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    Los encuentros con Jesús

    Rincón de la Palabra | Hna. Ángela Cabrera, MDR  



    Los encuentros con Jesús  
    Este artículo muestra un pequeño recorrido sobre los encuentros con Jesús en los evangelios. En un primer momento parte de Dios Padre, como origen motor de todo encuentro fecundo generador de vida, justicia y santidad. Posteriormente detiene la mirada en la madre María, como mujer que inaugura y pone los criterios para encontrarse con el Señor. Presenta las repercusiones y consecuencias de tal aproximación íntima, así como los frutos que de ella se generan. ¿Qué significa estar con Jesús? En Marcos 1,17 adelanta que llama a estar con él para enviar a predicar con la fuerza del Espíritu Santo. Para hablar sobre Jesús es necesario estar con él. Para ser en él es preciso transformarse en el fuego de su presencia. Que esta pequeña reflexión nos anime a ser discípulos, a los pies del maestro, y misioneros, generadores de la vida salida de las entrañas del Padre (Cf. Aparecida, 131).

    Palabras clave:

    Encuentro – Sanación – Transformación – Conversión – Predicación – Misión - Salvación

    Encontrarse es cosa de Dios

    Dios no sabe estar “solo”, literalmente solo, además de aburrido, estar y vivir solo debe ser muy triste. Aunque Dios posea divina autenticidad en su propia esencia, su naturaleza es comunitaria. Ha salido de él mismo para hacer a la humanidad participar de su gloria (Cf. Aparecida, 129). En este sentido, la teología bíblica lo muestra diligenciando los preparativos para el encuentro con su pueblo (Ex 25,22). Como una persona enamorada se alista para recibir a su amor, él se empeña para que detalles permitan la experiencia. Es en este contexto donde nos llega la imagen de la “tienda del encuentro” (Ex 30,18).

    En la tradición bíblica, se esperaba que el pueblo viniese a donde Dios había prometido estar. Nunca faltó a su compromiso. Pero nunca dejó sin compromiso a quien se encontrase con él. La junción de ambas partes, aún con intermediarios, transformaba al lugar en espacio sagrado, santidad que abrazaba, de manera especial, a las personas (Ex 29,43). El lugar de experiencia o de encuentro queda grabado como un memorial bendito. Lo vivido reviste de sacralidad la experiencia. Notamos, a su vez, que ya en la tienda, en la montaña, en el desierto o en el camino, el encuentro acontece sin interferencias geográficas, porque donde está el deseo o la necesidad se inaugura el espacio predilecto para encontrarse. Quiere decir que estando en camino puede suceder el encuentro: “Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz para mi sendero” (Sal 119,5).

    Son evidentes iniciativas creativas surgidas por la urgencia del amor: “Dios se nos ha aparecido” (Ex 5,3). Sale al encuentro las veces que sean necesarias (Nm 23,3). Sorprende en cualquier espacio o momento, sin previo aviso. Su proximidad es como fuego ardiente incesante en cuyas llamas se invita a despojarse de las propias sandalias, de las pequeñeces humanas, empolvadas, limitadas, que estorban la dignidad del proyecto a ser compartido (Ex 3,5). Quitarse las sandalias es un acto de reconocimiento, y también una manera de permitirse tocar la tierra, sentirla, impregnarse, empaparse de Dios, desde las plantas de los pies hasta más allá de los pelos de la cabeza.

    En suma, podemos auxiliarnos de la Carta a los Hebreos para afirmar que muchas veces y de muchas maneras, se ha (“encontrado”) Dios en el pasado “con” nuestros padres por medio de los profetas y las profetisas. Pero en los últimos tiempos lo ha hecho por medio de su Hijo (Cf. Heb 1,1-2). La encarnación puede considerarse el máximo escándalo del amor de Dios, la más relevante de sus innovaciones para darse a conocer de manera perfecta, e invitarnos integralmente a vivir en su perfección, en un encuentro sin fin.

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