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    Día Mundial del Medio Ambiente

    Ecología Integral | Jovanny Kranwinkel 


    ¿Para qué pasamos por este mundo? ¿para qué vinimos a esta vida? ¿para qué trabajamos y luchamos? ¿Para qué nos necesita esta tierra? (LS 160).

    El día 5 de junio se celebra el día mundial del Medio Ambiente y estas cuestionantes que nos presenta el Papa Francisco nos interpelan a analizar nuestra forma de ver cómo estamos viviendo en nuestra casa común. Parecería no haber un criterio generalizado de conservación de lo recibido y de lo creado.

    Haber dedicado un día del año a analizar lo que pasa en nuestro ambiente en medio de lo que se vislumbra como un escenario sombrío para el futuro del planeta, es importante. Los cambios climáticos y las consecuencias de los daños ambientales son cada vez más evidentes.

    Primeramente felicitamos a aquellos que están dedicando su vida, ya sea desde el ámbito científico, académico, social o religioso, a cuidar el ambiente desde diversas instituciones.

    El Sumo Pontífice reconoce al igual que sus predecesores el esfuerzo que muchos hombres y mujeres hacen por el cuidado de nuestro ambiente y les felicita por el esfuerzo: “Deseo reconocer, alentar y dar las gracias a todos los que, en los más variados sectores de la actividad humana, están trabajando para garantizar la protección de la casa que compartimos. Merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del mundo.” (LS 13).

    Una dimensión ética
    Nos alegramos de poder contar con estos especialistas que desde las ciencias naturales, la biología, la ecología, la química, la agricultura y otras ciencias nos ayudan a que nuestras paso por esta tierra sea lo menos impactante posible.

    Es importante que esta labor sea lo más ética posible, ya que realmente necesitamos sincerizar los procesos sostenibles y que no se conviertan en meros negocios de conservación sin tomar en cuenta el inevitable desarrollo humano.

    Nuestra relación con el entorno
    En este tiempo es importante que cada uno revise la relación que tiene con el entorno natural donde habita y hace vida cotidiana, observando si nuestras acciones son de conservación o destrucción.

    Todavía mantenemos un lugar donde vivir más o menos estable para que la vida continúe en sus diversas formas de biodiversidad, pero es evidente que esta forma de vivir actual, está impactando negativamente el entorno que hace viable la vida en este planeta.

    Hace años que se viene analizando la situación y se sabía que muchas de las cosas que están pasando pasarían y eso no ha sido sostenible, por eso el Papa ha pedido tener una justicia más allá del tiempo actual cuando expresa: “La noción de bien común incorpora también a las generaciones futuras. Las crisis económicas internacionales han mostrado con crudeza los efectos dañinos que trae aparejado el desconocimiento de un destino común, del cual no pueden ser excluidos quienes vienen detrás de nosotros. Ya no puede hablarse de desarrollo sostenible sin una solidaridad intergeneracional. Cuando pensamos en la situación en que se deja el planeta a las generaciones futuras, entramos en otra lógica, la del don gratuito que recibimos y comunicamos.


    Todo está interconectado
    Por eso recordamos la importancia de estas instituciones que, desde el Estado, la Sociedad Civil, las escuelas, las iglesias, las empresas y cada ser humano en su casa, protegen el bien común del clima y el ambiente. Todo está interligado dice el Papa, así que debemos buscar ese sentido de unidad como sociedad humana y detener las malas acciones promoviendo las buenas.

    La responsabilidad de mantener un ambiente sano es de todos, muchas veces pensamos que es de otros y no actuamos en consecuencia, le dejamos la responsabilidad a otros. Es penoso ver como la generación más reciente de niños, jóvenes y adolescentes han crecido sin una “conciencia ecológica” como pedía San Juan Pablo II y no se dan cuenta como han seguido una mala costumbre que le hemos dejado las generaciones anteriores de no cuidar estrictamente nuestro entorno.

    Hoy hacen falta acciones concretas particulares y colectivas en pro de generar cambios. “La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan.” (LS 23).

    Una visión constructiva
    Nuestra vida actual basada en el consumismo atroz y mal manejo de los desechos sin control y la cultura de lo fácil están generando impactos gigantescos que incluso ha generado la extinción de diversas especies del planeta y haciendo la vida cada vez más difícil, debilitándonos antes los fenómenos naturales que incrementan además su fuerza destructiva.
    Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos debemos estar pendientes de no dejar una huella negativa en nuestra forma de vivir. Ya hay consecuencias irreversibles. El Ser humano tiene la libertad de hacer el bien o de hacer el mal. Intentemos ser de los que hacen el bien. Todavía hay tiempo, pero quizá no queda mucho.
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    Quien suscribe es Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de Pastoral de Ecología y Medio Ambiente de la Conferencia del Episcopado Dominicano. ADH 835

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