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    jueves, 17 de septiembre de 2026

    Simón, tengo algo que decirte


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    Simón, tengo algo que decirte

    (Jueves 17 de septiembre 2026. Vigésima cuarta semana, tiempo ordinario, lecturas: 1Corientios 15,1-11. Salmo 117. San Lucas 7,36-50)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios que hoy escuchamos nos presenta una pregunta muy importante: ¿cómo reaccionamos cuando Jesús quiere entrar en nuestra vida y mostrarnos aquello que necesitamos cambiar? El tema que ilumina esta reflexión es la frase de Jesús a Simón: «Simón, tengo algo que decirte».

     

    A veces Dios también nos dice a nosotros: «Tengo algo que decirte». Y lo importante no es solamente escuchar lo que Dios nos dice, sino tener un corazón humilde para aceptar su Palabra y dejar que ella nos transforme.

     

    1. Primera lectura: 1 Corintios 15,1-11. «Les recuerdo el Evangelio que les anuncié»

    San Pablo comienza recordando a los cristianos de Corinto el centro de nuestra fe: Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó.

    Pablo reconoce además que él fue perseguidor de la Iglesia, pero por la gracia de Dios llegó a ser apóstol. Por eso dice: «Por la gracia de Dios soy lo que soy».

    Aquí encontramos un primer elemento para nuestra vida:

    1. Nunca debemos olvidar de dónde nos ha sacado la gracia de Dios. No somos mejores que los demás porque tengamos una responsabilidad, un ministerio, un título o muchos años en la Iglesia. Todo lo que somos es fruto de la gracia.

    2. Dios puede transformar nuestra historia. Pablo tenía un pasado difícil, pero Dios no lo condenó por su pasado. Lo llamó y lo convirtió en instrumento del Evangelio.

    3. No tengamos miedo de reconocer nuestros errores. El que reconoce que necesita de Dios puede comenzar una vida nueva. La humildad abre las puertas a la gracia.

     

    2. Salmo 117. «Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia»

    El salmo nos invita a reconocer la misericordia de Dios. No dice que Dios fue misericordioso solamente ayer, sino que su misericordia es eterna. Y esto conecta perfectamente con el Evangelio.

    4. La misericordia de Dios siempre tiene la última palabra. Cuando nosotros vemos pecado, Dios puede ver una posibilidad de conversión. Cuando nosotros recordamos el pasado de una persona, Dios puede estar preparando su futuro.

    5. Aprendamos a dar gracias. Muchas veces somos rápidos para reclamar y lentos para agradecer. El salmista nos recuerda que tenemos innumerables razones para decir: «Gracias, Señor, porque eres bueno».

     

    3. Evangelio: Lucas 7,36-50. «Simón, tengo algo que decirte»

    Jesús está en casa de Simón, un fariseo. Entra una mujer conocida como pecadora. Se acerca a Jesús, se pone a sus pies, llora, los moja con sus lágrimas, los seca con sus cabellos, los besa y los unge con perfume.

    Simón observa todo aquello y juzga a la mujer. Piensa dentro de sí: «Si este fuera profeta, sabría quién es esa mujer».

    Pero Jesús conoce el corazón de Simón y le dice: «Simón, tengo algo que decirte».

    ¡Qué frase tan sencilla, pero tan profunda! Jesús tiene algo que decirle a Simón, pero también tiene algo que decirnos a nosotros.

    6. Jesús no solamente quiere corregir al pecador; también quiere corregir al que juzga al pecador.

    La mujer reconoce su pecado y busca misericordia. Simón, en cambio, está convencido de que él está bien y que el problema lo tiene la otra persona.

    Aquí está uno de los grandes peligros de nuestra vida cristiana: ver fácilmente los pecados de los demás y no reconocer los propios.

    Jesús cuenta la parábola de los dos deudores: uno debía quinientos denarios y otro cincuenta. A los dos les perdonaron la deuda.

    Y pregunta: «¿Cuál de los dos lo amará más?» Simón responde correctamente: el que recibió mayor perdón.

    Entonces Jesús le hace comprender que aquella mujer ha recibido mucho perdón y, por eso, ama mucho.

     

    4. La mujer pecadora nos enseña a acercarnos a Jesús. Esta mujer no llega con discursos. Llega con lágrimas, humildad y amor.

    7. Cuando reconocemos nuestra necesidad de Dios, no debemos alejarnos de Jesús; debemos acercarnos más a Él.

    Hay personas que, cuando caen, se alejan de la Iglesia, de la oración y de los sacramentos porque sienten que no son dignas.

    El Evangelio nos enseña lo contrario: precisamente porque somos pecadores necesitamos acercarnos a Jesús.

     

    5. Simón nos enseña a revisar nuestros juicios. Simón recibió a Jesús en su casa, pero su corazón estaba cerrado.

    Podemos estar dentro de la Iglesia y, sin embargo, tener el corazón lleno de prejuicios, críticas y condenas.

    8. No basta con recibir a Jesús en nuestra casa; tenemos que recibirlo en nuestro corazón.

    Podemos rezar mucho, participar en muchas actividades y, al mismo tiempo, tener dificultad para perdonar, comprender y aceptar al hermano.

    Por eso Jesús hoy nos dice: «Tengo algo que decirte».

    Quizás nos dice: Tengo algo que decirte sobre tu manera de tratar a tu esposo o esposa. Tengo algo que decirte sobre tus hijos. Tengo algo que decirte sobre aquella persona que no perdonas. Tengo algo que decirte sobre la manera en que juzgas a los demás.

     

    6. «Tus pecados quedan perdonados» Jesús finalmente le dice a la mujer: «Tus pecados quedan perdonados». Y después: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz».

    Qué hermoso final. Ella llegó cargada de pecado y salió cargada de paz.

    9. El perdón de Dios no solamente borra el pasado; nos devuelve la paz para comenzar de nuevo. La verdadera conversión no consiste simplemente en sentir culpa. Consiste en permitir que el amor de Cristo nos levante y nos haga caminar de otra manera.

     

    Conclusión

    Hermanos y hermanas, hoy podemos llevarnos estas preguntas:

    -                     ¿Qué tiene Jesús que decirme hoy?

    -                     ¿Soy capaz de reconocer mis propios errores?

    -                     ¿Juzgo fácilmente a los demás?

    -                     ¿Sé agradecer la misericordia que Dios ha tenido conmigo?

    -                     ¿Hay alguna persona a la que todavía necesito perdonar?

    -                     ¿Me acerco a Jesús cuando peco o me alejo de Él?

    -                     ¿Mi fe está produciendo amor, misericordia y paz?

    Hoy Jesús también se acerca a nosotros y nos dice: «Tengo algo que decirte».

    No tengamos miedo de escuchar su voz. Quizás quiera mostrarnos algo que necesitamos cambiar. Quizás quiera sanar una herida. Quizás quiera enseñarnos a perdonar. Quizás quiera decirnos que nuestro pasado no tiene la última palabra.

    Porque la última palabra la tiene la misericordia de Dios.

    Que podamos decir con San Pablo: «Por la gracia de Dios soy lo que soy». Y con el salmista: «Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia».

    Y que, al final de nuestro encuentro con Jesús, podamos escuchar también aquellas palabras dirigidas a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz». Amén.







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