Cultura de Paz | VN
El Papa en Bamenda: No nos
cansemos de trabajar por la paz
En el
encuentro por la paz celebrado en Bamenda, el Papa denunció la lógica de la
violencia de “los señores de la guerra” que “fingen no saber que basta un
instante para destruir, pero que a menudo no basta una vida para reconstruir”.
La invitación del Papa a los fieles a seguir trabajando juntos por la paz.
¡Sigamos adelante sin cansarnos!
¡Trabajemos
juntos por la paz! Fue la exhortación del Papa León XIV en el encuentro por la
paz con la comunidad de Bamenda, que tuvo lugar el jueves 16 de abril, en el
segundo dÃa de su visita a Camerún. En la BasÃlica de San José, lugar del
encuentro, el PontÃfice manifestó su alegrÃa de poder estar allÃ, en esta
región tan “atormentada”.
De hecho, esta
capital de la región anglófona del noroeste de Camerún sufre desde hace casi
una década la violencia relacionada con la «crisis anglófona», una crisis
marcada por tensiones separatistas, violencia y desplazamientos.
En el
encuentro, que reunió a la comunidad católica de fieles laicos y consagrados, a
jefes tradicionales, representantes de la Iglesia protestante y miembros de la
comunidad islámica y que contó con testimonios locales, entre ellos el de una
consagrada que fue secuestrada y el de una familia de desplazados internos, el
Papa reflexionó sobre las historias de dolor y valentÃa de esta tierra
"ensangrentada pero fértil", "ultrajada" pero
"generosa en frutos".
"¡Dios
nunca nos ha abandonado! ¡En Él, en su paz, siempre podemos volver a
empezar!", exclamó el PontÃfice luego de escuchar las palabras de
bienvenida del Arzobispo de Bamenda, Monseñor Andrew Nkea Fuanya
El Papa
constató que si bien es él quien ha venido “para anunciar la paz”, descubrió
rápidamente: “son ustedes los que me la anuncian a mà y al mundo entero. De
hecho – añadió - la crisis que ha sacudido estas regiones de Camerún ha
acercado más que nunca a las comunidades cristianas y musulmanas, a tal punto
que sus lÃderes religiosos se han unido y han fundado un Movimiento por la Paz,
para tratar de mediar entre las partes en conflicto.
¡En cuántos
lugares de la tierra desearÃa que sucediera lo mismo! ¡Bienaventurados los que
trabajan por la paz! En cambio, ¡ay de quienes doblegan las religiones y el
mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos y polÃticos,
arrastrando lo que es santo hacia lo más sucio y tenebroso! SÃ, queridos
hermanos y hermanas, ustedes que tienen hambre y sed de justicia, ustedes los
pobres, los misericordiosos, los mansos y los de corazón puro, ustedes que han
llorado, ¡ustedes son la luz del mundo! (cf. Mt 5,3-14).
De ahà su
aliento los ciudadanos de Bamenda para que sigan siendo “por mucho tiempo la
sal que da sabor a esta tierra, ¡no pierdan su sabor tampoco en los años
venideros! Atesoren lo que los ha unido y lo que han compartido en la hora del
llanto. Sean aceite que se derrama sobre las heridas humanas”.
Un instante para destruir, una vida para reconstruir
En este
sentido, el Santo Padre expresó su gratitud por la labor “inmensa,
invisible, cotidiana” que llevan a cabo todas aquellas personas —en particular
las mujeres, laicas y religiosas— que atienden a las personas traumatizadas por
la violencia, como recordó la Carine Tangiri Mangu en su testimonio ante el
Papa, tras haber sido secuestrada durante tres dÃas en noviembre del año
pasado.
Los señores de
la guerra fingen no saber que basta un instante para destruir, pero que a
menudo no basta una vida para reconstruir. Disimulan no ver que se necesitan
miles de millones de dólares para matar y devastar, y que no se encuentran los
recursos necesarios para sanar, educar y levantar. Quienes saquean los recursos
de la tierra que les pertenece, suelen invertir gran parte de las ganancias en
armas, en un espiral de desestabilización y muerte sin fin. Esto es un mundo al
revés, una distorsión de la creación de Dios que toda conciencia recta debe
denunciar y repudiar, eligiendo una vuelta en “U” —la conversión— que conduce
en la dirección opuesta, por el camino sostenible y rico en fraternidad humana.
Denunciando
que “el mundo está siendo destruido por unos pocos dominadores” León XIV
evidenció cómo “se mantiene en pie gracias a una inmensidad de hermanos y
hermanas solidarios. Son la descendencia de Abraham, tan incontable como las
estrellas del cielo y los granos de arena en la playa del mar”. Mirémonos a los
ojos – instó - ¡ya somos este pueblo inmenso!"
No hay que
inventar la paz, hay que acogerla, asumiendo al prójimo como hermano y como
hermana. Nadie elige a sus hermanos y hermanas: ¡sólo tenemos que aceptarnos
unos a otros! Somos una sola familia y habitamos la misma casa, este
maravilloso planeta que las culturas antiguas han cuidado durante milenios.
Una misión en esta tierra, cada uno en su propia
vocación
Seguidamente,
recordando las palabras del Papa Francisco en la Exhortación apostólica Evangelii
gaudium “Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este
mundo” (n. 273), exhortó:
¡Trabajemos
juntos por la paz! «Hay que reconocerse a sà mismo como marcado a fuego por esa
misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allà aparece
la enfermera de alma, el docente de alma, el polÃtico de alma, esos que han
decidido a fondo ser con los demás y para los demás» (ibÃd.).
Asà nos
exhortó mi querido Predecesor - recordó - a caminar juntos cada uno en su
propia vocación, ampliando los lÃmites de nuestras comunidades, con la
determinación de quien parte de su labor local para llegar al amor al prójimo,
sea quien sea y dondequiera que esté. ¡Es la revolución silenciosa de la que
ustedes son testigos!, exclamó. Y para despedirse invitó a agradecer a Dios
“porque esta crisis no ha degenerado en una guerra religiosa, y porque seguimos
intentando amarnos los unos a los otros”.
¡Sigamos
adelante sin cansarnos, con valentÃa y, sobre todo, juntos, siempre juntos!


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