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    Fantasmas urbanos de la Ciudad Colonial

    No es lo mismo ni es igual | Pablo Mella / Instituto Filosófico Pedro F. Bonó 
    Los fantasmas urbanos de la Ciudad Colonial
      
    El sábado 2 de mayo pasado se derrumbaba en el casco antiguo de la ciudad de Santo Domingo una casona colonial conocida desde hace unos años como “el Hotel Francés”. Originalmente, se trataba al parecer de una serie de habitaciones donadas al Hospital San Nicolás de Bari para que obtuviera algunos fondos de manutención a través de alquileres. Pero como otras edificaciones valiosas de la zona colonial, estas habitaciones han ido transformándose paulatinamente en espacios exclusivos para el turismo transnacional, no para el beneficio de pobres y necesitados.
    La caída de la casona que aloja el Hotel Francés pone al descubierto el tipo de transformación social que padece la ciudad de Santo Domingo como centro urbano más importante y significativo de la República Dominicana. Veamos algunos de los aspectos implicados y la importancia que estos tienen para la sociedad en general.

    1) Las reacciones después del desastre
    El derrumbe del Hotel Francés causó una reacción contundente en la opinión pública y en las redes sociales. En parte, eso se debe a lo aparatoso que resultó el desplome de las paredes exteriores; pero también al hecho de que la Zona Colonial de Santo Domingo ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad y se exhibe como símbolo emblemático de la cultura nacional dominicana. A partir de esta reacción de la opinión pública se ha comenzado a organizar una reflexión acerca del modo en que se trata y operativiza la temática urbana en la Ciudad Colonial de Santo Domingo; pero todo parece indicar que los esquemas reflexivos siguen siendo los mismos que han llevado al desastre actual.
    Lo primero que se ha puesto de manifiesto es la manera autoritaria y excluyente en que se viene haciendo la intervención en la zona colonial. Desde hace unos años, el Ministerio de Turismo junto con el Grupo Vicini y sus contratistas han ido tomando decisiones sobre el centro de la ciudad sin dialogar adecuadamente con los residentes ni con los comerciantes de la zona. Tampoco han tomado en cuenta al Ayuntamiento de Santo Domingo, que debería ser la institución encargada de llevar a cabo esos proyectos de remodelación. La percepción de los que allí habitan y trabajan es que el trabajo se lleva a cabo de manera caótica y con poca supervisión. Por esta razón, no se esperan buenos resultados esperados ingenieriles y arquitectónicos.
    El derrumbe de la casona colonial hoy emblemática evidencia el modo tosco y poco coordinado en que se está a llevando a cabo la remodelación de la ciudad colonial dentro de un plan de reforma pensado para el turismo internacional transnacional, no para fortalecer el tejido urbano de Santo Domingo. Si no hubo pérdida de vidas humanas fue porque la gerencia del hotel tuvo la prudencia de sacar un par de días antes a los huéspedes, pudiendo trasladarlos a otra propiedad suya en la calle Las Damas.
    Otras instituciones clave se quejaron posteriormente de no haber sido consultadas convenientemente para el gran proyecto que se está realizando: el Colegio Dominicano de Ingenieros y Arquitectos (CODIA) y el Comité Dominicano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS).

    2) Pistas para el futuro
    El desastre mismo ha abierto pistas para el futuro. Al otro día del derrumbe, autoridades del Ayuntamiento de Santo Domingo y miembros del cuerpo de bomberos fueron invitados a una reunión, en donde tuvieron una participación de equilibrio en medio de la tensa situación creada entre la compañía hotelera, los lugareños y la oficina de turismo que está a cargo de la remodelación.
    La inclusión es el camino de los planes urbanos. El proceso de la remodelación de la ciudad no se puede llevar “a la cañona”, a través de una administración vertical y poco transparente del Ministerio de Turismo para beneficiar tan solo un tipo de inversión capitalista. Los primeros a ser consultados ahora deben de ser los vecinos y comerciantes. Ellos tienen un conocimiento vivo del espacio; pero además, tienen derechos que están siendo conculcados por el capital más poderoso de la dinámica económica actual o por intereses puntuales asociados a las inversiones que se llevan a cabo. Naturalmente, la consulta a la población deberá hacerse con cierta metodología, que permita hacer contrastes para que la lluvia de ideas sea fructífera.
    Deberán ser consultados también algunos urbanistas con experiencia en intervención de áreas como la zona colonial, es decir, núcleos antiguos de ciudades centenarias. En tercer lugar, deberá pensarse en consultar a arqueólogos y geólogos que permitan establecer las condiciones en que se encuentran las edificaciones y los terrenos sobre los que estas están construidas, muchas veces producto de sucesivos rellenos.
    Por último, deberá pensarse en la gestión. Habrá de formarse una comisión que integre a los ministerios de obras públicas y de cultura. No basta con que estos se hayan constituido en la llamada “Comisión de Alto Nivel para el Rescate del Hotel Francés”. De nuevo, se improvisa algo que beneficia principalmente al capital turístico internacional; no se trata de “rescatar el Hotel Francés” sino de pensar la remodelación de la Ciudad Colonial para la convivencia local y la acogida cálida de diversidad de visitantes. Por eso quizá convenga que la coordinación de la intervención en la Ciudad Colonial pase al Ayuntamiento de Santo Domingo. Esto sería el mejor signo de que la descentralización del proceso va en serio. La ley 176-07, que norma las funciones del Distrito Nacional y los municipios, establece en su artículo 19, literal h, que es competencia del ayuntamiento velar por la preservación del patrimonio cultural.
    No se explica que el proyecto de intervención de la Ciudad Colonial en curso, que cuenta con un financiamiento de casi 30 millones de dólares del BID, se haya estado realizando de esta manera tan ineficiente y con tan poca transparencia. Ciertamente se habrá consultado a muchos técnicos en cableado eléctrico, líneas telefónicas y otros asuntos más “vistosos”, como arreglos de fachadas para que parezcan viejas y nuevas al mismo tiempo. Lo que no se ha previsto es un plan de los aspectos socioambientales ni se han pensado los riesgos que implica intervenir de manera tan invasiva en calles y construcciones centenarias. Debe haber habido muchos accidentes cotidianos que no han sido registrados públicamente. Tampoco se ha pensado en los problemas de circulación vehicular y de estacionamiento que ha creado la intervención para quienes allí habitan y trabajan. Se ha ignorado por completo una plan de formación especial para los lugareños, de tal manera que ellos mismos se conviertan en actores claves del más emblemático espacio urbano de la ciudad de Santo Domingo.
    Lo más importante en una ciudad no son sus edificaciones ni los planes de construcciones futuras en función de la acumulación de capitales. La planificación urbana busca establecer principios fundamentales, reglas de intervención y metas a largo plazo que hagan más factible y agradable la convivencia de quienes habitan en una ciudad, para que puedan desarrollarse en todos los aspectos de su vida: física, moral y espiritual. Esto no excluye lo económico, sino que le da un rostro humano. Conviene mantener el ojo abierto sobre el censo que lleva a cabo el Ministerio de Turismo, supuestamente para “conocer la densidad poblacional y los atributos demográficos y socioeconómicos” de la zona. Y una vez acabado el proceso, hacer una gran auditoría para saber quién y cómo se ha beneficiado con los millones de dólares que habrán corrido.
    El peculiar “urbanismo turístico” que parece guiar caótica e interesadamente a la ciudad de Santo Domingo, especialmente en el casco antiguo, no podrá obtener los resultados esperados de un auténtico proyecto urbanístico, a saber, el bienestar y la felicidad de las personas que en ella interactúan. Ojalá se trate a las personas como se recogerán escombros del siglo XVI para que en la apariencia todo siga paradójicamente “igual y mejor que antes”.
    La Ciudad Colonial necesita de un verdadero plan urbanístico; pero lo mismo puede decirse de todo Santo Domingo. Lo acontecido no es más que una muestra representativa de la imposibilidad de planificar una ciudad cuando los poderes locales son ahogados por los poderes nacionales y transnacionales. ADH 791.

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