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    viernes, 6 de febrero de 2026

    El cristiano: ser sal y luz del mundo


    Meditación | P. Ciprián Hilario, msc

     


    El cristiano: ser sal y luz del mundo

    (Domingo 8 febrero 2026, lecturas: Isaías 58,7-10; Salmo 111; 1 Corintios 2,1-5; Mateo 5,13-16)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios de este domingo nos presenta una misión clara y exigente: el cristiano está llamado a ser sal y luz del mundo. No es una invitación opcional, sino una vocación que nace del bautismo.

     

    Elementos esenciales para la homilía

    1.- Ser luz comienza con la caridad concreta (Isaías)

    El profeta nos recuerda que la fe verdadera no es solo oración o culto, sino amor hecho obras:

    - Compartir el pan con el hambriento

    - Acoger al pobre

    - Vestir al desnudo

    - Cuando vivimos así, dice Isaías, “tu luz brillará como la aurora”.

     

    2.- La luz nace de la justicia y la misericordia (Salmo 111)

    El justo es descrito como quien es compasivo, generoso y solidario. La luz del creyente no es brillo personal, sino reflejo del amor de Dios.

     

    3.- No brilla quien confía en sí mismo (San Pablo)

    Pablo recuerda que su predicación no se apoyó en sabiduría humana, sino en el poder de Dios. Ser luz no significa protagonismo, sino dejar que Dios actúe a través de nuestra debilidad.

     

    4.- La sal da sabor y preserva

    Jesús dice: “Ustedes son la sal de la tierra”. La sal da sabor y evita la corrupción. El cristiano está llamado a dar sabor evangélico al mundo y a impedir que la sociedad se corrompa por la injusticia y la indiferencia.

     

    5.- La luz no se esconde

    “No se enciende una lámpara para ponerla debajo de la mesa”. La fe no puede vivirse en secreto. Está llamada a manifestarse en la vida diaria, en la familia, el trabajo, la comunidad.

     

    6.- Las obras hacen visible la fe

    Jesús lo dice claramente: “Que vean sus buenas obras”. No para buscar aplausos, sino para que otros descubran a Dios a través de nuestra vida.

     

    7.- El riesgo de perder el sabor

    Jesús advierte que la sal puede volverse insípida. El cristiano pierde sabor cuando:

    - vive una fe superficial

    - se acomoda al mundo

    - deja de amar y servir.

     

    Aplicación a nuestra vida hoy

    8.- El mundo necesita cristianos que iluminen:

    -  en medio de la violencia, con paz

    - en medio del egoísmo, con solidaridad

    - en medio de la oscuridad, con esperanza.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, Jesús nos confía una misión hermosa: ser sal y luz. No tengamos miedo de vivir nuestra fe con coherencia. Que nuestras obras iluminen y ayuden a otros a descubrir el amor de Dios.





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