Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc
Las Bienaventuranzas
Domingo
1ro. febrero 2026, lecturas SofonÃas 2,3;3,12-13. Salmo 145,7-9. Corintios
1,26-31. y Mateo 5,1-12.
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios que hoy hemos escuchado nos presenta una paradoja profunda: Dios
se complace en lo pequeño, en lo humilde, en lo que el mundo muchas veces
desprecia. Las lecturas de este domingo nos preparan el corazón para comprender
el mensaje central del Evangelio: las Bienaventuranzas, que no son un simple
ideal moral, sino el retrato mismo de Jesucristo y el camino de la verdadera
felicidad.
El
profeta SofonÃas nos invita a buscar al Señor con humildad: “Busquen la
justicia, busquen la humildad”. Dios promete salvar a un pueblo pobre y
humilde, que confÃa en Él. No se trata de pobreza material solamente, sino de
un corazón que reconoce su necesidad de Dios y se abandona en sus manos.
El
Salmo 145 refuerza esta idea mostrándonos a un Dios cercano: Él hace
justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, protege al extranjero y
sostiene al huérfano y a la viuda. Nuestro Dios no es indiferente al
sufrimiento humano; su Reino se construye desde la compasión y la misericordia.
San
Pablo, en la primera carta a los Corintios, nos recuerda que Dios no
elige según los criterios del mundo. No llamó a los poderosos ni a los sabios,
sino a lo débil y lo sencillo, para que nadie se glorÃe a sà mismo, sino en el
Señor. La verdadera grandeza está en pertenecer a Cristo.
Y
llegamos al Evangelio según san Mateo, donde Jesús, al ver a la multitud, sube
al monte y proclama las Bienaventuranzas. No son promesas fáciles ni palabras
bonitas; son una propuesta radical de vida cristiana.
Podemos
destacar algunos elementos clave de las Bienaventuranzas:
1.-
Los pobres de espÃritu: aquellos que ponen su confianza en Dios y no en
las riquezas ni en el poder.
2.-
Los mansos: los que no responden con violencia, sino con paciencia y
humildad.
3.-
Los que lloran: Dios no ignora el dolor; promete consuelo a quienes sufren.
4.-
Los que tienen hambre y sed de justicia: quienes no se conforman
con la injusticia y trabajan por un mundo mejor.
5.-
Los misericordiosos: los que saben perdonar y amar como Dios ama.
6.-
Los limpios de corazón: los que viven con sinceridad y rectitud
interior.
7.-
Los que trabajan por la paz: constructores de reconciliación en un mundo
dividido.
8.-
Los perseguidos por causa de la justicia: quienes permanecen
fieles al Evangelio aun en medio de la dificultad.
Jesús
nos enseña que la felicidad verdadera no está en tener más, sino en amar más;
no en dominar, sino en servir; no en imponerse, sino en confiar en Dios.
Pidamos
hoy al Señor la gracia de vivir las Bienaventuranzas, no como un
ideal inalcanzable, sino como un camino posible cuando dejamos que Cristo viva
en nosotros. Que MarÃa, la humilde sierva del Señor, nos acompañe para que
nuestra vida sea una verdadera bienaventuranza para los demás.


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