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    Construyendo la comunidad educativa

    Educando | Pedro María Orbezua, fsc.


    ¡Que la escuela vaya bien! SBDLS
    ¿Recuerdan? La clave para que “la escuela vaya bien” es un Maestro” vocacionado” y una Maestra “vocacionada”. Sin embargo, hay que dar un paso más. Los Maestros no trabajan como “francotiradores”.  No deberían. Por el contrario, son un EQUIPO y, más aún, una COMUNIDAD. Insisto: ¡deberían! He ahí el reto. ¡Casi nada!  ¡Construirse como Equipo y Comunidad educativa!
    A partir de ahora -con sus salvedades- no usaré la palabra Maestro o Maestra, sino Educador o Educadora. Por ser más abarcadora. Educadores docentes, los que están en el aula. Educadores no docentes, los que no, o sea, el personal administrativo, el grupo de mantenimiento y vigilancia… ¡y los papás y las mamás! Imprescindibles.


    Una puntualización más: ¿Docente? ¿Qué significa la palabra “docente”? ¡Qué fácil me lo ponen! Docente es el o la que “enseña”. ¡Una duda: ¿El personal “no docente” no enseña entonces? ¡En-se-ña! Lo repito, por si las moscas. ¡Claro que en-se-ña! Pero no lo hace en el aula, sino en su lugar de trabajo, el que sea.
    ·        ¿Y qué enseña?
    ·        Enseña lo que toda la Comunidad Educativa debe enseñar.
    ·        Sí, sí, de acuerdo. ¿Pero qué debe enseñar?
    ·        ¡Ah, paciencia!  Como en las series de Netflix, la continuación y explicación en el próximo capítulo.   Pero, de todas formas, usted, por su cuenta, puede ir dando respuesta a la preguntita de marras.
    1.- La Escuela se guía por una VISIÓN, un horizonte luminoso y consensuado que provoca a caminar juntos, con paso seguro y decidido. ¡Saber a dónde vamos! Me río con la muela de atrás, porque no lo sabemos.  ¡En educación vagamos “al buen tuntún”! 2.- La Escuela se rige por una MISIÓN, un proyecto común, claro y creativo, que da respuesta a las necesidades de los niños y los jóvenes que llegan a las aulas. Así sea, porque no lo es. 3.- Y la Escuela se conduce por unos VALORES, que en la práctica se reducen a una letanía de palabritas que hay que poner porque si no, como que estamos regando fuera del tiesto…
    Me he dado cuenta de que casi todas las Escuelas muestran -con mejor o peor gusto- para conocimiento del público en general, “su visión, misión y valores”.
    Y, sí, lucen preciosas. ¿Pero -y los peros no maduran- hasta qué punto eso que ahí se cacarea es asumido en vena, por todos y cada uno de los sujetos que conforman la comunidad educativa?
    Otra dificultad transformada en la pregunta del millón: ¿Qué “visión”, “misión” y “valores” hemos aceptado en nuestras Escuelas? ¿Quién nos marca la “visión”, la “misión” y “valores” a los que nos debemos? Las urgencias políticas y empresariales. Más nadie. Atención al recuadro:

    Por ejemplo, “las expectativas generalizadas sobre los centros escolares, salvo excepciones, se centran en la demanda de que impartan enseñanzas que favorezcan el futuro triunfo social y económico de los estudiantes.
    Nadie en su sano juicio puede desvincular la enseñanza de la formación para el ejercicio de una profesión en el ámbito laboral. (…)
    Sin embargo, una cosa es establecer este vínculo y otra otorgarle la centralidad en los proyectos educativos de las familias, de los centros escolares, de los gobiernos y de todos los sectores que inciden en la educación de los ciudadanos de un país (…)(Rafael Díaz-Salazar. “Educación y cambio social”. PPC).

    Ese es mi miedo, que comulguemos con ruedas de molino sin atisbo alguno de espíritu crítico. Por el momento, dejémoslo ahí. Volvamos al principio:
    Está claro, los Maestros son -ojalá, ojalá- un EQUIPO. Todos integrados, aunados, tirando de la Escuela en la misma dirección y sentido. Un EQUIPO que se reúne para el trabajo mancomunado, de cara al éxito. (¿Qué éxito? Otro interrogante de envergadura).
    Y cómo no, un EQUIPO que se muestre díscolo, por favor, y no tanto una camarilla que cumple a pies juntillas y con obediencia ciega los lineamientos que se señalan “desde fuera”, sí, señores, “desde fuera”, a modo del oráculo de Delfos.
    ¡Equipo, sí! Pero subamos otro escalón. Urge construirnos como COMUNIDAD. Es el “quid” de la educación, la apuesta decisiva.
    Fíjense, la COMUNIDAD atiende “al SER juntos” para “REALIZARSE juntos”. El acento se pone en las personas. En lo que las une por dentro, en su profundidad, y no tan solo en los cargos, puestos u ocupaciones que ostentan.
    En la comunidad importa la calidad humana de las relaciones que se dan, hasta llegar -por qué no- a la intercomunión personal y la solidaridad de unos con nosotros. Preguntémonos: ¿Cuáles son los lazos que nos unen a los educadores docentes y no docentes en la tarea educativa?
    Les invito, les pido, les exhorto: ¡Seamos Equipo y seamos Comunidad! De lo contrario, a otro perro con ese hueso. Es un proceso difícil, arduo, complicado, pero apremiante e impostergable. Es la tarea a llevar a cabo, lo fundamental y elemental para la mejora educativa. A echarle ganas, todas las ganas del mundo y alguna más. ADH 838.



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