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    jueves, 1 de octubre de 2020

    La misión no es proselitismo

    Valor del Mes | P. Juan Tomás García, msc

     


    Misión: Octubre Misionero

    “Los llamó para que estuvieran con él y para enviarlos a Predicar” (Marcos 3,13)

     

    En estos días regresó de Mozambique, una misionera Carmelita Teresa de San José, Socorro González. Le he pedido hablarnos de la misión desde su experiencia comunitaria con niños, jóvenes y adultos, en aquella realidad. Aquí les dejo su reflexión como valor del mes.

     


    La misión no es proselitismo. La iglesia crece por atracción y por testimonio

     

    Muchas veces hablamos de misión y pensamos en sacrificios, en trabajo, en evangelización… En todas las imágenes que nos presentan en la televisión, de pobreza, de hambre y de miles de necesidades.  Yo pienso que la misión es más que eso, es conocer una realidad concreta, es compartir la vida y realidad de ese lugar, sin juzgar. Es hacer crecer la fe por nuestro testimonio de vida. Nosotros la hemos visto y damos testimonio y les anunciamos la vida eterna” (1Jn 1, 2-3).

     

    Al principio, al ser destinada en misión a Mozambique, solo pensaba en que era el momento de hacer realidad lo que tantas veces cantamos: “llévame donde los hombres necesiten tus palabras, necesiten tus ganas de vivir…”  Pero al llegar a la misión me di cuenta que lo más importante no es enseñar, que nunca estamos preparados para la misión, que los conocimientos no son suficientes para decir que estamos en misión. Lo más importante es acoger la gente con su realidad, su ambiente y la cultura sin juzgar… y que hay un lenguaje que es entendido en todas culturas EL LENGUAJE DEL AMOR. Entonces descubrí que la misión es el amor.

     


    Junto a mis hermanas, cuando logramos entender un poco la cultura, pudimos asomarnos poco a poco a ella y ser reflejos del Jesús en el que creemos. Nuestro mundo necesita cercanía, escucha, sencillez, servicio y sobre todo mucho amor. Es la mejor manera de evangelizar. Después de todo eso, el mensaje de Jesús se entiende más fácil.

     

    Muchas veces nuestra misión no ha sido mas que estar, estar y escuchar, escuchar el clamor de la gente e intentar ser su voz, al tiempo de crear espacios donde puedan expresarse. En ocasiones hemos sido asistencialistas, dadas las necesidades urgentes de las personas; al darnos cuenta de nuestros privilegios, al contar con las cosas que tenemos y porque es una manera de compartir y de ayudar a otros a ampliar sus horizontes.

     

    La misión es Su obra (Es obra de Dios, no nuestra). Como dice el libro de entrevistas de Gianni Valente, con el Papa, a finales de octubre del pasado año: “No necesitamos organizarnos, no necesitamos gritar. No sirven trucos ni estratagemas. Solo sirve pedir que podamos rehacer hoy la experiencia que hace decir: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros”.

     

    El valor de la misión es poder compartir un poco de lo mucho que hemos recibido y dejarnos enriquecer por la grandeza del otro ser humano totalmente diferente. El gran valor de la misión es que de verdad nos hace UNIVERSALES, nos hace Iglesia en comunión donde quiera que estemos.

     

    Es importante porque nos anima a continuar compartiendo el mensaje de Jesús, a sentirnos como los discípulos responsables de ser nosotros mismos otros Jesús con nuestras actitudes, con nuestra manera de relacionarnos.

    Todos somos discípulos misioneros

     

    Hay muchas maneras de ser misioneros, con nuestras oraciones, con nuestra colaboración, con nuestras donaciones, con nuestra manera de entregarnos en nuestras familias o lugar donde nos encontramos y con nuestra presencia. La Iglesia en sí misma es misión cuando nos reunimos en oración, cuando somos una verdadera comunidad de fe.

     

    En medio de un mundo que de manera especial este año ha sido tocado por el dolor, por catástrofes naturales, donde se nos invita al distanciamiento social, a alejarnos de los que queremos para protegerlos… nos preguntamos ¿cómo vivir la misión?

     

    Hoy más que nunca somos enviados en misión, una misión que se hace oración, que se hace comunión, que se hace virtual... Una misión que nos pone en actitud de cuidar de nuestro prójimo, de orar por ellos y de buscar otras maneras de estar cercanos, de hacernos solidarios con los que están mas necesitados.

     

    Estamos llamados a vivir nuestra misión, siendo más consientes de cómo estamos viviendo nuestras vidas, talvez necesitábamos hacer un alto en el camino y ver lo que es realmente importante; a vivir nuestro amor al prójimo, a sentirnos en comunión con toda la humanidad, a transmitir el mensaje de esperanza y de paz que hemos recibido de Jesús, así podremos vivir la misión en nuestro mundo de hoy.

     

    En su magisterio el Papa Francisco nos recuerda que la misión no es proselitismo y que la Iglesia crece por atracción y por testimonio. Nuestra mayor misión la realizamos cuando somos atrayentes en nuestra manera de ser y con nuestro testimonio de vida.

     

    Entonces con todo esto podemos concluir que, la MISION se realiza desde las siguientes actitudes: acercamiento, valoración, oración, comunión, sencillez, testimonio de vida, atracción, solidaridad, anuncio, libertad y gratuidad.

    Socorro González González, ctsj

    La Hna. Socorro, aparece en la foto a la derecha, junto a otra hermana carmelita, con un grupo de la comunidad

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