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    Reflexión sobre lo que vendemos

    Hacer Familia | Vilma Díaz  


    Reflexión sobre lo que vendemos

    Compro todo lo que sea viejo, lavadora vieja, secadora vieja, suegra necia, todo lo que sea viejo

    Mientras repicaba en mi oído... compro, viene a mí que vendo. Aquello que me pesa, mis viejos recuerdos, amores y desamores, mis deudas, mi pasado, las libritas demás…. Sírvete y haz tu propia lista.

    En un abrir y cerrar de ojos la vida puede volcarse a nuestro favor o en contra nuestra. Todo indicio de hacia donde se dirigía nuestra vida pareciera un espejismo y toda esa caterva de prevención y visión del futuro no nos sirve. Nos abandona lo que sabemos, pues lo que se vive es nuevo... Muy nuevo, completa e inesperadamente nuevo.

    Durante días más algunas semanas intercaladas escucho, en la mañana, en la tarde siendo día de semana o fin de ella; a veces que, en el trabajo, otras en mi casa y muchas otras tantas en cualquier sitio: Te compramos todo lo que sea viejo. Todo... Todo quiere decir todo.

    Siempre hay en nuestra jornada de vida enseñanzas del sentir popular que, como estrategias de supervivencia, nos interpelan vorazmente a dejar todo aquello aprendido y hasta estudiado para recibir la enseñanza y sentarnos ahí, en el pupitre de esta escuela que llamamos vida.

    Desde mi pequeño espacio en el escenario de la vida, escucho: Te compramos todo lo que sea viejo y porque no venderlo. ¿Qué más da retenerlo? Esa es la vida, un intercambio, un abrir y un darse; soltar amarras para que el barco pueda tomar su curso.

    Cavilando todos los trastes sin uso. Venía toda aquella ropa que significó algo, toda vivencia celosamente guardada, toda cosa eléctrica, todo rubor, toda sensación de gloria o la emblemática realidad que nos enorgullece; nos dejó la juventud amada y ya no encaja con el tiempo que nos toca vivir actualmente. Pasar temerosos a una realidad que nos ha enfermado las entrañas y caminar sigilosamente a lo que se está viviendo y uno creerse que no pasará.

    Vivir en las cosas y tomar las formas que ellas nos evocan, mirando afuera lo que muchas veces el alma no te permite dejar libre en la almohada y el descanso nos deja por Morfeo, el que se cree Dios del sueño. 

    Cuántas cosas nos dicen que las dejemos ir de nosotros por viejas, resentidas de pertenecernos, dañándonos nuestra interpretación de lo que somos, y nos cuesta soltarlas, venderlas, dejarlas ir, ¿darlas tal vez... por Dios, sacarlas de nuestras vidas?

    Nos compran de todo, si nos vendemos hay venta… con celulitis, colesterol alto, chichos, juanetes, problemas intestinales porque hay venta para todo y con todo tipo de desperfecto, ¿pero, qué tal si vendemos lo que dejó de ser nuestro?

    ¿Qué tal dejar ir lo que nunca perteneció a nuestra esencia? ¿Tendremos el valor para continuar sin pretender ser lo que no somos o lo que nunca fuimos y jamás podremos añadir un ápice a nuestra estatura?

    Me compran lo que estoy dispuesto a vender, sin decidir dejar ir no puedo vender y recibir lo que si puedo tener. Claro se puede dejar ir todo, vender todo y vivir el día sabiendo que es un regalo despertar a la vida, se pueden ir muchas, pero muchas cosas y continuar a nuestro ritmo, pues llegan aquellas que si están para nosotros.

    Mientras acumulamos más juventud se aprende a reciclar tantas zonas de confort y se nos aísla la vida en lo que creemos, cerrándonos a los cambios y a que no somos iguales a otros. 

    Ponerle un módico precio de un peso es representativo a lo que se puede dejar ir para vivir una vida olímpicamente nueva y plena.

    Nos compran lo viejo y lo que no llega a viejo. La verdad es que podemos dejarlo en la misma subasta a merced de una voz que compra todo...

    Suéltate.... Deja tu alma libre para que vivas. ¿De qué? De todas las cosas que te ligan de vivir el hoy. No solo tu pasado, la realidad de una enfermedad, una soltería “que parece eterna, un pesar que te enrostra tus acciones, un miedo al que dirán, un sabor amargo disfrazado de dulce de decirte: ‘Es que yo soy así’”.

    Vive, la vida no se elige. Se vive y se muere un poco cada día aún alteres la ruta. Estar aquí es una única opción. Siente lo que eres y vendrán a ti las cosas según la dimensión de tus opciones, no solo las cosas conocen tu dirección si te has abierto a vivir quien eres, o si las has trabajado. Llegan los afectos por que las almas se atraen, al mismo compás que las aves de igual plumaje se juntan.

    Cada vez, que escuches: "Te compramos todo lo que sea viejo... “da las gracias a Dios por cada cosa” por lo cual te has permitido vender, soltar, regalar y saborea con gusto el día al cual despertaste. ADH 840

    1 comentario :

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