,26-33, donde el rey del norte Jeroboam instituye en los santuarios de Betel y Dan, el culto al becerro de oro, como táctica política, para que el pueblo no tenga que ir al templo de Jerusalén, en el reino del sur y no se contaminen con las ideas de aquel lugar; el asunto es que estas imágenes del becerro de oro fueron veneradas, no como símbolos extraños al culto a Yahvé, sino como símbolos propios de él, parece que el rey las concibió como pedestales para Yahvé invisible, pero los profetas defensores del Yahvismo puro, aun en el reino del norte, combatieron acérrimamente este culto, en especial los profetas Amos (4,4; 5,5ss y 7,9) y Oseas (2,4-7 y  8,4-6), también algunos que otro autor de Salmos y el escritor deuteronomista de IReyes y de parte del Éxodo.
    El problema a la hora de entender este episodio bíblico, es si el culto se originó primeramente en el desierto o fue la acción de Jeroboam que dio pie al relato. Hace un tiempo unos arqueólogos descubrieron en el desierto egipcio unas figuritas de becerros en oro, eran pequeñitas, como una especie de medallitas, dando validez al episodio bíblico de Éxodo. Hoy se sabe que los santuarios del Reino del norte, en los lugares altos, fueron recintos donde se conservaron las tradiciones primeras y fundantes del pueblo de Israel: ¿Podría el culto al becerro de oro ser una tradición del peregrinar de Israel por el desierto, conservada en uno de estos santuarios y haber sido aprovechada con fines políticos por el rey Jeroboam? En cuanto a la segunda parte de la cuestionante, algunos biblistas como Martin Noth, gran conocedor de la tradición deuteronomista del Antiguo Testamento, sostiene esta tesis: la finalidad política está clara; sobre lo primero podría darse esa posibilidad, pero faltarían datos.
    Ahora bien, teológicamente el texto ve el culto al becerro de oro como idolatría, como sustitución del culto a Yahvé, aunque Jeroboam y muchos en el reino de Israel lo vieron como una representación tangible de Yahvé los profetas y el autor deuteronomista no lo vieron así, ya que este último en Éxodo 4,20 y Deuteronomio 5, 8-10, ordena taxativamente por boca de Dios, que no haya ninguna representación suya de tipo material en la tierra, es la ideología religiosa del yahvismo puro y simple.
    Siguiendo esta visión religiosa de la exclusividad del culto a Yahvé, vale también para nosotros, pues igual podemos acomodar a nuestras finalidades el culto a nuestro Dios, y podemos caer en idolatría, que se da cuando uno el lugar de Dios lo sustituye por otras cosas, es decir, también nosotros podemos crearnos nuestros propios becerros de oro. Adh 822.

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