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    El ministro de la reina de Etiopía

    Lectura Orante | P. Marcos Plante, MSC 

    El ministro de la reina de Etiopía


    Léase al paso este episodio que involucra a Felipe y un ministro etíope, Hch 8,26-40. Se trata del primer anuncio de Evangelio a un extranjero, uno que no sea judío.
    1º Interpretación del texto: Hasta aquí la buena noticia de Jesús Mesías y Señor resucitado se limitaba a los creyentes de Jerusalén. Recuérdese la persecución contra los apóstoles de parte del Sanedrín, Consejo de los Ancianos a quienes Pedro había declarado: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”, despreciando así la advertencia del Consejo de los Ancianos. Más tarde, Felipe se aventuró en Samaría donde tuvo gran acogida de parte de los samaritanos, de modo que hubo gran alegría en aquella ciudad.
    En este momento, el ángel del Señor conduce a Felipe camino de Gaza a través del desierto. Por el camino se topa con un ministro, hombre de confianza de Candace, la reina de Etiopía. Según algunos exegetas, este hombre era un pagano simpatizante del judaísmo, de los llamados “temerosos de Dios”. Estos llegaban a relacionarse con el templo y podían acceder al espacio reservado a los extranjeros y al tráfico de los animales. El ministro volvía de su peregrinación a Jerusalén muy concentrado en la lectura del profeta Isaías. El Espíritu señaló a Felipe: “Acércate y ponte junto a la carroza del ministro etíope. Felipe fue corriendo y, al oír que leía al profeta Isaías, le dijo: ¿Entiendes lo que estás leyendo? Él respondió: ¿Cómo lo voy a entender, si nadie me lo explica?” Aquí veo una similitud con los discípulos que Jesús acompaña camino de Emaús. Jesús empezó entonces a explicarles las escrituras sobre lo que debía sufrir el Mesías para entrar en la gloria. De igual modo, Felipe sube a la carroza del ministro y le explica el significado del texto de Isaías acerca del Siervo de Dios que fue llevado al matadero, como cordero mudo ante el esquilador (Is 53,7-8). Felipe tomó la palabra y, partiendo de este pasaje de la Escritura, le anunció la grandiosa noticia de Jesús muerto en la cruz y resucitado. El hombre se sintió tan conmovido que al llegar a un lugar donde había agua, dijo a Felipe: “Aquí hay agua. ¿Hay algún impedimento para que me bautices?” Entonces, se pararon en el agua y Felipe lo bautizó. Como los discípulos de Emaús, este ministro volvió a su país anunciando lo que el Señor le había comunicado por el camino a través de un discípulo que enseguida fue arrebatado de su vista por el Espíritu. Felipe siguió su camino predicando la buena noticia hasta llegar a Cesarea a orilla del mar. Este episodio se presenta como ejemplar de la iniciación cristiana en las comunidades lucanas.
    2º Meditación: Mi meditación hoy, se fija en las posibilidades que se nos presentan para anunciar la grandiosa noticia de Jesús resucitado, superando el escándalo de la muerte en cruz. El escándalo de la cruz, o del sufrimiento de los inocentes, se ve iluminado por la vida que vence la muerte, la vida que Dios reserva a los que creen y confían él. Como el ministro de la reina etíope, todo creyente tiene derecho de recibir gracias a su Bautismo esa vida que el Señor reserva a los descubren el amor divino de Jesús que lo llevó a la muerte de cruz.
    3º Oración: “Yo confío en ti, Señor, ¡Tú eres mi Dios! Mi destino está en tus manos, líbrame de los que me persiguen. Que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, ¡sálvame, por tu amor! ¡Qué grande es tu bondad, Señor! Tú la reservas para los que te aman y la ejerces en presencia de los que se refugian en ti.” Sal 31,15-17.20. Esta oración del salmo, Señor, refleja lo que sufro en mi corazón por tu entrega en la cruz para salvar este mundo pecador.
    4º Contemplación: Voy corriendo con Felipe al lado de la carroza del ministro etíope; veo cómo se interpelan y la invitación de subir a la carroza. Les acompaño escuchando la interpretación de profeta Isaías que Felipe le da a la profecía del siervo de Dios entregado por los pecados del mundo. Les acompaño mientras entran en el agua para bautizarse; adivino la fe del ministro pagano desde este momento y su alegría al descubrir la fe en Cristo muerto y resucitado para iniciarnos a la vida eterna. Adh 821

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