Fe y Vida | Toufic Bou Merhi*
P. Toufic: el párroco de
Qlayaa asesinado con la excusa de «daños colaterales»
Reflexión
sobre la brutalidad de la guerra, del franciscano de la Custodia de Tierra
Santa y párroco de los latinos en el sur del Líbano tras la muerte ayer en los
bombardeos del padre maronita Pierre El Raii.
«Daños
colaterales»: es una expresión que escuchamos a menudo cuando se habla de
guerra. Una fórmula fría, casi técnica, utilizada para explicar lo que sucede
cuando una operación militar afecta también a quienes no tienen nada que ver.
Estar al lado del pueblo libanés
Yo no soy un
periodista y no soy bueno escribiendo artículos. Soy un fraile franciscano. Mi
especialización, por así decirlo, es estar al lado de la gente: compartir sus
inquietudes y sus sueños, escuchar sus dolores, porque en el fondo soy uno de
ellos. En estos meses he visto crecer a mi alrededor rabia, miedo e
inseguridad. Sentimientos que ocupan todo el espacio del corazón y dejan poco
lugar para la esperanza y los sueños. La gente sigue viviendo, trabajando,
buscando una frágil normalidad, pero en su interior lleva una carga difícil de
explicar.
El asesinato del padre Pierre
En nombre del
derecho a la defensa, y con la excusa de los llamados «daños colaterales»,
hemos perdido a un párroco, el padre Pierre El Raii. Su única culpa fue querer
permanecer junto a sus feligreses. Su error fue responder a una petición de
ayuda. Intentó socorrer a una persona que lo había llamado, y ese gesto le
costó la vida. El padre Pierre era la generosidad y la disponibilidad
encarnadas en un párroco. Intentaba frenarlo para que tomara aliento, pero
nunca lo conseguí.
La destrucción en el corazón de las personas
Se habla de
ataques selectivos, de tecnologías militares sofisticadas, de operaciones
precisas. Se muestran imágenes de edificios destruidos por misiles y cohetes.
Pero hay una destrucción que ninguna cámara puede mostrar: la que se produce en
el corazón de las personas. ¿Quién ve la herida interior? ¿Quién escucha el
silencio de quienes viven en el miedo? ¿Qué palabras pueden describir lo que
sienten los niños cuando la guerra entra en sus días?
Todavía desplazados
Y luego están
los desplazados. Personas obligadas a abandonar la propia casa, las propias
calles, la propia memoria. ¿Dónde se refugia la dignidad cuando se pierde la
propia casa? ¿Cómo se custodia la esperanza cuando se vive con la maleta
siempre lista? Y en el corazón de muchos crece también otra herida: el miedo al
otro, al que es diferente, al que está al otro lado. Pero, ¿cómo se puede
construir la paz si antes no se cura este miedo? Las casas destruidas, tarde o
temprano, se pueden reconstruir. Pero el hombre herido por la violencia, el
miedo y la tristeza, ¿quién lo reconstruirá? ¿Dónde se puede recuperar la
dignidad perdida?
Preguntas sin respuesta
Son preguntas
que me acompañan cada día. Preguntas a las que no sé dar respuesta. Por eso
pido disculpas, estimado director. Y pido disculpas también a los lectores. No
tengo análisis políticos que ofrecer, ni soluciones que proponer. Ni siquiera
tengo palabras para construir un verdadero artículo. Solo puedo dar testimonio
de lo que veo: una tragedia inmensa que a menudo permanece oculta en pequeños
corazones. O tal vez debería decir: en el corazón de los más pequeños.
*Franciscano
de la Custodia de Tierra Santa y párroco de los latinos en el sur del Líbano.


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