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    viernes, 23 de enero de 2026

    Los llamó a predicar


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    Los llamó a predicar

    (Viernes 23 enero 2026, lecturas 1Samuel 24,3-21. Salmo 56,2-11 y Marcos 3,13-19)

     

    Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

    Hoy la Palabra de Dios nos invita a contemplar el misterio del llamado divino y su propósito: Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y los constituyó como sus apóstoles para estar con Él y enviarlos a predicar (Mc 3,13-19). El tema "Los llamó a predicar" nos revela que el seguimiento de Jesús no es solo una invitación personal, sino una misión que transforma la vida y el mundo.

     

    Las lecturas de hoy nos ayudan a profundizar en este tema, conectando el Antiguo y el Nuevo Testamento.

    1. El perdón como fruto de la confianza en Dios (1 Samuel 24,3-21)

    En la primera lectura, vemos a David perseguido por Saúl, quien lo busca para matarlo. David tiene la oportunidad perfecta para eliminar a su enemigo en una cueva, pero se niega: "No extenderé la mano contra el ungido del Señor". David confía en que Dios es el verdadero juez y que el reino vendrá en el momento que Él determine. Esta escena nos enseña que el llamado de Dios no se impone por la fuerza, sino que se recibe con humildad y paciencia.

    David prefigura a Jesús, quien, perseguido y maltratado, no responde con violencia, sino con misericordia. El perdón de David es un eco del perdón de Cristo, y nos prepara para entender que el verdadero predicador es aquel que vive la misericordia de Dios.

     

    2. Confianza en la misericordia de Dios (Salmo 56,2-11)

    El salmo responsorial, que David canta en medio de la persecución (cuando los filisteos lo capturan en Gat), expresa la confianza absoluta en Dios: "En Dios he confiado; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?" (v. 4). Este salmo nos recuerda que el predicador no depende de su fuerza propia, sino de la protección y la fidelidad de Dios. La misericordia de Dios (v. 2) es la que sostiene al llamado en los momentos de prueba.

     

    3. El llamado soberano y su propósito (Marcos 3,13-19)

    El Evangelio es el corazón del tema. Jesús sube al monte —un lugar de oración y encuentro con el Padre— y llama "a los que quiso". No son los más preparados, sino los elegidos por gracia. Los instituye como Doce (símbolo de la renovación de Israel) con tres fines claros:

    Estar con Él: El llamado comienza con la comunión personal. Antes de predicar, hay que conocer a Jesús, vivir con Él, aprender de su vida y su corazón.

    Enviarlos a predicar: La misión es anunciar el Reino de Dios. No se trata de palabras humanas, sino del Evangelio que libera.

    Con poder para expulsar demonios: El predicador actúa con la autoridad de Cristo, combatiendo el mal.

    Los Doce son hombres comunes —pescadores, recaudadores, celosos— pero transformados por el llamado. Jesús les da nombres nuevos (Pedro, Boanerges...), simbolizando que el encuentro con Él nos hace nuevos.

     

    Elementos clave del tema "Los llamó a predicar"

    Aquí te señalo algunos elementos centrales para desarrollar o meditar en esta homilía:

    Gratuidad del llamado: Jesús llama "a los que quiso", no por méritos propios. Es un acto de amor soberano. Dios nos llama por pura gracia.

    Primacía de la comunión: Antes de predicar, hay que "estar con Él". El apóstol no es un profesional, sino un amigo de Jesús. La oración y la vida sacramental son esenciales.

    Dimensión misionera: El llamado no es para uno mismo, sino para enviar. Predicar significa anunciar la misericordia de Dios, como David la vivió al perdonar a Saúl.

    Confianza en la misericordia de Dios: Como en el salmo, el predicador confía en Dios ante las dificultades. No teme al rechazo ni al fracaso.

    Transformación personal: Los Doce son cambiados por Jesús. El llamado nos da un nuevo nombre y una nueva misión.

    Autoridad para combatir el mal: Predicar no es solo hablar, sino liberar con el poder de Cristo.

     

    Aplicación a nuestra vida

    Hermanos, hoy Jesús nos llama también a nosotros. No necesariamente a ser apóstoles en sentido estricto, pero sí a ser sus discípulos-misioneros en nuestra familia, trabajo y comunidad. Preguntémonos: ¿Estoy "con Él" en la oración diaria? ¿Vivo el perdón como David? ¿Confío en su misericordia cuando me siento perseguido?

     

    Que María, la primera en responder al llamado de Dios, nos ayude a decir "sí" con alegría y a predicar con nuestra vida el amor que nos ha llamado.

     

    Amén.








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