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    martes, 4 de mayo de 2021

    El valor de la vida


    Valor del mes | P. Juan Tomás García P., MSC




    El valor de la vida

     

    Lema: “Me has tejido en el vientre de mi madre” (Sal 139,13)

    Nosotros creemos en la vida, nacemos para hacer crecer la vida, afanamos diariamente para mantenernos vivos. La Resurrección del Señor es la Pascua. En La Biblia, Pascua es el tránsito de la opresión de Egipto a la tierra prometida, para tener mejor vida. En tiempo de Pascua, lo nuestro es el derroche de alegría, la fiesta, signos de vida a granel. Ahora nos corresponde vivir libremente lo que Jesús nos ha traído, Vida en abundancia. En sintonía con este Tiempo Litúrgico de Pascua, el Plan Nacional de Pastoral ha propuesto para mayo el valor de la vida.

     

    Valor de la Vida

    Alrededor de Jesús se observa mucha práctica religiosa, muchos grupos que están pendientes de la religión y sus leyes rigurosas, pero no se experimenta la fiesta ni la alegría como consecuencia de esa práctica religiosa. Aparentemente el Dios en el que creen no les aporta ningún bienestar que le cause admiración y esperanza. Nuestra realidad también nos habla mucho de situaciones calamitosas que van desde las batallas por abrir las puertas a la aprobación del aborto, la violencia integral, la inseguridad que ella genera, las crisis en los diferentes ángulos de la vida, hasta la secularización de la sociedad, que pone de lado los valores comunitarios y fraternos que destaca Jesús, para proyectar los paradigmas promovidos por los colectivos de intereses que solo buscan su confort coyuntural.

     

    La Pandemia del Coronavirus ha aportado la radical conciencia de vulnerabilidad e impotencia. Ante esta, la humanidad en general y las comunidades cristianas en concreto, se ven tentadas a abandonar su fe y su práctica ante las dificultades que afronta en cada etapa recrudecida. Lo más fácil sería buscar atajos, encontrar salidas fáciles a los problemas y las dificultades. Las tentaciones han existido siempre, Jesús también Jesús las ha atravesado y nos ha mostrado el camino para salir de ellas sin perder la fe. Cuando sentimos la vida amenazada o disminuida por las limitaciones de todo tipo podemos recordar la enseñanza de Jesús: He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia, me has tejido en el vientre de mi madre, y sentir confianza en la promesa de Dios que consiste en La Vida.

     

    Jesús sana la vida

    Lo primero para Jesús es la vida, no la religión. Basta con analizar la trayectoria de su actividad. Como ha subrayado Jon Sobrino, pobres son aquellos para quienes la vida es una carga pesada, pues no pueden vivir con un mínimo de dignidad. Esto es lo más contrario al plan original del Creador.

     

    La exégesis moderna no deja lugar a dudas. Lo primero para Jesús es la vida. Basta con analizar la trayectoria de su actividad. Se le ve siempre preocupado por suscitar y desarrollar, en medio de aquella sociedad, una vida más sana y más digna. Pensemos en su actuación en el mundo de los enfermos: Jesús se acerca a quienes viven su vida de manera disminuida, amenazada o insegura, para despertar en ellos una vida más plena. Pensemos en su acercamiento a los pecadores: Jesús les ofrece el perdón que les haga vivir una vida más digna, rescatada de la humillación y el desprecio. Pensemos también en los endemoniados, incapaces de ser dueños de su existencia: Jesús los libera de una vida alienada y desquiciada por el mal.

     

    Por eso Jesús se preocupa tanto de la vida concreta de los campesinos de Galilea. Lo primero que necesitan aquellas gentes es vivir, y vivir con dignidad. No es la meta final, pero es ahora mismo lo más urgente. Jesús les invita a confiar en la salvación última del Padre, pero lo hace salvando a la gente de la enfermedad y aliviando dolencias y sufrimientos. Les anuncia la felicidad definitiva en el seno de Dios, pero lo hace introduciendo dignidad, paz y dicha en este mundo.

     

    Lo único que Dios quiere es esto: una vida más humana para todos y desde ahora, una vida que alcance su plenitud en la vida eterna. Por eso nunca hay que dar a ningún César lo que es de Dios: la vida y la dignidad de sus hijos.

     

    ¿Cómo estamos llamados a valorar la vida hoy?

    A nosotros nos toca actuar hoy como verdaderos seguidores de Jesús en nuestras comunidades. Que quienes nos vean y traten en nuestras comunidades, experimenten alivio y recobren fuerza y esperanza. Como Jesús, luchemos para erradicar el sufrimiento, la enfermedad, el hambre, la tristeza, la desesperación y la muerte. La promesa de Resurrección y Vida Eterna está contenida en estos signos de vida humana.

     

    Somos nosotros quienes tenemos que alentar y encarnar la creatividad de Jesús. Esta creatividad tiene que servirnos para animar la vida en todas sus etapas y manifestaciones. Nuestra pastoral debe buscar la manera de acompañar a las personas en sus aspiraciones de bienestar integral. Niños, adolescentes, jóvenes que cuenten con asociaciones, equipos, y comisiones que se ocupen de llevar aliento y calor a los necesitados y vulnerables en general.

     

    ¿Quién está hoy aliviando la vida de los ancianos de nuestras comunidades, quienes se ocupan de los adultos, de los jóvenes, adolescentes, niños y bebes? Las primeras tradiciones cristianas describen a Jesús como alguien que pone en marcha un profundo proceso de sanación tanto individual como social. Ésa fue su intención de fondo: curar, aliviar, restaurar la vida. Los evangelistas ponen en boca de Jesús frases que lo dicen todo: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Juan 10, 10) Lo que busca es la salud integral de las personas: que todos los que se sienten enfermos, abatidos, rotos o humillados, puedan experimentar la salud como signo de un Dios amigo que quiere para el ser humano vida y salvación. La sensibilidad de Jesús frente a los enfermos muestra sus deseos de que las personas estén bien, de que disfruten y se alegren de vivir en paz. De Jesús brota una gran fuerza curadora que comunica vida y ganas de vivir sin límites. Todo esto nos lo dejó Jesús como misión a todos nosotros.

     

    Siguiendo a Jesús, ir transformando la vida

    Nosotros y nuestras comunidades no somos especialistas, somos discípulos de Jesús. Hemos de comunicar su mensaje, no nuestras tradiciones. Hemos de enseñar dando vida, no adoctrinando las mentes. Hemos de anunciar su Espíritu… No hemos de pensar sólo en las curaciones. Toda la actuación de Jesús encamina a las personas hacia una vida más sana: su rebeldía frente a tantos comportamientos patológicos de raíz religiosa (legalismo, hipocresía, rigorismo vacío de amor...); su lucha por crear una convivencia más humana y solidaria; su ofrecimiento de perdón a gentes hundidas en la culpabilidad y la ruptura interior; su ternura hacia los maltratados por la vida o por la sociedad; sus esfuerzos por liberar a todos del miedo y la inseguridad para vivir desde la confianza absoluta en Dios, nos hablan de su consagración a dar vida… ADH 856 digital.

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