Fe y Vida | Johan Pacheco
Jornada Mundial de los
Abuelos: La Iglesia está llamada a ser madre de todos
El Papa León
XIV hace un llamamiento a los abuelos a perseverar en la fe durante la
fragilidad, y los invita a rezar por la paz: “en cualquier edad es posible
descubrirse siempre como hijos e hijas de Dios”.
“Yo nunca te
olvidaré (Is 49,15)”, es la cita bíblica que inspira el mensaje del Papa León XIV para
la jornada mundial de los abuelos y mayores publicado este 15 de junio.
Reflexionando sobre la tarea de la Iglesia “llamada a ser madre de todos”, y
exhortando a rezar por la paz y perseverar en la fe durante la edad adulta.
“Por boca del
profeta Isaías el Señor promete que no se olvidará nunca de ninguno de
nosotros. Nos asegura que nuestros rostros los lleva tatuados en las palmas de
sus manos (cf. Is 49,16) y que su amor es más grande que el de
una madre por su hijo (cf. Is 49,15)”, dice el Papa en su
mensaje para esta jornada que se celebra el 26 de julio de 2026.
Explica el
Pontífice que “son palabras que nos llenan de consuelo y de confianza. Son la
respuesta a un angustioso sentimiento que agita el corazón: «Me ha abandonado
el Señor, mi dueño me ha olvidado» (Is 49,14)”.
El amor de Dios no olvida a ninguno
Reitera así
que “el amor de Dios, que no olvida a ninguno, se presenta como acto de
justicia y respuesta al anonimato, en el cual muy frecuentemente la vida humana
acaba por perderse. En particular, sobre la vida de muchos mayores parece
haberse extendido un velo que difumina los rasgos de los rostros y los cubre
con el olvido”.
“Es lo que
sucede en las casas donde reina la soledad -expresa el Papa- y también en
aquellos lugares de hospitalización donde la singularidad de cada persona corre
el riesgo de ser reducida al número de su cama o a su patología”.
El Santo Padre
propone que la celebración de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los
Mayores sea “una oportunidad para redescubrir que la Iglesia está llamada a ser
madre de todos y que en cualquier edad es posible descubrirse siempre como
hijos e hijas de Dios. Que esta Jornada sea, por lo tanto, un estímulo para
todos, en particular para los más jóvenes, y así retomar la bella costumbre de
visitar a los propios abuelos, los mayores de la familia y también a aquellos
que no reciben ninguna visita”.
El abrazo del Papa a los ancianos
El Papa pide
que también lleven a los abuelos y adultos mayores con este mensaje, “la
cercanía y el afecto" del sucesor de Pedro: “Háganlo de tal modo que las
palabras del profeta ‘Yo nunca te olvidaré’ adquieran la forma de un tierno y
afectuoso encuentro”.
Afirmando
además que “la Iglesia conoce el sufrimiento de sus hijos más mayores, sabe
bien que muchas veces se les mira con prejuicios y se les considera un peso; es
sabedora de que una economía concentrada sobre el beneficio debilita las
relaciones familiares; sabe que muchos ancianos son abandonados por los hijos
que se ven obligados a migrar o, en algunos casos, a combatir en la guerra. Por
cada uno de estos motivos, se alegra de anunciar la promesa del Señor: Yo nunca
te olvidaré”.
La vocación en la fragilidad
“El
descubrimiento de la ternura de Dios, para muchos, sucede en el transcurso de
la existencia, muchas veces propiamente en el último tramo de la vida”, escribe
León XIV, y sugiere que la edad avanzada “a partir de las preguntas que nos
hacemos con más urgencia en esta etapa de la vida, puede convertirse en el
tiempo oportuno para iniciar o retomar una vida espiritual”.
Y
reflexionando sobre la vocación en medio de la fragilidad, les dirige unas
palabras de aliento: “¡no tengan miedo de la fragilidad! Propiamente esta
debilidad lleva consigo una nueva potencialidad que ilumina también las demás
edades de la vida”.
La oración de los abuelos
Y les
encomienda la tarea de la oración por la paz en este tiempo marcado por la
violencia bélica y social: “les exhorto, queridos hermanos, a unirse a mí en la
oración constante para que llegue pronto la paz al mundo entero”.
Finaliza el
Papa agradeciéndoles “porque me sostienen cada día con sus oraciones,
especialmente cuando recitan el santo rosario. Se lo agradezco de corazón y les
dejo este deseo: que el Señor les renueve siempre en la fe, en la esperanza y
en la caridad, ¡Él, que nunca se olvida de nosotros!”, dice.


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