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    El complejo de la mujer de Lot

    Biblia | P. William Arias


    El complejo de la mujer de Lot  
    El papado de Francisco se está presentando ante el mundo y en medio de la Iglesia, como un pontificado que busca abrir puertas y ventanas que en los últimos tiempos se han cerrado dentro de la casa de la Iglesia y que desde hacía tiempo después del concilio debieron de abrirse. Pues hay gente que se resisten al cambio, a lo nuevo; claro no es un cambiar por cambiar o moda, sino para responder a las necesidades del hombre de hoy, que no se detiene y ante un mundo donde constantemente las perspectivas, situaciones y quehacer humano cambian. Hay personas que en esa resistencia lo que quieren es volver al pasado, volver su mirada atrás, y entonces quedan petrificados en el presente a semejanza de lo que le paso a la mujer de Lot en la Biblia.
    En Génesis 19 está la historia de la destrucción de las dos ciudades malditas Sodoma y Gomorra. Ante de la destrucción, los mensajeros de Dios se hospedan en la casa de Lot, sobrino de Abraham, comunican la intención de acabar con las ciudades por sus pecados, ellos mismo sufren la situación reinante, y permiten que Lot y su familia se salven, pero le recomiendan que cuando huyan y ante el fuego que caerá sobre las ciudades no miren atrás, pero cuando van huyendo, la mujer de Lot mira atrás y queda convertida en estatua de sal (Gen 19,26).
    Hay una leyenda que dice, que todo esto ocurrió a orillas del  hoy mar Muerto, que en ese entonces era un lago de agua dulce y de vida, donde desemboca el río Jordán, entonces con el paso de los días la estatua de la mujer de Lot, comenzó a derretirse y toda esa sal fue a parar al hoy mar Muerto, matando toda vida que allí había, creando sedimentos de sulfuro y convirtiéndolo en un lago de aguas altamente saladas y muy densas, como lo es hoy en día.
    Pero el asunto es que en nuestro tiempo, lamentablemente y dentro de la Iglesia  hay gente que son así, quieren y están mirando atrás, añorando todo el pasado fatuo de la Iglesia y quieren volver atrás, a los años antes del concilio, al régimen de la Cristiandad, a la antigua disciplina y más cosas pasadas que se deben dejar dónde están. Pero el que mira atrás como la mujer de Lot, se petrifica e inmoviliza, no avanza, se estanca, pues el creyente es un hombre o mujer de retos, de avance, sin miedo al futuro y enfrenta el presente; vale bien aquella frase de Jesús en Lucas 9,52, de que: ´´Nadie que pone la mano en el arado y mira atrás no es apto para el del reino de Dios´´.
    De igual manera, como decía la leyenda que la estatua se derritió, y devino en lo que es hoy el mar Muerto, así también el que mira atrás o solo vive del pasado, es como una sal que lo  daña todo, no engendra vida, solo posibilita y reproduce muerte, pues el pasado debe dejarse bien enterrado dónde  está, se le amarga la vida a los que quieren seguir adelante con la novedad del reino y dejarse guiar por el aleteo presente del Espíritu. Es una sal contraría a la que anunció Cristo, cuando en Mateo  5,13 dice: ´´Ustedes son la sal de la tierra. Más si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada y pisoteada por los hombres´´. Mirar al pasado con añoranza y deseo de volverlo a repetirlo, es sal desvirtuada, no sirve para nada, sobre todo si ese mismo pasado fue una retranca en el camino de la fe y en la vivencia auténtica del evangelio y de los valores del reino de Dios. ADH 816

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