Ecología Integral | VN
Mons. José Domingo Ulloa:
“La transición energética es un acto de justicia y de fe”
En el
Encuentro de Espiritualidades por una Transición más allá de los Combustibles
Fósiles, Mons. José Domingo Ulloa, arzobispo de Panamá y vicepresidente del
Celam, llamó a abandonar el modelo energético basado en combustibles fósiles,
afirmando que no se trata solo de un cambio técnico, sino de una decisión moral
urgente ante el sufrimiento de los pueblos y el clamor de la creación.
Desde Colombia
y en el marco del Encuentro de Espiritualidades por una Transición más
allá de los Combustibles Fósiles, Mons. José Domingo Ulloa Mendieta,
arzobispo de Panamá y segundo vicepresidente del Consejo Episcopal
Latinoamericano y Caribeño (Celam), ofreció una intervención marcada por la
urgencia climática, la esperanza de los pueblos y el llamado a una conversión
moral frente al modelo energético actual.
Desde el
inicio, el prelado habló con la voz de un país pequeño en territorio, pero
grande en heridas ambientales. “Hablo desde Panamá, ese país-puente que hoy
también une dolores”, expresó, recordando cómo el avance del mar y la presión
sobre los recursos naturales ya amenazan directamente a comunidades enteras,
como el pueblo Guna Yala, y ponen en riesgo la biodiversidad y la vida de miles
de familias.
Una Iglesia que no puede callar
Mons. Ulloa
situó su reflexión desde una Iglesia que no se limita a observar, sino que
acompaña el sufrimiento humano y ecológico. “Hablo desde una Iglesia que no
mira desde lejos, sino que toca el dolor, lo llora y lo camina”, afirmó,
subrayando que el compromiso de las comunidades cristianas no nace de discursos
teóricos, sino del contacto directo con realidades golpeadas por el cambio
climático.
En ese
sentido, destacó el trabajo conjunto entre el Celam, el Simposio de
Conferencias Episcopales de África y Madagascar (Secam) y la Federación de
Conferencias Episcopales de Asia (FABC), señalando que el proceso en marcha no
busca sumar un documento más, sino expresar un discernimiento espiritual nacido
“del clamor de la tierra y del clamor de los pobres”.
La crisis ecológica como desafío espiritual
El arzobispo
insistió en que la crisis climática no puede reducirse a un asunto técnico o
económico. Desde la fe cristiana, explicó, la creación no es un objeto de
explotación, sino un don confiado por Dios. “La casa común no se nos dio para
dominarla sin límites, sino para cuidarla con amor y responsabilidad”, señaló.
Con fuerza,
recordó que el deterioro ambiental está íntimamente ligado a la injusticia
social: los pobres sufren primero y más intensamente los efectos del
calentamiento global, a pesar de ser quienes menos han contribuido a causarlo.
Persistir en un modelo dependiente de los combustibles fósiles —dijo— es una
contradicción directa del Evangelio.
Del diagnóstico a la acción
Inspirado en
el magisterio del Papa Francisco, especialmente en Laudato Si’ y Laudate
Deum, Mons. Ulloa recordó el camino recorrido por la Iglesia en los últimos
años. Según afirmó, Laudato Si’ fue una invitación a escuchar,
mientras que Laudate Deum marcó un paso decisivo: ya no basta
comprender el problema, es necesario actuar.
En esa misma
línea, destacó el impulso del Papa León XIV, quien —según sus palabras— ha
reforzado el carácter urgente del momento histórico: “No es una conversación
sobre el futuro, es una decisión del presente”.
El prelado
también evocó la experiencia vivida en la COP30, en Belém, donde las Iglesias
del Sur Global levantaron una voz unificada. Pero señaló que el encuentro en
Santa Marta representa un paso más: “Hoy pasamos del diagnóstico a la acción”,
afirmó, refiriéndose al Manifiesto presentado como hoja de ruta hacia la COP31.
Cinco convicciones para una transición real
Durante su
intervención, Mons. Ulloa delineó cinco convicciones fundamentales que deberían
orientar la transición energética: 1. Salir de los combustibles fósiles
es una decisión moral, no solo técnica: se trata de justicia y dignidad
humana; 2. Existe una deuda ecológica histórica, que obliga a
reconocer la desigualdad estructural que hace que los países pobres paguen más
de lo que reciben para enfrentar la crisis climática; 3. No toda
solución es verdadera solución: cambiar petróleo por nuevos extractivismos
o reducir la crisis a mercados de carbono puede ser solo un maquillaje del
problema; 4. Se necesitan instrumentos concretos, por lo que
expresó su respaldo al Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles;
5. El cambio requiere un nuevo estilo de vida, donde la
sobriedad sea comprendida como libertad y el “buen vivir” como una propuesta
profundamente humana, no como atraso.
Paz, justicia y energía
El arzobispo
vinculó la crisis energética con la paz mundial, retomando palabras del Papa
León XIV sobre la necesidad de pasar de las palabras a los hechos y construir
una “paz desarmada y desarmante”. Mons. Ulloa sostuvo que muchos conflictos
armados contemporáneos tienen raíces en la disputa por recursos energéticos,
por lo que abandonar los combustibles fósiles no solo es una respuesta
climática, sino también una apuesta por la paz.
La voz del Sur Global
Uno de los
momentos más contundentes fue su afirmación sobre la autoridad moral de las
Iglesias del Sur Global: “No hablamos sobre los afectados, somos comunidades
afectadas”, declaró. Esa experiencia directa, aseguró, cambia la urgencia del
mensaje. “Hoy el Sur no pide permiso para hablar: convoca al Norte, convoca a
los gobiernos, convoca a la humanidad entera”, expresó, señalando que esa
convocatoria nace no del poder, sino de la esperanza que brota del sufrimiento.
Un kairós que exige decisión
Mons. Ulloa
describió el presente como un “kairós”, un tiempo decisivo donde la historia se
abre y exige definiciones. Recordó que la espiritualidad solo tiene sentido si
se traduce en compromisos concretos: “Sin alma, los acuerdos se vacían; pero
sin decisiones, la espiritualidad se queda en palabras”. Como cierre, dejó una
pregunta directa a las conciencias de los líderes políticos, económicos y
religiosos del mundo:
“¿Estamos
realmente dispuestos a cambiar? ¿A renunciar a lo que destruye para abrazar lo
que da vida?”
Y concluyó
reafirmando que cuidar la casa común no es un asunto secundario, sino una
expresión concreta de la fe: una forma de anunciar que Dios no abandona su
creación, y que la humanidad aún puede elegir el camino de la vida.


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