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    Testigos del siglo XX

    La razones del corazón | Manuel Soler Palá, msscc. Testigos del siglo XX


    Con los pies bien adentrados el siglo XXI, se me ocurre hacer un recuento de los testigos cristianos de más peso que se han sucedido a lo largo del siglo XX. En este contexto, y desde la perspectiva humana y religiosa, cabría preguntarse: ¿cuáles han sido algunos de los testigos más cualificados en el transcurso del siglo XX? ¿Quiénes representan mejor los anhelos del siglo terminado?
    Ante todo me permito recordar a dos mártires, aunque ninguno de los dos pueda acreditar –desde la oficialidad eclesial- su sacrificio en favor de la fe. No tiene mayor importancia, pues la burocracia está ahí para certificar los hechos y éstos siempre son más elocuentes que los decretos.
    Monseñor Oscar Romero. Obispo que fue sensibilizándose en favor de los humildes y explotados a medida que contactaba con sus feligreses. Hacia el final de su evolución espiritual se distinguió por su fervorosa defensa de los pobres, el rechazo de la violencia y el amor a la justicia. Una tal actitud le valió ser acusado de subversivo.
    Recibió el Premio Paz en 1980 y ese mismo año fue propuesto para el Premio Nobel de la Paz. Se cumplen 33 años de su asesinato, que padeció mientras celebraba la Eucaristía en la catedral. Ha sido calificado como el mártir más importante del siglo XX. Es ciertamente el salvadoreño más conocido fuera de las fronteras del país. La vieja catedral donde está enterrado su cuerpo ha venido a ser un centro muy notable peregrinaciones.
    Con gran desconcierto los fieles cristianos fueron testigos de cómo la beatificación de tan excelso mártir encallaba en las rocas vaticanas a lo largo de muchos años. Con enorme gozo acaban de escuchar ahora de boca del Papa Francisco su deseo de que sea beatificado.
    Dietrich Bonhöffer. Teólogo alemán, animador de la llamada "Iglesia confesante". Se opuso al nazismo en nombre del evangelio. Detenido por la Gestapo en 1943, fue ahorcado por los nazis poco antes de la liberación. Su pensamiento y su ejemplo han ejercido poderosa influencia no sólo en la teología, sino también en la vida de los cristianos posteriores. Su propósito como pensador se concretó en el empeño de llevar a Dios y a la Iglesia al ámbito secular.
    Ha hecho fortuna la frase de que resume su pensamiento acerca de Jesús y le califica como "el hombre para los demás". Enseñó que se puede ser profundamente cristiano en una sociedad secularizada y que la fe no debe vivirse en la periferia de la vida -en momentos aislados- sino en el centro de la vida, sin solución de continuidad.
    Un Papa, Juan XXIII. Contrariamente a lo que algunos piensan, también la jerarquía tiene capacidad para estimular y para desvelar nuevos horizontes. Algunos obispos, presbíteros y papas son capaces de fomentar la unidad sin eliminar las manifestaciones de pluralidad. Juan XXIII no exhortó a superar el miedo, simplemente no lo tuvo. Y de ahí que convocara un Concilio, renovara la Iglesia, abriera puertas y ventanas.
    Juan XXIII firmó encíclicas de horizontes humanistas, atentas a los signos de los tiempos. Se preocupó de los obreros, de la paz, de las mujeres discriminadas. Repetidas veces dirigió sus documentos a todos los hombres de buena voluntad. Dijo en una ocasión: "Ahora más que nunca debemos dedicarnos a servir al hombre en cuanto tal y no sólo a los católicos; a defender sobre todo y en todas partes los derechos de la persona humana y no solamente los de la Iglesia católica. No es el evangelio el que cambia: somos nosotros que comenzamos a comprenderlo mejor".
    Bernhard Haering. Religioso redentorista, renovó la moral. La rescató de la casuística, de la periferia, del formalismo y la concentró en su objetivo vital: el amor a Dios y al prójimo. Habló del seguimiento de Cristo y de las bienaventuranzas, personalizó los planteamientos éticos. No declinó proclamar en voz alta sus convicciones, aunque tuviera que pagar por ello un alto precio. Sufrió la marginación y hasta un duro juicio que le hizo sufrir profundamente.
    Martín Luther King. Hizo gala de una enorme valentía y de una encomiable serenidad. Se aprestó a luchar contra la discriminación y la injusticia que sufría su gente. Ofreció la mejilla de la no violencia al agresor racista. Clamó y proclamó la igualdad, levantó su dedo acusador en contra del racismo, tan contrario al evangelio. Hizo crecer la fraternidad y no escatimó esfuerzos para que se entrelazaran las manos de diversos colores.
    Teilhard de Chardin. Científico y pensador francés. Jesuita en 1898. Desde la ciencia pasó al campo de la filosofía y la teología ofreciendo los resultados de investigaciones científicas y de intuiciones personales. Se empeñó en superar concepciones del mundo medievales y escolásticas para ofrecer una visión más acorde con la mentalidad contemporánea.
    Su perspectiva es de una grandeza y solemnidad poco comunes. Supo aunar - fue su gran objetivo y su última pasión- la fe cristiana con las exigencias científicas. La persona de Jesucristo adquiere un relieve poco común en su pensamiento. Como suele acontecer a las mentalidades abiertas y lanzadas al futuro, tuvo que sufrir incomprensiones a propósito de sus puntos de vista. Gran amante de la naturaleza, apasionado del proceso de evolución.
    Edith Stein. Católica convertida del judaísmo. Fue monja carmelita, notable filósofa y escritora espiritual. La Gestapo la arrestó en 1942 y la trasladó al campo de concentración de Auschwitz. Finalmente, ejecutada por los nazis debido a su ascendencia judía. Los supervivientes de este campo de exterminio dan fe de la ayuda prestada por Edith Stein a sus compañeros y vecinos. Murió en una cámara de gas. Fue beatificada por Juan Pablo II en mayo de 1987. adh 768.