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    lunes, 28 de junio de 2021

    Los Libros litúrgicos


    Espiritualidad Litúrgica | Roberto Núñez, msc




    Los Libros litúrgicos
     

    «Cuídese de modo particular los libros litúrgicos, especialmente el Evangeliario y el Leccionario, destinados a la proclamación de la Palabra de Dios…» (OGMR 349).


    Terminado el itinerario de la Pascua y retomando nuestra vivencia cotidiana, que litúrgicamente llamamos Tiempo Ordinario, llegamos al mes de junio. A partir de ahora les propongo acercarnos a los libros litúrgicos. Esto porque, a mi humilde parecer, son poco conocidos y muy poco valorados en nuestras comunidades.


    Se llaman libros litúrgicos a los que contienen los textos y las indicaciones para la celebración litúrgica, oficialmente editados en la Iglesia. J. M. Canals los describe de una manera exquisita al presentarlos como:

     

    «Los libros litúrgicos son los instrumentos celebrativos que hacen posible el recto desarrollo de una celebración litúrgica. Contienen los elementos necesarios del culto cristiano, a saber: ritos y fórmulas, cantos y ceremonias, gestos y movimientos. Son vehículos de la tradición y expresan la fe y la oración de la Iglesia convertidas en regla de la misma fe y de la misma oración, según la frase: “Lex oradi, lex credendi”.


    Ellos nos aportan datos de historia y nos ofrecen la teología de la Iglesia. No son obra de un autor particular, sino de la Iglesia. Se han ido formando en el tiempo y cada época ha dejado la impronta de su cultura, su ambiente geográfico y su expresión de fe. Los libros litúrgicos encierran una inmensa riqueza doctrinal y literaria, espiritual y pastoral».[1]


    Frente a esto, es justo reconocer que, en la mayoría de los casos, desconocemos la importancia de estos libros y, por consiguiente, los valoramos muy poco. Entiendo que la primera razón es el desconocimiento de los mismos libros y, segundo, las facilidades que tenemos hoy día para disponer de elementos que los sustituyen, especialmente a los Leccionarios.


    Se puede notar, sin mucho esfuerzo, que muchos lectores prefieren proclamar la Palabra desde los diferentes folletos y subsidios que se nos facilitan hoy día, o en el peor de los casos, desde fotocopias o el teléfono. Claro que el tener esas herramientas de antemano facilita mucho el haberla practicado bien y a muchos les da más seguridad.


    Entiendo que un gran desafío para la mayoría de nuestras comunidades es lograr acercarse y conocer los libros litúrgicos. El mismo Canals recomienda que para conocerlos a fondo, es necesario el estudio histórico de su origen y evolución, de su estructura ritual y de la articulación interna de sus partes, y de su contenido bíblico, teológico y pastoral de los textos.


    Y considera también, que hay que estudiarlos bajo la perspectiva descriptiva, eso nos puede permitir llegar a un conocimiento directo y material. Consiste en conocer sus cuatro elementos principales: a) la parte introductoria, b) la parte ritual o celebrativa, c) el leccionario y d) los apéndices. En las siguientes entregas intentaremos acercarnos brevemente a esa estructura.


    Finalmente, acentúo que aunque la tendencia es a considerar los libros sólo como instrumentos destinados a realizar una función en las celebraciones litúrgicas, no olvidemos que son instrumentos claves para la formación, tanto dentro como fuera de la acción litúrgica. El mismo Canals dice:


    «Los libros indican la estructura y el contenido de la celebración y, sobre todo, hacen emerger el misterio que se actualiza en el hoy y aquí. El libro es un instrumento destinado a ser mediación entre el misterio y la asamblea. Vistos en esa perspectiva, los libros asumen una gran importancia en la celebración y también en el antes y después, como preparación y prolongación de la misma».[2] ADH 857.



    [1] J. M. Canals. Libros litúrgicos, en Diccionario del agente de pastoral litúrgica. Monte Carmelo. Burgos 2003. p. 321.

    [2] Ibid. 327.


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