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    martes, 10 de noviembre de 2020

    La libertad, esencial en el llamado

    Vocacionales | P. Osiris Núñez, msc



    La libertad, esencial en el llamado

    Compartíamos en la edición pasada que Dios nos ha elegido para un proyecto suyo, pero este proyecto de salvación muchas veces es alterado, pisoteado por la dureza de corazón de los hombres (Mt 19,8), que buscan imponer su voluntad sobre la Dios. En vez de ser un proyecto de salvación, es convertido por la obstinación del ser humano, en un proyecto de explotación y condenación de unos contra otros.

    Desde el comienzo de la historia de la salvación, vemos como empiezan a darse situaciones creadas por el hombre, que difieren del proyecto divino. En el libro del Génesis podemos señalar algunos momentos puntuales, como por ejemplo Gn 4; 6,5ss; 11,1-10; 19. Pero el hecho más relevante, lo encontramos en el libro del Éxodo 1,8-22, donde el pueblo de Israel está cautivo en Egipto, siendo esclavizado, explotado inhumanamente. A partir de este libro se nos narra todo el proceso de liberación del pueblo de Israel, guiado por Dios a través de Moisés, hacia la tierra prometida. Y así, en las siguientes narraciones de las Sagradas Escrituras, se nos presenta como la avaricia de poder del ser humano, busca dominar, oprimir, cohibir de libertad al hombre, libertad en la que ha sido creado.

    El llamado que Dios hace hoy a cada persona, es un llamado de liberación, que busca que la persona alcance la libertad plena a la cual somos invitados


    Por lo tanto, en el llamado que Dios hace a la persona, o a un pueblo, lo esencial en este, es la libertad, la cual permite una respuesta consciente y libre de condicionamientos para asumir con sinceridad la voluntad de Dios. Siempre que se cohíbe la libertad, no existen condiciones idóneas para asumir el proyecto divino, porque se estará condicionado por las circunstancias ajenas que obligan a una cosa o la otra. 

    Ante esta realidad, Dios llama a la liberación de la persona y de los pueblos. Y para realizar dicha liberación, para alcanzar nuevamente la libertad perdida, Dios se vale de personas que guían y orientan a sus hijos, a su pueblo. Moisés, es llamado para guiar al pueblo de Israel por el camino de la libertad, un camino tortuoso y largo, pero que al final, alcanza la tierra prometida por Dios.

    A partir del don de la vida recibida de Dios, nuestro primer llamado es a la libertad propia y de los demás. En nuestra sociedad occidental, las situaciones de esclavitud sistemática de un pueblo contra otro pueblo, son escasas, han sido superadas por las emancipaciones liberadoras y la justa determinación de los pueblos. Sin embargo, aun arrastramos rastros de esclavitud en los sistemas políticos, económicos y culturales que hemos heredado de los vestigios coloniales e imperialistas de las naciones que una vez nos dominaron. Personas y pueblos siguen sumidos en sistemas de esclavitud que no permiten elevar su nivel de vida, que no les permite una vida digna. Sistemas cíclicos que mantienen a la sociedad en un status aparentemente estable, pero no deja avanzar, no permite salir de ese círculo vicioso.

    El llamado que Dios hace hoy a cada persona, es un llamado de liberación, que busca que la persona alcance la libertad plena a la cual todo ser humano está invitado. Debemos identificar cuales situaciones nos esclavizan como personas y como sociedad, que cohíben nuestra autenticidad, y que no nos permiten ser nosotros mismos.

    Todo esto, orientado hacia el cumplimiento de la voluntad de Dios para con la humanidad, que solo se realiza cuando el ser humano goza de la libertad plena que le permite definir su vida hacia donde se siente llamado por Dios. Por lo tanto, el llamado por Dios debe adquirir un doble compromiso con la libertad: la libertad para sí mismo, como persona; y la libertad para todos que es alterada por los entramados sociales en los que vivimos. ADH 850.

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