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    martes, 23 de marzo de 2021

    Monseñor Romero, pastor y profeta


    Testimonios | Guillermo Aza, MSC




    Monseñor Romero, verdadero pastor y profeta en un contexto martirial

     

    Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdamez se presentó como auténtico pastor y profeta en un contexto martirial, primero, siendo obispo auxiliar de El Salvador (1970), luego como obispo de Santiago de María (1974) y, por último, como Arzobispo de El Salvador (1977), donde finalmente terminará su vida el 24 de marzo de 1980 en la capilla del Hospital La Divina Providencia. En tanto pastor se mostró cercano al pueblo, con gran dedicación pastoral, promoviendo asociaciones y movimientos espirituales, predicando todos los domingos en la catedral y visitando a los campesinos más pobres. De este modo, se ganó el cariño y el respeto de su pueblo y el de los sacerdotes en su diócesis.

     

    Pese a lo anterior, también fue criticado por algunos sectores sociales, especialmente de la derecha, del gobierno, la oligarquía y algunos miembros de la misma Iglesia, entre ellos hermanos obispos y sacerdotes. No obstante, esto no fue impedimento para que, en su rol de pastor, se mostrará con una actitud siempre abierta y constante en el cuidado de su rebaño; por ende, a pesar de los ataques y obstáculos que encontró en su camino, salió siempre en defensa de sus fieles y sacerdotes, procurando defender sus derechos y acompañándolos desde su rol de pastor diocesano o arquidiocesano.

     

    Dejándose interpelar siempre por la realidad histórica y por el fuego del Evangelio que lo impulsaron a seguir fielmente en su compromiso con el reino de Dios

     

    De lo anterior dan cuenta muchos historiadores, teólogos, amigos cercanos y sus mismos escritos. Por ejemplo, Jon Sobrino, refiere que “a monseñor Romero lo llamamos “pastor, profeta y mártir”[1] y Pedro Casaldáliga lo presenta como “San Romero de América, Pastor y Mártir nuestro”[2]. Palabras que, con toda razón, se cumplen y definen a Romero con gran precisión, pues en tanto obispo comprometido con su grey y el Evangelio, fue pastor, maestro, profeta, mártir y santo.

     

    En la dimensión profética de monseñor Romero se puede afirmar que, ante una realidad tan cruda y compleja como la que tuvo que afrontar el obispo salvadoreño, éste se presentó como un auténtico profeta de Yahvé. Como la voz que reclamaba justicia ante las injusticias y la denuncia que desenmascaraba las idolatrías de su tiempo; pero, sobre todo, como aquella voz de esperanza que alimentaba la fe y la confianza de su pueblo. En este sentido, se puede decir que Monseñor fue un verdadero profeta porque se dejó interpelar por Dios y la realidad, haciendo discernimiento de los signos de los tiempos para responder adecuadamente y con valentía al plan de Dios, el Reino de justicia, amor y fraternidad.

     

    De esto dan cuenta muchos autores, por ejemplo, Rafael de Sivatte, quien presenta un análisis sobre el desenmascaramiento, la denuncia y la crítica de los ídolos que llevó a cabo Mons. Romero, siguiendo la línea de los profetas de Israel. Una idolatría que sigue aún viva en nuestro tiempo y, por tanto, también hoy debe ser desenmascarada, denunciada y criticada. La idolatría de la religión, de las potencias extranjeras, de las armas y del poder político[3].

     

    Jon Sobrino, quien se refiere a Monseñor, en tanto profeta, como hombre “decidor de verdad”. Una verdad que lo lleva al mismo destino de Jesús, la muerte martirial. Ignacio Ellacuría, destaca en monseñor Romero el haber revelado el paso de Dios en El Salvador y Latinoamérica, renovando la presencia de Jesús y señalando la conversión al pueblo. Asimismo, muestra la comprensión de san Romero sobre el pueblo y su cercanía con el mismo, quien creía que para hacer de este un verdadero pueblo debía descubrirse su realidad de explotación e injusticia, a la vez que requería el anuncio de la esperanza en el futuro que Dios anhela para él, su liberación integral.

     

    En este sentido, vemos cómo se van revelando las distintas características del Obispo mártir y profeta salvadoreño, las cuales muestran que monseñor Romero se fue configurando, a través del seguimiento de Jesús, como un auténtico profeta, al estilo de los profetas de Israel. Dejándose interpelar siempre por la realidad histórica y por el fuego del Evangelio que lo impulsaron a seguir fielmente en su compromiso con el reino de Dios. En todo esto, encontramos de manera tajante al profeta Óscar Arnulfo Romero. Su ser, su hacer y su decir profético, que van acompañados por la orientación del Espíritu, la fe en el Dios de Jesús, el amor a su pueblo, especialmente los pobres y sencillos, la fidelidad al Evangelio y el amor a la Iglesia.

     

     



    [1]  Sobrino, J. Monseñor Romero y la Verdad, texto reelaborado de la ponencia “Monseñor Romero y la verdad”, tenida en la UCA el 18 de marzo de 2011, en el contexto del Festival Verdad.

    [2] Casaldáliga, P. San Romero de América, Pastor y Mártir nuestro. Poema escrito tras la muerte de Romero.

    [3] Cfr. Sivatte, R. 1997. Monseñor Romero, los profetas de Israel y los ídolos: la religión, las potencias extranjeras, las armas, el poder.

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