Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Detener la cadena de violencia: empezar un nuevo camino de paz
(Lunes
15 de junio 2026, Undécima semana tiempo Ordinario, lecturas: 1Reyes 21,1-16.
Salmo 5,2-7. San Mateo 5,38-42)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de hoy nos invita a reflexionar sobre un tema muy actual:
“Detener la cadena de violencia: empezar un nuevo camino de paz”. Vivimos en
una sociedad donde muchas veces la agresividad, la venganza, el abuso de poder
y la indiferencia parecen imponerse. Sin embargo, el Señor nos muestra un
camino distinto, el camino del amor, la justicia y la misericordia.
1.
La violencia nace en el corazón que se deja dominar por la ambición. En la primera lectura
(1 Reyes 21,1-16), encontramos la triste historia de Nabot y el rey Ajab.
Nabot
se niega a vender la herencia de sus padres porque la tierra era un don de Dios
para su familia. Ante esta negativa, el rey se entristece y se encierra en sÃ
mismo. Pero Jezabel, su esposa, decide resolver el problema mediante la
mentira, la manipulación y la injusticia.
Vemos
cómo una simple codicia termina produciendo una cadena de males: engaño, falso
testimonio, abuso de poder y finalmente la muerte de un inocente.
¿Qué
nos enseña esta lectura para hoy?
-
La violencia muchas veces comienza con deseos
egoÃstas que no sabemos controlar.
-
Cuando el poder se utiliza para beneficio
personal, los más débiles terminan sufriendo.
-
La mentira y la injusticia siempre destruyen la
convivencia y la paz.
-
Dios escucha el clamor de quienes son vÃctimas de
la opresión.
También
hoy vemos situaciones semejantes: corrupción, atropellos, calumnias, abusos
familiares y sociales. La Palabra nos invita a revisar nuestro corazón para no
convertirnos en instrumentos de injusticia.
2.
El justo pone su confianza en Dios. El Salmo 5 nos presenta
la actitud contraria a la de Jezabel y Ajab. El salmista dice: "Señor,
atiende a mis gemidos".
Ante
la injusticia, no responde con odio ni con venganza, sino que lleva su dolor a
Dios. ConfÃa en que el Señor ama la verdad y rechaza la maldad.
Algunas
enseñanzas para nuestra vida:
-
La oración es el primer camino para construir la
paz.
-
No todo conflicto se resuelve con más violencia.
-
Dios escucha a quienes sufren y permanecen fieles.
-
La confianza en Dios nos ayuda a no dejarnos
dominar por el resentimiento.
Cuando
oramos sinceramente, nuestro corazón se va pareciendo más al Corazón de Jesús:
paciente, misericordioso y compasivo,
3.
Jesús rompe la lógica de la venganza. En el Evangelio (Mateo
5,38-42), Jesús presenta una de las enseñanzas más revolucionarias del
Evangelio. Han oÃdo decir: "Ojo por ojo y diente por diente",
pero yo les digo: "No hagan frente al que les agravia".
Jesús
no está promoviendo la pasividad ante la injusticia. Lo que quiere es romper la
espiral del odio. La venganza produce más violencia; el amor abre caminos
nuevos.
El
Señor nos invita a:
-
No responder al mal con más mal.
-
Renunciar al deseo de vengarnos.
-
Aprender a perdonar.
-
Buscar soluciones que restauren la dignidad de las
personas.
-
Responder con generosidad incluso cuando hemos
sido heridos.
Solo
quien tiene un corazón transformado por Dios puede vivir asÃ.
4.
Detener la cadena de violencia comienza en nosotros
La
paz no comienza en los gobiernos ni en las instituciones; comienza en el
corazón de cada persona.
Podemos
preguntarnos:
-
¿Estoy alimentando resentimientos?
-
¿Guardo rencor contra alguien?
-
¿Utilizo palabras que hieren?
-
¿Sé pedir perdón cuando me equivoco?
-
¿Soy instrumento de reconciliación en mi familia y
comunidad?
Cada
gesto de perdón, cada palabra amable y cada acto de comprensión rompe una
cadena de violencia y abre un camino de paz.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, la Palabra de Dios nos recuerda hoy que la violencia nace
del egoÃsmo y la ambición, pero la paz nace de un corazón unido a Dios.
Que
aprendamos de Nabot a permanecer fieles a la verdad; del salmista a confiar en
el Señor en medio de las dificultades; y de Jesús a responder al mal con el
bien.
Pidamos
al Señor que transforme nuestros corazones para que, allà donde haya odio,
sembremos amor; donde haya ofensa, perdón; donde haya violencia,
reconciliación; y donde haya división, construyamos la paz. Amén.


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