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    viernes, 1 de enero de 2021

    Demos gracias a Dios

    Reflexiones | Gabriel Ma. Otalora



    Demos gracias a Dios


    Los finales años así como los principios del siguiente son momentos propicios para dar gracias a Dios de una manera especial. Es verdad que 2020 ha sido un año especialmente negativo para casi toda la población, que hemos soportado una pandemia mucho más grave de lo que al principio se pensaba. El mundo entero ha visto como la noticia principal era el seguimiento de contagios y muertes y los esfuerzos por minimizar la realidad. Así las cosas, no pocos cristianos ni se han parado a pensar en lo positivo que ha ocurrido en sus vidas, abrumados como estaban, por esta tragedia comunitaria que ha impactado sin tregua en la salud y la economía.


    Pues bien, la primera buena noticia para dar gracias a Dios es la vacuna. No va a ser el antídoto que elimine el virus pero es un punto de inflexión radical a la hora de domeñar la pandemia y sus efectos. Ha sido un tiempo récord el que ha logrado la comunidad científica en lograrla, como nunca antes se había logrado en tan pocos meses. Y no solo una, sino varias. La segunda excelente noticia, es que vivimos en una zona del mundo donde tiene dinero para pagarla.


    El Papa, siempre atento a los más desvalidos, ha dicho alto y claro que “No podemos dejar que el virus del individualismo radical nos venza y nos haga indiferentes al sufrimiento de otros hermanos y hermanas”. Que “las leyes del mercado y las patentes” no se antepongan a “las leyes del amor y de la salud de la humanidad” a la hora del reparto de las inyecciones para frenar el virus. Sin ningún mérito por nuestra parte, el haber nacido “aquí” en lugar de “allí” supone tener acceso a unidades especializadas en la covid-19, atención médica y vacunas. No deja de haber motivos de preocupación, pero hagamos sitio al agradecimiento y oración de petición por los que peor lo tienen, solidarizados en su realidad mucho menos favorable. Que no nos coma el veneno de la indiferencia, la falta de solidaridad y el agradecimiento por los dones recibidos sin ningún mérito por nuestra parte.


    Esta realidad dolorosa de la pandemia es una buena piedra de toque para detenernos a reflexionar sobre lo que diariamente no damos gracias a Dios, sencillamente porque lo consideramos lo más normal del mundo… aunque muchos millones de personas lo perciben como una quimera. Me refiero a lo que para muchos de nosotros son pequeñas cosas de cada día y para otros muchos son estadios de bienestar inalcanzables o que hace tiempo han dejado de experimentar: un café caliente antes de ir a trabajar, una lectura gratificante, un fin de semana para descansar, una familia a la que amar, ropa, calzado, amistades, vacaciones, tres comidas al día… Como afirma David Steindl-Rast. Una vez que dejamos de darlo todo por sentado, nos sorprendemos de todo lo que nos rodea, lo cual nos lleva a ser más agradecidos. La sorpresa es el punto de partida de la gratitud. 


    Para este monje benedictino nonagenario, “atrapado” por la pandemia en Argentina desde hace meses,  es obvio que si queremos ser felices, hay que ser agradecidos. La idea de gratitud está en el corazón de todas las religiones pues la gratitud es una experiencia que nace en el corazón de los seres humanos cuando descubrimos que la vida es un don, que el estar vivos es un regalo. Si lo que nos toca vivir no es algo de lo que podemos estar agradecidos, como por ejemplo la pobreza humana, la violencia, una traición de un amigo, la destrucción de la naturaleza o ver la corrupción de ciertos políticos, no estaremos agradecidos por estos hechos, pero sí por la oportunidad que nos da la vida en ese momento para hacer algo. El momento presente es un regalo. Y el regalo no es la situación no deseada, sino que es la oportunidad de poder hacer algo con ella.


    Demos gracias a Dios como oración recordando lo que nos parece un derecho diario al que no prestamos la mínima atención hasta que nos falta en actitud de escucha al Espíritu para ver lo que puedo hacer con todo eso que ya poseo y otros, quizá a mi alrededor, no tienen.


    Publicado en Eclesalia:

    GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
    BILBAO (VIZCAYA).

     


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