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    La familia: base de humanización

    Vocacionales | P. Osiris Núñez, msc


    La familia: base de humanización
    Hace unos días una joven me pedía una opinión sobre los comportamientos y actitudes que se dan hoy día en nuestra sociedad, especialmente en la población más joven. Le dije: todo tiene su raíz en el núcleo familiar. De ahí se deriva todo. Pero, ¿por qué la familia? El catecismo de la Iglesia, en el numero 2207 nos dice sobre la familia lo siguiente: “La familia es la célula original de la vida social. Es la sociedad natural en que el hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida. La autoridad, la estabilidad y la vida de relación en el seno de la familia constituyen los fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad en el seno de la sociedad. La familia es la comunidad en la que, desde la infancia, se pueden aprender los valores morales, se comienza a honrar a Dios y a usar bien de la libertad. La vida de familia es iniciación a la vida en sociedad.
    Pues bien, para que este primer núcleo de la sociedad que es la familia, pueda mantenerse cohesionado, se necesitan una serie de condiciones que propicien dicha cohesión, dicha unidad. Sin embargo, hoy queremos resaltar un aspecto fundamental: la formación humana e integral que debe ser transmitida en este núcleo original de la sociedad.
    Diríamos que la formación es un tema que debe ser asumido por los centros educativos, sin embargo no es así, el sistema educativo refuerza y profundiza sobre lo que ya se ha enseñado en el hogar. Parece una teoría de palabras bonitas, pero tiene una implicación práctica y real enorme. Por ejemplo, cómo es posible que en las noticia leamos que un niño mata otro en una riña en la escuela? Niños menores de 12 años. Y tantas situaciones que vemos en el día a día, pero que al parecer no nos cuestionan tanto.
    Las situaciones de violencia y degradación de la sociedad humana en el ámbito del comportamiento y la manera de vivir, son muestras fehacientes de que lamentablemente hemos debajo que una sociedad permeada por el mal y el pecado vaya germinando cada día más.
    Es fundamental prestar atención a las sabías definiciones del Catecismo de la Iglesia, donde nos dice que para tener una sociedad sana, es necesaria que la célula primaria sea una célula saludable: la familia, el hogar;  esta célula debe ser el fruto del amor y entrega de las personas, no del experimentos y del probar y dejar a ver si funciona o me conviene.
    En ésta célula primaria de la sociedad, es donde se debe ir sembrando los valores integrales que humanizan a la persona, valores que van generando ciudadanos respetuosos, medidos en sus acciones, respetuosos de la vida y de los débiles. Porque cuando estos valores no se inculcan en los primeros años mientras se está bajo el cobijo familiar, luego, ya sea en los centros educativos o en los centros correccionales, por más que se intente ayudar a rectificar una conducta, será mucho más difícil.
    Basta ya de quejarnos de una sociedad corrompida, una sociedad que cada día sentimos está más inhumana. Si está así, es porque lo hemos permitido. Por eso, como personas creyentes y temerosas de Dios, tenemos el serio compromiso de asumir con responsabilidad la tarea de construir una sociedad humanizada, donde cada día estos casos horrorosos se vayan erradicando totalmente. ADH 839

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