Libros | Javier García Herrería
“El perdón
es casi antinatural”: P.J. Armengou
En un mundo marcado por conflictos, polarización
y heridas abiertas, el periodista PJ Armengou, redactor jefe
del Diari de Tarragona y ex-corresponsal freelance en
Jerusalén para diversos medios, propone una mirada distinta: la del perdón.
Su libro Rostros de
perdón reúne cinco historias
reales, duras y poco habituales, donde víctimas y victimarios se cruzan en
procesos profundamente humanos de reconciliación.
Este libro no es un tratado teórico, sino que
expone las historias de cinco personas que perdonaron a sus victimarios o a los
agresores de sus seres queridos. La obra recoge testimonios de grandes
conflictos contemporáneos, desde el apartheid sudafricano hasta la guerra en
Siria, pasando por el conflicto árabe-israelí.
En tu libro
compartes historias extraordinarias de perdón. ¿Qué has aprendido que podamos
aplicar en la vida cotidiana?
ーQue el perdón tiene grados y
que es un proceso. No es algo inmediato ni natural; de hecho, es casi
contranatural. Es algo revolucionario.
Un primer paso puede ser un perdón “egoísta”:
dejar de vivir anclado en el rencor por el propio bienestar. Un segundo nivel
implica empatía, comprender que el otro también es limitado. Y el grado más
alto sería amar al ofensor, algo que por supuesto no se puede realizar sin
haber recorrido los anteriores.
Muchas
personas no llegan a reconciliarse del todo, especialmente en el ámbito
familiar. ¿Qué opinas?
ーEs doloroso, sobre todo en la
familia, donde se espera amor. Pero incluso un perdón incompleto —una tregua,
dejar de atacarse— ya es un paso importante.
En contextos sociales o políticos puede evitar
violencia. En la familia, sin embargo, estamos llamados a algo más profundo.
Cuanto más intensa es la relación, más necesario es un perdón completo.
En el libro
hablas de que necesitamos “la revolución del perdón”.
ーSí. Existe la idea, influida
por Friedrich Nietzsche, de que el perdón es propio de personas que siguen “una
moral de débiles”. Yo creo justo lo contrario: perdonar requiere más valentía
que odiar. Es un acto de libertad y de fortaleza interior.
Vivimos rodeados de conflicto, de crispación y de
dolor. Este libro no da recetas, pero muestra rostros concretos de personas que
han perdonado o pedido perdón en situaciones extremas. Y eso es clave:
necesitamos referentes que nos enseñen que lo que parece imposible sí es
posible.
Al final del
libro mencionas casos cercanos, especialmente de mujeres que han sufrido
abusos. ¿Por
qué?
ーPorque las historias lejanas de
las que hablo en el libro —Ruanda, Siria, Palestina— pueden hacernos pensar que
el dolor está lejos. Pero basta rascar un poco para descubrir que está muy
cerca: en nuestras familias, en nuestros amigos.
Quería visibilizar que el perdón no es solo para
grandes tragedias, sino también para heridas cotidianas, a veces invisibles. En
mi caso, mientras escribía, no dejaba de pensar en gente concreta. Aunque yo no
he vivido una experiencia de abuso, conozco a muchas mujeres muy cercanas que
sí han pasado por circunstancias de abuso, tanto sexuales como de conciencia.
Ellas han sido mi verdadera inspiración: tanto
por cómo afrontan el día a día como por la forma en que han dejado que el
perdón entre en sus vidas.
Dentro de los abusos de conciencia hay que
distinguir los verdaderos abusos de las faltas de delicadeza, pero incluso
ambos necesitan un proceso de perdón. Incluso en lo pequeño, hace falta
decir: «Oye, aquí me he equivocado, esto te ha herido y te pido perdón».
Quizá yo no fui consciente de que te estaba haciendo daño, pero reconocerlo es
la única forma de sanarlo rápido y, sobre todo, de que no se vuelva a repetir.
¿Qué
experiencia sacas cuando das sesiones sobre el perdón?
ーEs algo que estoy empezando a
hacer ahora. Y me gusta proponer un ejercicio a los oyentes: que se paren a
pensar en qué deben perdonar a los padres.
Muchos tenemos pequeñas heridas de infancia. No
necesariamente grandes traumas, pero sí experiencias que nos marcaron. Perdonar
no es señalar culpables, sino comprender que nuestros padres eran limitados,
que lo hicieron lo mejor que pudieron. Aceptar esto es un proceso sanador.
¿Existe un
modelo ideal de perdón?
ーHay un ideal, sí: un perdón que ama,
que comprende, que no espera nada a cambio. Pero no se puede imponer. Perdonar
es un proceso que solo puede ser personal.
Cuando uno llega no solo a perdonar sino a amar
al causante de su dolor, descubre que es profundamente liberador, pero requiere
tiempo, proceso y muchas veces ayuda.
Has vivido de
cerca conflictos como el de Israel y Palestina. ¿Qué papel jugaría ahí el
perdón?
ーSería transformador. Pero lo
que vemos es lo contrario: dinámicas de castigo, endurecimiento, incluso hace
unos días se aprobó la pena de muerte.
En este nuevo contexto, uno de los protagonistas
del libro, un exterrorista palestino, nunca habría tenido la oportunidad de
redimirse, ni de dedicarse a su labor actual, que consiste en trabajar por la
resolución del conflicto desde el perdón. El perdón abre caminos que la
violencia cierra.
¿Qué te
gustaría que se llevara el lector?
ーQue el perdón es posible. Que
hay una alternativa al odio y a la violencia. Y que, aunque sea difícil y
requiera tiempo, merece la pena recorrer ese camino.
*Javier
García Herrería – omnesmag.com


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Promueve el diálogo y la comunicación usando un lenguaje sencillo, preciso y respetuoso...