• Noticias

    Teología de la liberación y dignidad de la persona

    Solidaridad | Miguel Angel Gullón



    Teología de la liberación y dignidad de la persona
    La introducción “Mirar lejos” a la decimocuarta edición de la obra Teología de la Liberación (1990) de Gustavo Gutiérrez nos ayuda a comprender de una forma clara y sencilla las razones que le llevaron a tomar la pluma para poner por escrito sus reflexiones. Las sucesivas ediciones han actualizado su reflexión, cargándola de más incidencia al estar fuertemente enraizada en la realidad martirial de los empobrecidos de América Latina y El Caribe, pues ahora, como muy bien dice nuestro autor: «estamos viviendo una nueva época histórica marcada por una profunda aspiración a la liberación integral. Por dolorosa (ya lo era en 1968) que sea la situación latinoamericana, esa visión vale también para hoy. En estos años se han producido hechos que han cambiado la historia de la región, haciéndola franquear el umbral señalado y entrar en un proceso cada vez más acelerado. Esto plantea un desafío nuevo para quienes buscan inspirar su vida en Aquel que “puso su tienda en medio de nosotros” (Jn 1,14). La perspectiva de fe debe ayudarnos a ver lo que está en juego en esta etapa histórica»[1].
    Más que una época de cambios, podemos decir que estamos viviendo un cambio de época en nuestro mundo, que afecta de forma más fuerte a nuestra región. Junto a ello se da una globo-colonización que dulcifica las tramas maquiavélicas del neoliberalismo. En este sentido afirma G. Gutiérrez: «la conciencia de estar en una etapa nueva en la vida de nuestros pueblos y la necesidad de intentar comprenderla como un llamado del Señor para anunciar debidamente su Evangelio, acompañan desde entonces el desarrollo de la teología de la liberación en América Latina. Ambas aguijonean esta reflexión exigiéndole una doble fidelidad al Dios de nuestra fe y al pueblo latinoamericano. Esta matriz hace que no podamos separar proceso histórico liberador y discurso sobre Dios»[2].
    La liberación de las cadenas que oprimen a la persona y no le dejan ser plenamente feliz, camina íntimamente unida a la voluntad divina concretada en las bienaventuranzas de Jesús. La utopía intenta hacer frente a los elementos que desfiguran su auténtica esencia, en nuestro caso el neoliberalismo económico a través de todas sus ramificaciones. La fuerza de las personas y Comunidades comprometidas actualiza y encarna el auténtico espíritu de la utopía en cada momento, «conscientes de que la opresión y postergación en que viven no es compatible con su fe en Jesucristo»[3]. De este modo, nos dice G. Gutiérrez: «el paso del tiempo está haciendo que lo esencial se vea más claro y que lo accesorio pierda la relevancia que pareció tener en un momento dado. Un proceso de maduración está en curso. Pero en el itinerario de la teología de la liberación en estos años no sólo hay un factor temporal, hay igualmente una ampliación del espacio. De diversos lados han surgido –en las diversas confesiones cristianas– reflexiones que, desde sus respectivas tradiciones, han tomado la óptica liberadora inspirada en el mensaje del reino de Dios. Más que de influencias teológicas, se trata del impulso que provoca simultáneamente una realidad básica de opresión y marginación que la conciencia cristiana rechaza y frente a la cual propone la totalidad y radicalidad del Evangelio»[4].
    Se trata de una fuerza inmensa, la que nace de la contemplación del Jesús ajusticiado en la cruz por la liberación de todas las personas: el misterio de su pasión y muerte nos encamina a la liberación plena de las cadenas físicas para encontrarnos con la fuente de la vida y felicidad plena. Si el individualismo es una de las características identitarias del neoliberalismo o, a lo sumo se dan agrupamientos de conveniencia en orden a aumentar la pirámide del capital, no podemos decir lo mismo de la utopía de la dignidad humana. La persona que lucha por sus derechos más fundamentales sabe que sus reivindicaciones son más fructíferas caminando con quienes padecen las mismas penurias y embates de la sociedad del capital. (Tercera entrega). ADH 838

    No hay comentarios :

    Publicar un comentario

    Promueve el diálogo y la comunicación usando un lenguaje sencillo, preciso y respetuoso...