Reflexión |P. Ciprián Hilario, msc
San Bruno
(Martes
6 de octubre 2026. Vigésima séptima semana tiempo ordinario, lecturas: Gálatas
1,13-24. Salmo 138. San Lucas 10,38-42)
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
la Iglesia nos presenta la figura de San Bruno, sacerdote y fundador de la
Orden de los Cartujos, un hombre que descubrió que el corazón humano necesita
silencio, oración y una profunda intimidad con Dios. San Bruno comprendió que,
en medio de tantas voces y preocupaciones, necesitamos detenernos para escuchar
la voz del Señor.
Las
lecturas de hoy nos ayudan a descubrir este camino. San Pablo nos habla de su
transformación; el Salmo 138 nos recuerda que Dios nos conoce profundamente; y
el Evangelio nos presenta a Marta y MarÃa, enseñándonos que, antes de hacer
muchas cosas por el Señor, necesitamos sentarnos a sus pies y escuchar su
Palabra.
1.
Primera lectura: Gálatas 1,13-24: Dios puede transformar nuestra vida
San
Pablo recuerda cómo era su vida antes de encontrarse verdaderamente con Cristo.
Él perseguÃa a la Iglesia y defendÃa con pasión las tradiciones de sus
antepasados. Pero Dios tenÃa otro proyecto para él. Pablo dice que Dios lo
llamó por su gracia y le reveló a su Hijo. A partir de ese momento, su vida
cambió.
AquÃ
encontramos un primer elemento para nuestra vida: Dios puede transformar a
una persona cuando esta se deja encontrar por Él.
Nadie
debe pensar: "Yo ya soy asà y no puedo cambiar". San Pablo cambió.
San Bruno cambió su manera de vivir y decidió retirarse al silencio para buscar
a Dios. También nosotros podemos cambiar cuando permitimos que la gracia de
Dios entre en nuestro corazón.
San
Bruno habÃa tenido una vida de estudio, responsabilidades y
reconocimiento, pero descubrió que habÃa algo más profundo: buscar a Dios sobre
todas las cosas.
Hermanos
y hermanas, preguntémonos: ¿Estoy dejando que Dios transforme mi vida? ¿Qué
cosas necesito cambiar para acercarme más al Señor?
La
conversión no consiste solamente en abandonar algo malo. También consiste en
aprender a vivir de una manera nueva, poniendo a Dios en el centro.
2.
Salmo 138: "Señor, tú me sondeas y me conoces"
El
salmista nos presenta una verdad muy hermosa: Dios nos conoce completamente. Él
conoce nuestros pensamientos, nuestras preocupaciones, nuestras alegrÃas,
nuestras heridas y hasta aquello que nosotros mismos no sabemos expresar.
Esto
tiene mucho que ver con la espiritualidad de San Bruno. Su vida estuvo marcada
por el silencio y la contemplación. No buscaba el ruido del mundo, sino
encontrarse con Dios en lo profundo de su corazón.
Segundo
elemento para nuestra vida: Necesitamos aprender a estar a solas con Dios. No
siempre necesitamos hablar. A veces necesitamos simplemente permanecer delante
del Señor.
Hay
personas que tienen tiempo para el teléfono, para las noticias, para las redes
sociales, para conversar con todo el mundo, pero tienen muy poco tiempo para
Dios.
San
Bruno nos enseña que el silencio no es vacÃo. El silencio puede
convertirse en un lugar de encuentro con Dios. Por eso serÃa bueno
preguntarnos: ¿Cuánto tiempo dedico cada dÃa a estar en silencio delante
del Señor?
No
se trata necesariamente de pasar horas. Podemos comenzar con unos minutos:
apagar el teléfono, cerrar los ojos, abrir el corazón y decir: "Señor,
aquà estoy. Tú me conoces. Tú sabes lo que necesito. Habla, Señor, que tu
siervo escucha."
3.
Evangelio: Lucas 10,38-42:"MarÃa ha escogido la mejor parte"
En
el Evangelio encontramos a Marta y MarÃa. Marta está ocupada sirviendo. MarÃa,
en cambio, se sienta a los pies de Jesús para escuchar su palabra.
Jesús
no condena el servicio de Marta. El problema es que Marta está preocupada y
agitada por muchas cosas. Y Jesús le dice: "Marta, Marta, andas
inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. MarÃa ha
escogido la mejor parte."
AquÃ
encontramos una enseñanza fundamental: No podemos vivir siempre
corriendo. También necesitamos detenernos para escuchar a Dios.
Muchas
veces nuestra vida se parece a la de Marta. Tenemos muchas ocupaciones,
compromisos, problemas y responsabilidades. Estamos haciendo cosas
constantemente, pero podemos correr el peligro de hacer mucho y orar poco.
-
Podemos trabajar para Dios y, sin embargo,
olvidarnos de Dios.
-
Podemos estar ocupados en la Iglesia y perder la
paz interior.
-
Podemos hacer muchas cosas buenas y no tener
tiempo para sentarnos a los pies de Jesús.
San
Bruno nos enseña precisamente esto: antes de hacer, necesitamos estar con Dios.
4.
San Bruno: una vida de silencio, oración y búsqueda de Dios
San
Bruno comprendió que el corazón del ser humano no se llena solamente con
actividades, bienes, reconocimientos o éxitos. Necesitamos a Dios.
Por
eso eligió una vida de oración, silencio y contemplación. Su testimonio nos
recuerda que la vida cristiana no consiste solamente en hacer cosas, sino en
cultivar una relación profunda con Jesucristo.
San
Bruno nos invita a recuperar tres cosas:
-
El silencio, para escuchar.
-
La oración, para encontrarnos con
Dios.
-
La contemplación, para aprender a mirar
nuestra vida con los ojos de la fe.
5.
Elementos para nuestra vida
Primero: Dejemos que
Dios nos transforme. Como San Pablo, todos podemos experimentar una conversión.
Nunca es demasiado tarde para volver a Dios.
Segundo: Aprendamos a
guardar silencio. El silencio nos ayuda a escuchar la voz de Dios y también a
escuchar lo que sucede dentro de nuestro corazón.
Tercero: No vivamos
demasiado preocupados. Marta estaba haciendo algo bueno, pero estaba perdiendo
la paz. Hay cosas que debemos hacer, pero no debemos permitir que las
preocupaciones gobiernen nuestra vida.
Cuarto: Pongamos a
Dios en el centro. Cuando Dios ocupa el primer lugar, las demás cosas
encuentran su lugar.
Quinto: Sirvamos,
pero sin olvidar la oración. La Iglesia necesita personas que sirvan, trabajen
y ayuden, pero ese servicio debe nacer del encuentro con Cristo.
Sexto: Busquemos la
"mejor parte". La mejor parte no es tener más cosas. La mejor parte
es tener a Cristo en el corazón.
Séptimo: Aprendamos a
estar con Jesús. MarÃa se sentó a los pies del Maestro. También nosotros
necesitamos sentarnos espiritualmente a los pies de Jesús y escuchar su
Palabra.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, hoy San Bruno nos hace una invitación muy sencilla y
profunda: volver al silencio, volver a la oración y volver a Dios.
San
Pablo nos enseña que Dios puede transformar nuestra vida.
El
Salmo nos recuerda que Dios nos conoce profundamente.
Y
el Evangelio nos enseña que, entre tantas preocupaciones, una sola cosa es
verdaderamente necesaria: permanecer cerca de Jesús y escuchar su Palabra.
Pidamos
hoy al Señor que nos dé un corazón como el de San Bruno: un corazón sencillo,
contemplativo, silencioso y profundamente enamorado de Dios.
-
Que sepamos trabajar como Marta, pero también
sentarnos como MarÃa.
-
Que sepamos servir, pero sin perder la oración.
-
Que sepamos caminar en medio del mundo, pero sin
dejar que el ruido del mundo apague la voz de Dios.
-
Y que podamos decir cada dÃa con nuestra vida: "Señor,
quiero buscarte, escucharte y permanecer contigo. Amén.



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