La Escuela Económica | Esteban Delgado (@estebandelgadoq)
La
tarjeta de crédito trae consigo una serie de costos
En
ocasiones escucho temas interpretados por Facundo Cabral; aquel cantautor,
poeta y escritor argentino fallecido a destiempo, pero que dejó una amplia
literatura de sabiduría, conocimiento y consejos de utilidad. Eso le da
eternidad.
Lo
menciono, porque entre sus expresiones destacadas está aquella que dice: “tengo
solo una cabeza, un sombrero basta y sobra”. Más adelante se pregunta: “¿Para
qué me sirven dos camas, si yo duermo en una sola?”.
Y hago estas citas, no tanto para recordar a Cabral, sino, más bien, para
relacionarla con mi constante insistencia de que una persona no necesita más de
“una sola” tarjeta de crédito para realizar sus actividades de consumo
cotidiano de forma controlada.
Hay
quienes piensan que el uso de la tarjeta de crédito se limita a cubrir consumos
y saldarlos cuando se puede, con opciones de financiamientos. También hay
quienes incurren en el error de pensar que siempre le pueden “sacar provecho” a
la tarjeta, cuando en realidad es la entidad emisora quien le saca provecho a
usted, si no sabe como administrarla de manera adecuada.
La
tenencia de una tarjeta de crédito implica costos asociados directamente con
ese instrumento, entre los que está el costo por renovación del plástico al
término de cada año de uso, al cual se suma el costo de un seguro contra
fraudes, que es permanente.
También
está el elevado costo que implican los intereses en caso de que no pague el
saldo completo de cada mes. Esos intereses se cobran sobre el saldo promedio
diario registrado, con el agravante de que alcanzan el 60% anual.
La
entidad emisora también cobra comisiones por sobregiro, mora y por la opción de
avance de efectivo, lo cual aumenta la deuda en cuestión. Sobre el avance de
efectivo, lo único que puedo sugerir es nunca tomarlo. Esto implica una
comisión que puede rondar el 6% del monto total retirado, con intereses que se
le aplican desde el mismo instante en que se hace el retiro.
Esa
es la razón por la que se sugiere siempre que, antes de aceptar una tarjeta de
crédito, primero verifique el talonario de tarifas que cobra ese banco por cada
opción de uso de ese plástico más allá del consumo regular en que incurra.
El
problema está en que, por lo general, cuando una persona acepta una tarjeta de
crédito, muchas veces sin necesitarla, porque posiblemente ya tiene una, solo
se limita a firmar el contrato de aceptación de todas las condiciones, sin
siquiera detenerse a leerlo. Un error frecuente, aunque no por eso menos grave.
También
es preciso considerar otros aspectos: primero, determinar si la tarjeta es de
doble saldo o saldo único. Esto se relaciona con los consumos en pesos
dominicanos o moneda extranjera (generalmente, dólares estadounidenses). El
doble saldo ofrece dos límites independientes en un solo plástico (generalmente
pesos y dólares). Es práctico para personas que viajan con frecuencia o que
hacen muchos consumos en dólares, porque evitan tasas de conversión en moneda
local a la hora de saldar.
La
tarjeta de saldo único, en cambio, concentra todas las compras en pesos,
aunque haya sido adquirido un artículo en dólares. Esto hace más simple el
control, ya que recibe un saldo único y paga todo a la tasa de cambio que le
indica el banco.
Las
diferencias son que la de doble saldo permite tener un balance en pesos y otro
en dólares en la misma tarjeta, pero con montos de crédito independientes.
La
de saldo único es la que más se usa, donde todos los consumos (nacionales e
internacionales) están consolidados en una misma cuenta. Eso también evita
pagar doble seguro de protección. La de doble saldo tiene un seguro por cada
cuenta.
Además,
la de doble saldo puede tener distintas fechas de corte y de límite de pago
para cada monto, lo cual es como tener que estar pendiente de dos tarjetas en
una.
Con
la de doble saldo puedes consumir tu monto disponible en dólares y el que está
en pesos sigue igual y viceversa. En tanto que, con la de saldo único, si
consumes, se va afectando tu límite en ambas monedas, pues tienes una sola
cartera disponible.
El
otro aspecto es la administración y uso adecuado del llamado “crédito
adicional” que se coloca en las tarjetas. Es una especie de línea de crédito,
generalmente con un monto similar al límite de la tarjeta. ¿Cuándo usar el
crédito extra o el crédito regular de la tarjeta? Ese es tema para otra
entrega.


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