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    Reflexiones a la orilla del lago. Ser discípulos

    Vocacionales | P. Osiris Núñez, msc 


    Reflexiones a la orilla del lago. Ser discípulos, al cien por ciento
    El libro de la sabiduría (9,13) se pregunta quién puede conocer los designios de Dios, quién puede conocer su voluntad. Y más adelante se responde: que sólo puede conocer los designios de Dios, aquel a quien Dios le envía su Santo Espíritu; y sólo así conocerá lo que agrada a Dios y caminará recto en el camino de la vida.
    La persona que recibe el Espíritu de Dios, por lo tanto, sabe responder a la llamada que Dios le hace para que le ame incondicionalmente y que este amar se manifieste en el seguimiento y puesta en práctica de su Palabra. La persona que recibe el Espíritu de Dios, sabe las exigencias de corresponder a la llamada de Dios al discipulado.
    Invitación a seguir a Jesús
    Muy sabias son las palabras de Jesús en Lc 14, 25-33, donde plantea unas exigencias que parecen ser extremadamente radicales para seguirle, pues exige dejar hasta la familia. Sin embargo, lo que subyace en el fondo, es la invitación a que el discípulo de Jesús, debe ser capaz de desprenderse, desvincularse de aquellas ataduras que le impiden una entrega total. Incluso, desprenderse de sí mismo. Porque el que decide seguir a Jesús, debe tener bien claro lo que está asumiendo. No puede ser un experimento a ver si funciona, o a ver hasta donde aguanta, hasta donde le conviene. O se asume en su totalidad, o no se asume. El Señor quiere personas decididas por él.
    Discipulado centrado en el amor
    La parábola del hombre que va a construir una torre y se sienta primero a ver si es posible la construcción, es un ejemplo claro de cuál debe ser nuestra actitud, nuestra conciencia, nuestra claridad en lo que estamos asumiendo desde la fe. El que va a construir debe saber en qué se está metiendo y que implica esa construcción: trabajo, gastos, materiales, sacrificio, etc. Lo mismo, el discípulo de Jesús, debe tener bien claro las implicaciones que tiene para su vida el discipulado que dice asumir. Debe tener bien claro que el discipulado implica una entrega generosa y completa, que esté fundamentada en el amor a Dios y al prójimo; ese prójimo que es la otra persona y que es mi hermano, aunque sanguíneamente no tenga ningún vínculo con él. Implica la decisión de ser fiel a los parámetros de vida que plantea el Maestro, una vida sin tacha, noble, coherente, humilde, entregada y sobre todo, perseverante.
    Testimonio de Pablo a Filemón
    Un testimonio muy concreto que sirve de ejemplo para nosotros, es la situación de Filemón, explicada por Pablo en la carta a Filemón. Filemón es un hombre rico que ha asumido el discipulado en su vida; un esclavo suyo, Onésimo, se ha escapado, el cual se encuentra con Pablo y asume la fe en Jesús; Pablo le pide que vuelva donde Filemón con la carta en la mano. Según la ley romana, a Onésimo le correspondía un castigo muy severo por haber escapado, incluso hasta la muerte. Sin embargo, Pablo pide a Filemón que sea fiel y ponga en práctica el discipulado que había asumido: ya no puede buscar la venganza con su esclavo, sino poder en práctica el perdón y la misericordia; ya no puede tratarlo como un esclavo, sino como a un hermano, que había perdido y ahora lo ha recuperado para siempre. Adh 838

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