Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
La santidad que se vive en el amor concreto al prójimo
(Lunes
23 de febrero 2026, lecturas Levítico 19.,1-2.11-18. Salmo 18.8.9.10-15. Mateo
25,31-46)
Queridos
hermanos y hermanas:
Las
lecturas de hoy nos presentan un tema muy claro y exigente: la santidad que se
vive en el amor concreto al prójimo, especialmente al más necesitado. Dios no
quiere una fe solo de palabras, sino una fe que se traduzca en obras de
misericordia. Veamos este mensaje siguiendo el orden de las lecturas.
1.
Primera lectura: Libro del Levítico 19,1-2.11-18
Aquí
escuchamos una frase fundamental: “Sean santos, porque yo, el Señor, su
Dios, soy santo.”
La
santidad no es algo reservado para unos pocos; es un llamado para todo el
pueblo. Pero ¿en qué consiste esa santidad? El mismo texto lo
explica con cosas muy concretas:
- No robar.
- No mentir.
- No oprimir al prójimo.
- No guardar odio en el
corazón.
- Corregir al hermano con
caridad.
- Y, sobre todo: “Amarás a
tu prójimo como a ti mismo.”
La
santidad, entonces, no es solo rezar mucho, sino vivir en justicia, verdad y
amor. Es tratar bien al hermano, respetarlo, perdonarlo y ayudarlo. La
santidad comienza en lo cotidiano: en casa, en el trabajo, en la comunidad.
2.
Salmo 18 (19): La Palabra que ilumina el corazón. El salmo nos dice que la
ley del Señor es perfecta y alegra el corazón.
La
Palabra de Dios no es una carga, sino una luz que guía nuestros pasos.
Cuando
escuchamos y cumplimos la Palabra:
- Nuestro corazón se
purifica.
- Nuestra conciencia se
fortalece.
- Nuestra vida encuentra
dirección.
Por
eso el salmista pide: “Que las palabras de mi boca y los pensamientos de
mi corazón sean agradables ante ti, Señor.” Es decir, que haya coherencia entre
lo que creemos, lo que pensamos y lo que hacemos.
3.
Evangelio: Evangelio según San Mateo 25,31-46. En el Evangelio
encontramos el juicio final. Jesús se presenta como Rey y Juez, y separa a unos
de otros como el pastor separa las ovejas de las cabras.
¿Y
cuál es el criterio del juicio? No pregunta cuántas cosas sabíamos, ni
cuántas veces fuimos al templo, sino:
- “Tuve hambre y me diste
de comer.”
- “Tuve sed y me diste de
beber.”
- “Fui forastero y me
hospedaste.”
- “Estuve enfermo y me
visitaste.”
- “Estuve en la cárcel y
viniste a verme.”
Aquí
está el corazón del mensaje: Lo que hacemos con el más pequeño, lo
hacemos con Cristo mismo.
Jesús
se identifica con el pobre, con el enfermo, con el necesitado. No podemos decir
que amamos a Dios si somos indiferentes ante el sufrimiento del hermano.
Tema
central: La
verdadera santidad se demuestra en el amor concreto y misericordioso hacia el
prójimo.
Algunos
elementos para nuestra vida:
- La santidad es un llamado para todos. No
es algo extraordinario; comienza en lo pequeño y diario.
- No basta evitar el mal; hay que hacer el
bien. No solo “no robar”, sino compartir.
- La fe se mide por la caridad. El juicio
final será sobre el amor práctico.
- Cristo está en el necesitado. Cada pobre
es una presencia viva del Señor.
- La indiferencia también condena. No hacer
nada ante el sufrimiento es cerrar el corazón a Dios.
Queridos
hermanos y hermanas, estamos llamados a una santidad sencilla pero profunda: la
santidad del amor diario, del servicio humilde, del perdón sincero, de la ayuda
concreta.
Pidamos
al Señor que nos dé un corazón sensible, que sepamos reconocerlo en los más
pequeños, y que cuando llegue el día del encuentro definitivo, podamos escuchar
esas palabras llenas de esperanza: “Vengan, benditos de mi Padre.” Amén.


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