Actualidad Mundial | Davide Dionisi
Los obispos de México y
Guatemala: rutas migratorias controladas por criminales
El documento
final del Tercer Encuentro de los agentes de la pastoral de la movilidad
humana: delincuencia organizada, expulsiones forzadas, menores que se sienten
extranjeros en su propia patria. Un llamamiento a los gobiernos y el compromiso
de la Iglesia de permanecer al lado de quienes huyen para sobrevivir
«A pesar de
las condiciones de pobreza, precariedad, desigualdad y violencia sistémica a
las que se enfrentan las poblaciones, las migraciones continúan. Se trata de
personas y familias en condiciones de extrema vulnerabilidad, con niños y
ancianos, cuya salud física y mental se ve comprometida». Es la denuncia de los
agentes pastorales de la movilidad humana que prestan su valioso servicio en la
frontera entre México y Guatemala, recogida en el documento final de su tercer
encuentro, concluido hace unos días. El debate se desarrolló partiendo del lema
indicado por el Papa León XIV para la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del
Refugiado: «Aunque sea solo uno de estos niños». El cardenal Álvaro Ramazzini
Imeri, junto con los obispos de Huehuetenango, San Marcos, Quiché, San
Cristóbal de las Casas, Tapachula y Tuxtla (todos firmantes de la nota),
explican que «las políticas migratorias, los acuerdos multilaterales y los
decretos presidenciales amenazan el derecho humano a la migración. Al mismo
tiempo, los grupos criminales, las redes de trata y las extorsiones a lo largo
de las rutas migratorias se han fortalecido y consolidado».
Respuesta inexistente de las instituciones
Para los
operadores, «los grupos criminales han encontrado en el flujo de migrantes una
fuente de ingresos extremadamente lucrativa, ya que estos son secuestrados,
extorsionados, violados, víctimas de la trata y, en algunos casos, reclutados.
Aunque la frontera cuenta con tecnología biométrica para la vigilancia, en la
práctica es una zona controlada por quienes ejercen la violencia». En este
contexto dramático se registra una respuesta «limitada o inexistente» por parte
de las instituciones locales e internacionales a la hora de garantizar el
derecho a la protección internacional, «negando y, en otros casos,
obstaculizando los procesos destinados a regularizar la situación migratoria de
conformidad con el Estatuto de los Refugiados, del que nuestros Estados son
signatarios».
Abandonados en las zonas fronterizas
«Expulsados y
repatriados por la fuerza». Continúa el documento, que señala a los «hermanos
guatemaltecos y mexicanos» como «víctimas de las políticas migratorias del
Gobierno de los Estados Unidos, cuyos procedimientos de expulsión los dejan
abandonados en las zonas fronterizas. Tras haberse establecido y haber sentado
las bases para el futuro en EE. UU., sufren la pérdida de sus condiciones
económicas y de vida, con graves repercusiones».
Extranjeros en su propia patria
Los agentes de
la Pastoral para la movilidad humana destacan que: «Existe una marcada
dificultad de reinserción en los lugares de origen, principalmente para los
menores, debido a la falta de flexibilidad en los programas de estudios, a la
complejidad y al coste de los trámites de traducción y regularización de
documentos. Una situación particular es la de los menores mexicanos que, junto
con sus familias, se sienten extranjeros en su propia patria». El llamamiento
se dirige, por tanto, a los gobiernos para que realicen «un mayor esfuerzo de
coordinación institucional para contrarrestar las políticas extraterritoriales
de odio y xenofobia que se fomentan en los distintos territorios. Deben
promover programas, proyectos y políticas que privilegien la seguridad en el
respeto de los derechos humanos y la protección internacional».
El compromiso de la Iglesia
El escrito
continúa reafirmando el compromiso de la Iglesia y de las comunidades «en la
obra de caridad». «Nos comprometemos y nos esforzamos por ofrecer un
acompañamiento integral a las personas migrantes, desplazadas, repatriadas y
deportadas, partiendo de las diócesis, las parroquias y los servicios
pastorales. Somos conscientes de que, al abordar su fragilidad y los peligros
que han vivido con un enfoque integral, físico y espiritual, se reconstruyen la
identidad y el sentido de arraigo y pertenencia, facilitando la reintegración y
la esperanza en la vida personal, familiar y comunitaria».
Tutelar la dignidad
A
continuación, la implicación de las universidades y los centros de
investigación para que «refuercen su contribución teórica, científica y técnica
en materia de movilidad humana. De este modo, podrán poner de relieve,
sensibilizar e influir en el desarrollo de planes, proyectos y políticas a
favor de los migrantes». Los obispos, los sacerdotes y todos los agentes
pastorales de la Movilidad Humana se han «comprometido a acercarse y a situar
en el centro de la acción pastoral a quienes huyen de sus lugares de origen por
motivos de supervivencia, a quienes hoy se ven obligados a regresar y a todos
aquellos que ven ofendida su dignidad al buscar mejores condiciones de vida».
Y, recordando las palabras del Papa, concluyeron: «Cada uno de nosotros, a lo
largo de la vida, puede encontrarse sano o enfermo, con trabajo o sin él, en su
patria o en tierra extranjera. Su dignidad, sin embargo, es siempre la misma,
la de una criatura querida y amada por Dios».


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