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    “¡Oh viejo Jo…!"

    Apuntes Misioneros | Pedro Ruquoy, cicm


    “¡Oh viejo Jo…!"  
    Atrás quedaron los días de la amistad
    Todos mis amigos dejaron las fincas de algodón
    Se fueron al país del gran descanso
    Oigo su voz suave cantando
    ¡Oh Viejo Jo!
    Aquí estoy, destruido por los duros trabajos
    Oigo su voz suave cantando
    ¡Oh Viejo Jo!
    Cuando yo era adolescente, con muchos otros muchachos de mi generación, teníamos la costumbre de pasar tres semanas de nuestras vacaciones en un campamento en medio de las praderas. Cada noche, debajo de las estrellas, hacíamos una pequeña fogata y pasábamos una hora o dos cantando. El canto "¡oh Viejo Jo! nunca faltaba. Es una canción que expresa la tristeza de un viejo inmigrante negro quien ha pasado toda su vida trabajando en las fincas de algodón, como los picadores de caña en los ingenios de la República Dominicana. Viejo y enfermo, está esperando la muerte y piensa en todos sus compañeros de vida difuntos.  El les oye llamándolo a juntarse con ellos en el país del gran descanso.
    Hace más de 55 años que la melodía del "viejo Jo" salía de nuestra boca de niños. En aquel tiempo, yo no sabía lo que significaba ser viejo y enfermo. Hoy en día, "el viejo Jo" ha entrado en mi corazón y, como él, no dejo de pensar en una muchedumbre de hombres y mujeres amigos quienes hicieron un buen trozo de caminata junto conmigo y se fueron al país del gran descanso. Pienso especialmente en Florentino y León, dos compañeros cicm quienes trabajaron por varios años en los bateyes del Ingenio Barahona y cayeron enamorados de esos pobres de la tierra quienes no tenían absolutamente nada y ponían toda su esperanza y su vida misma en las manos de Dios. A ellos y a tantos otros amigos difuntos de Bélgica, República Dominicana, Haití, Zambia les oigo llamándome "¡Oh viejo Pedro!"

    El rostro de la vejez
    Cuando uno está joven y lleno de fuerza, uno mira a los ancianos con admiración, a veces, uno anhela llegar a la vejez para poder descansar y hacer lo que le gusta. Pero, desgraciadamente, no es la experiencia que yo tengo, al dar los primeros pasos en esta última etapa de la vida. Mi madre, quien acaba de cumplir 88 años, suele decir: "quien dijo que la vejez es un verdadero naufragio tiene absolutamente razón".  Nunca me interese en saber quién pronunció esa frase hasta este mismo momento en que les escribo: Se trata del famoso general Charles de Gaulle quien gobernó Francia por varias décadas, especialmente durante la segunda guerra mundial (1940-1945).
    Sobrecargado por la enfermedad y los años, tengo la impresión de ser como un barco que se hunde poco a poco en el océano. Sigo viviendo en la sabana africana pero no tengo fuerza para caminar y escribir una página me cuesta varias horas de trabajo, El Obispo y los Superiores tienen una forma muy elegante para decir que uno ya tiene que dejar el trabajo:"¡Ahora, padre, sólo le toca dar consejos sabios!". Los adolescentes de la casa se dan cuenta que ya no puedo enojarme y se aprovechan alegremente de la situación para salir de noche y comer la fruta prohibida. Con la enfermedad de Parkinson que progresa al pasito, cualquier problema me hace temblar como si mi cuerpo estuviera sacudido por un terremoto. No puedo vivir sin una serie de medicinas que han transformado una parte de la cocina en una verdadera farmacia. Por desgracia, esa medicina no cura pero sólo frena el avance de la enfermedad y tiene efectos secundarios bastante desagradables. Hace unas tres semanas me tocó cruzar parte de la ciudad de Lusaka en ambulancia y celebrar mi cumpleaños en el hospital. ¡Una nueva experiencia!

    Vienen las preguntas…
    Frente a esta situación de debilidad creciente, dos grandes preguntas me vienen siempre en la mente: ¿Dónde está Dios? y ¿Cómo ser misionero?

    ¿Dónde está Dios? Tengo que admitir que más que nunca, las dudas invaden mi corazón. Me cuesta creer en la bondad y en el amor de Dios. Me cansa rezar y tengo la triste impresión que mi oración es inútil. Quizás se trata de una temporada pasajera y que pronto una lucecita brillará. como lo dice tan bien un poeta ilustre: "Entre más oscura la noche, más brillantes las estrellas!" Pero cuesta caminar en la oscuridad de la fe y seguir viviendo a pesar de tener la sensación de haber fracasado. Como Job, me queda la esperanza: Algún día Lo veremos frente a frente y El nos llenará de alegría.

    …Y una respuesta
    ¿Nuestra misión? Seguir adelante; como el viejo Jo, escuchar la dulce voz de todos los que nos han precedido y prepararnos para el gran viaje hacia el país del gran descanso compartiendo todo. ADH 816

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