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    Quien no ama no ha conocido a Dios


    Rincón de la Palabra | Hna. Ángela Cabrera, Misionera Dominicana. "Quien no ama no ha conocido a Dios".  
    Esta pequeña reflexión no es un comentario bíblico. Ella nace del llamado de atención que la frase, cierta mañana, me provocó. Quedé pensando en su sencillo y profundo enunciado. Comparto con ustedes mis meditaciones:
    Amar a quien nos ama es suave y dulce. Las miradas y las actitudes cariñosas, en este ambiente, surgen con fluidez espontáneas. No hay resistencias, sino apertura, comprensión, escucha atenta... Los sacrificios se convierten en gestos creativos preñados de gratitud y todo aquello que se le pueda añadir. Pero la cita no dice: “si no amas a aquella persona que te ama no conoces a Dios”. La frase de la carta, por el contrario, nos deja el horizonte abierto. Entonces comprendí que esta teología está inserta en la propuesta de Jesús:
    Han oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo." Pero yo les digo: amen sus enemigos y oren por los que les persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en los cielos; porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mt 5,43-46).
    La propuesta de estos textos es exigente y nos pone en contacto con nuestra ignorancia, hasta cierto punto, “voluntaria” de Dios. Porque Jesús nos reveló el Amor Perfecto. Sólo que, tal acontecimiento conlleva renunciar a lo fácil y cómodo. Supone vivir en comunión con Dios. En este sentido, conocerle está vinculado a reconocerle y practicarle. La persona que conoce de Dios lo demuestra sin pretensiones, mediante su deseo y empeño por vivir conforme al designio originario de Dios sobre el ser humano.
    La dicha de conocer algo de Dios está abierta a toda persona que no se cierra a la gracia ni interrumpe el Espíritu que no cesa de operar. Este motor divino es, de hecho, quien provoca el deseo de estar próximo de Dios, o sea, de estar consciente de su presencia. Eso, a mi entender, conlleva una renuncia a sí mismo-a (Mt 16,24). Amar a quien no nos ama supone liberarse de los poderes extraños que nos oprimen interiormente. Digo “extraños” porque los sentimientos contrarios al Amor no forman parte de nuestra esencia. Dios todo lo ha creado bueno. Alcanzar esta liberación es nuestra utopía y nuestra tarea. Ella no se consigue con nuestra propia fuerza y disciplina. Ese intento se escapa de nuestras posibilidades. Abandonar el estilo de vida a partir de ciertos “criterios humanos” es un asunto de Gracia.
    Es fácil escuchar pasajes bíblicos como los mencionados. Hasta pudieran convertirse en rutina. Pero están ahí, esperando ser vividos, saboreados, experimentados. Siento que cuando comencemos a mirar con bondad y misericordia a las personas que nos maltratan, será la señal de que la Gracia Divina está operando en nuestro interior. Ella nos introducirá en un silencio meditativo donde el Espíritu nos hará observadores-as contemplativos-as que no condenen, ni busquen venganza, sino que distingan entre el “mal” y la “persona”. Siendo así, experimentaremos que el amor a los-as demás deriva del amor a Dios. El mismo Dios que nos ha conocido antes de tiempo, o sea, que nos ha elegido para esta vocación tan santa y profunda que extrapola credos y religiones.