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    Valor Santidad

    Valor del Mes | P. Juan Tomás García 



    SANTIDAD
    Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17,17)

    Junio es el sexto mes del año y en él se nos invita a promover el valor de la Santidad. Me preguntaba en qué puede ayudarnos la santidad en el fortalecimiento de nuestras comunidades y el implemento de nuestro Tercer Plan de Pastoral. Regularmente el tema de la Santidad se presenta en el ámbito individual y la pastoral es comunitaria, sectorial, parroquial y diocesana. Pero el papa Francisco nos ha dedicado una exhortación Apostólica en plural para todos los pueblos, sobre la santidad: Gaudete et exsultate (GE) “Alégrense y Regocíjense”. Aprovecho esta reflexión para destacar algunos elementos del contenido de la Exhortación y elementos que puedan ayudarnos a crecer en este valor universal de la Santidad.

    “Santifícalos en la Verdad; tu palabra es verdad” (Jn 17,17). Desde este versículo del Evangelio de San Juan comenzamos a comprender que la santidad viene de Dios, Dios es “El Santo”. Nuestro punto de partida para alcanzar madurez espiritual ha de ser el reconocimiento del amor que Dios nos tiene. A él le pedimos que nos santifique con su amor, amándonos como él nos ama. La llamada a la santidad es una llamada universal. No se dirige sólo a los sacerdotes o religiosos o religiosas. Es una llamada universal que toca a todo cristiano, a los miembros de la comunidad cristiana. La santidad no es el dedicarse a grandes rezos o sacrificios. La santidad es la comunión con Dios. La santidad es la obediencia filial y amorosa al Padre de las misericordias. La santidad debe buscarse en la vida ordinaria y entre las personas con las que compartimos la vida diaria; no en modelos ideales, abstractos o sobrehumanos. El camino de la santidad es sencillo, como dice habitualmente el papa Francisco. No ir hacia atrás, sino seguir siempre adelante.
    Rasgos de la santidad
    El Papa Francisco en su Exhortación Gaudete et exsultate, señala varias características concretas:
    1) La primera característica tiene los rasgos del aguante, la paciencia y la mansedumbre. Es necesario «luchar y estar atentos frente a nuestras propias inclinaciones agresivas y egocéntricas para no permitir que se arraiguen» (GE 114). La humildad, que se alcanza también gracias al soportar las humillaciones cotidianas, es una característica del santo, que tiene un corazón «pacificado por Cristo, liberado de esa agresividad que brota de un yo demasiado grande» (GE 121).
    2) La segunda característica es la alegría y sentido del humor.  La santidad “no implica un espíritu apocado, tristón, agriado, melancólico, o un bajo perfil sin energía” (GE 122). Más aún, “el mal humor no es un signo de santidad” (GE 126). Por el contrario, “el santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor. Sin perder el realismo, ilumina a los demás con un espíritu positivo y esperanzado” (GE 122). El Señor “nos quiere positivos, agradecidos y no demasiado complicados” (GE 127).
    3) La tercera característica es la audacia y el fervorEl reconocimiento de nuestra fragilidad no debe impulsarnos a la falta de audacia. La santidad vence los miedos y los cálculos, la necesidad de encontrar lugares seguros. El Papa menciona algunos: “individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya prefijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo, refugio en las normas” (GE 134). El santo no es un burócrata ni un funcionario, sino una persona apasionada que no sabe vivir en la «mediocridad tranquila y anestesiante» (GE 138). El santo desinstala y sorprende, porque sabe que “Dios siempre es novedad, que nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras” (GE 135).
    4) La cuarta característica es el camino comunitario. A veces la Iglesia “ha canonizado a comunidades enteras que vivieron heroicamente el Evangelio o que ofrecieron a Dios la vida de todos sus miembros” (GE 141), preparándose juntos incluso al martirio, como en el caso de los beatos monjes de Tibhirine, en Argelia (cf. GE 141). Para Francisco, la vida comunitaria preserva de la “tendencia al individualismo consumista que termina aislándonos en la búsqueda del bienestar al margen de los demás” (GE 146). Las comunidades cristianas se santifican discerniendo la voluntad de Dios y poniendo en ella su atención constante.
    5) La quinta característica es la oración constante. El santo “necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en las limitaciones cerradas de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas tiene sed de Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor” (GE 147). Esta misma actitud le lleva a estar pendiente de sus hermanos para darle la mano al que necesita sus servicios y compañía.
    Alegre santidad
    El llamamiento del Papa Francisco a la santidad está abierto a la invitación a la alegría sencilla del Evangelio, citada al comienzo de la exhortación: «Alégrense y regocíjense» (Mt 5,12). La alegría es la “consolación espiritual”, “toda alegría interna que llama y atrae a las cosas celestiales y a la propia salud, aquietando y pacificando en su Creador y Señor”. El cristiano no puede tener “cara de funeral” (EG 10). Los términos alegría, gozo son, en general, de los más recurrentes del vocabulario del Papa. A nosotros nos hace mucho bien asumir la santidad como un camino comprometido en comunidad para vivir nuestra vocación cristiana.
    No olvidemos que cada día tenemos que vivir atentos y comprometidos, respondiendo con generosidad a la llamada de Dios, discerniendo en cada etapa su voluntad y cuidándonos de no distraernos pues la realidad cotidiana nos presenta muchas invitaciones a una vida desorganizada y caótica fuera del camino que construye el reino.
    Agradezcamos a Dios el don de la Santidad y no tengamos miedo a asumir nuestra fe dejándonos transformar por el resucitado que nos envía a anunciar la Buena Noticia a nuestros hermanos. La vivencia de las bienaventuranzas nos ayudará a detallar nuestro compromiso corresponsable en las relaciones comunitarias que nos toca ejercer en el día a día. Siguiendo la oración de Jesús, pidamos siempre: Santifícanos, Señor con la Verdad; tu Palabra es la Verdad. ADH 835


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