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    Cárcel, lugar de redención

    La cárcel debe ser lugar de redención. Desde el 1 Encuentro Latinoamericano y del Caribe de Pastoral Penitenciaria celebrado en Bogotá, el II en Caracas, el ID en Bolivia, hasta el IV en Panamá, al tratar el tema sobre "La Iglesia y la Cárcel" directa o indirectamente, se ha venido produciendo una abundante
    doctrina al respecto, muy útil por cierto, para la joven estructura continental de esta acción de la Iglesia.
    No hay que descuidar, además, el acompañamiento psicológico que puede servir para resolver aspectos problemáticos de la personalidad. La Cárcel no debe ser un lugar de des-educación, de ocio y tal vez de vicio, sino redención (ibid.).

    Estructuras físicas y seguridad


    Va ganando espacio la idea de que las prisiones e las naciones deben ser sumamente eficientes en la
    garantía de estructuras físicas tecnológicamente seguras.
    1. Las cámaras de video, cerraduras electrónicas y grilletes telecontrolados desde los monitores de computadoras de alta calidad.
    2. Sistemas ultrasensibles detectores de armas, drogas y alcoholes.
    3. Perros de "pura raza" detalladamente entrenados en el control de todos los parámetros del régimen penitenciario "moderno".
    4. Cuerpos élites de las custodias de los recintos carcelarios, expertos en la desactivación de conatos de motines.
    5. Verjas perimetrales diferenciadas de las que separa el edificio del resto de la población, con la finalidad de que las patrullas de vigilancia interna puedan transitar e impedir posibles fugas.
    6. Sistemas de alarmas con sensores que se activan con la sola cercanía de un interno, en caso de burla
    el control policial perimetral.
    7. Un personal cada vez más tecnificado y especializado en su respectiva área, conocedor de las leyes y
    reglamentos: Competente y dedicado por completo a su función dentro de la estructura del régimen penitenciario. Bien instruido por las Escuelas Penitenciarias.
    8. Estrictos horarios, bien cumplidos con los distintos servicios oportunamente distribuidos.

    Da la impresión, a veces y en ciertos círculos, de que esta estructura es la perfecta. Los países que la han alcanzado trabajan para hacerla cada día más eficaz, los que no las poseen, la desean o son urgidos a alcanzarías. Está en el paquete de oferta de las grandes naciones. Se hacen convenios internacionales con el propósito de alcanzar tal finalidad.
    Ciertamente las, construcciones de nuevas estructuras penitenciarias constituyen una gran preocupación para los gobiernos de las naciones, por la enorme inversión que se debe realizar en la adecuación de estos recintos, a las nuevas exigencias de la penalogía moderna.
    La Iglesia no debe dejarse sorprender por tantos deslumbramientos que, verdaderamente contribuyen
    para adecentar las condiciones de vida física del encarcelado, a garantizar el control de los mismos, reducen las posibilidades de hechos violentos masivos y. aumenta la capacitación técnica de los internos que participen de los programas educativos dentro de los centros penitenciarios.
    La cárcel, la más moderna o denigrante, no deja de ser una "Casa de penitencia", como la llamó Mons. Juan Antonio Flores Santana, Obispo Emérito de Santiago de los Caballeros, en República Dominicana. Es el corazón de hombre lo que debe ser cambiado. Su dimensión espiritual y psicológica nos debe preocupar constantemente, como Agentes de Pastoral Penitenciaría que somos.
    ¡Salud y Paz! Pastoral Penitenciaria / Fray Arístides Jiménez Richardson, adh 756