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    Si tienes problemas... no dejes de leer

    Casa de Luz | Juan Rafael Pacheco, casadeluzjn812@gmail.com



    Si tienes problemas… no dejes de leer esto  
    Bueno, te decidiste a leerlo. Eso quiere decir que tienes problemas, y que te gustaría encontrar la solución a tus problemas.
    Si es así, voy a pedirte que leas esto con calma… sin interrupciones… en un momento de total tranquilidad… cuando puedas leerlo despacio… dándote tu tiempo para que puedas aprovechar el mensaje, exprimirlo, sacarle hasta lo ultimito que pueda ayudarte a eso. A solucionar tus problemas.
    Y es que en el mensaje que trae este artículo está la solución –repito, la solución—para todas nuestras angustias, nuestras preocupaciones, nuestras desesperanzas, nuestras ansiedades, en una palabra, nuestra falta tan grande de una fe robusta que nos haga comprender, de una vez por todas, cómo es que actúa el Señor cuando nosotros le abrimos de par en par las puertas de nuestro corazón y nos abandonamos en Él…
    El autor del mensaje es Lorenzo Martínez, aún cuando realmente él no fue sino el canal del que se sirvió el Espíritu Santo para iluminar su mente y regalarnos lo que sigue a continuación, titulado “Ante su mirada”…
    “¡Que mirada tan profunda, tan serena, tan llena de paz y de ternura, tan llena de luz y de vida, es la mirada de Jesús! Es la mirada que resume tu vida y que te dice: ‘te conozco más que tú mismo. Sé quién eres, se de tus triunfos y fracasos, de tus buenas y malas obras, conozco al dedillo tus virtudes y defectos y sin embargo te amo’. Es la mirada que en vez de condenarte, te perdona, en vez de reprocharte, te habla con dulzura, en vez de castigarte te premia y en vez de repudiarte por tus errores, te sumerge en su costado abierto de misericordia, y en vez de lastimar tus heridas las sana y lava con su sangre y te conduce hacia fuentes tranquilas y en verdes prados te hace reposar.
    Su mirada es como un rayo de luz que traspasa el cerco de nuestra intimidad e ilumina todo nuestro interior y nos hace aparecer ante su presencia desnudos de todas las caretas y disfraces que nos impiden vernos tal cuales somos. Pero no es para delatarnos y acusarnos, sino más bien, para romper las cadenas que nos atan y derribar los muros que nos encierran en nuestro egoísmo y tristeza, en nuestro odio y soledad, y darnos la oportunidad de ser liberados con el poder de su Santo Espíritu.
    Pero, muchas veces, tenemos miedo de alzar nuestros ojos y entrecruzar la mirada con la del Maestro. Sentimos temor de alumbrarnos en el espejo de Justicia porque el estado de abandono y miseria en que nos encontramos, nos hace sentirnos indignos de ponernos en su presencia. Y nos olvidamos de que Él es la fuente del amor y la misericordia, desde donde brotan ríos de agua viva que saltan hasta la vida eterna. Ignoramos que estamos como tierra reseca agostada sin agua y que necesitamos ser regados por el agua de la Vida, para que podamos ser fecundos y dar frutos en abundancia.
    Cuando Jesús se encontró con la mujer samaritana, en el pozo de Jacob, se le confesó como el dueño de esa fuente de agua viva que se prueba y colma nuestra sed para siempre. La fuente que todos los hombres ansían pero no saben cómo llegar a ella, pero que cuando la descubren son capaces de vender todo cuanto tienen para quedarse con ella, porque han encontrado la perla que tanto buscaban. Y es a través de su mirada que Jesús nos permite ver la gran riqueza que hay en Él, y la gran necesidad que tenemos de sus dones y gracias.
    Su mirada nos descubre y nos busca entre la multitud y el bullicio de este mundo, se posa sobre nosotros y nos hace saber sentir la necesidad de acercarnos a Él. Es una fuerza irresistible y poderosa que emana de la fuente inagotable de su misericordia. Fuerza que nos hace sentir unidos y vinculados a un Dios vivo y cercano que por su infinito amor, nos ha incluido en su plan maravilloso de salvación y vida eterna.
    No temas en mirar a Jesús, poner tu confianza y apoyo en Él, porque Él desea compartir tu cruz, tu peso y tu dolor y redimirte de un modo personal, de tal suerte que puedas ser un testigo auténtico de su amor. De ese amor que se derrama y te abraza con poder para que pises firme y puedas caminar sobre las aguas turbulentas”.
    Bendiciones y paz.
    Este relato aparece publicado en la página 81 de mi libro “La Mariposa Azul y los Regalos de Dios – Historias y cuentos para sanar tu corazón”. Disponible en Librerías Paulinas, La Sirena y Librería Cuesta.

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