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    viernes, 19 de marzo de 2021

    Cuaresma: un desierto de verdad

     

    Espiritualidad | Tamara Cordero/R21rs



     

    Cuando la Cuaresma es un desierto de verdad

     

    Es sinónimo de sed, hambre, calor, aridez, silencio… Pero para los cristianos se trata de una figura atrayente durante la preparación a la Pascua que habla de la soledad, pero también de la necesidad de apartarse de la vida diaria para poder escuchar a Dios y dejarle actuar. Así lo experimenten en lo cotidiano los religiosos que viven en el Sáhara. Para ellos, el desierto es algo más que un símbolo, es su hogar.

     

    La Cuaresma son 40 días que nos remiten a los 40 años de éxodo del pueblo elegido y a los 40 días de Jesús en el desierto. Este tiempo litúrgico es propicio para mirar en nuestro interior, haciendo silencio en nuestra vida saturada de ruido, para descubrir que estamos aquí porque Dios Padre nos amó primero.

     

    En El Aaiún, en el Sáhara Occidental, una comunidad de misioneros oblatos de María Inmaculada, con la que nos pone en contacto Obras Misionales Pontificias, lleva viviendo en el más puro y real desierto más de 65 años. Actualmente, la comunidad religiosa está formada por tres hermanos: un religioso congoleño; el Prefecto Apostólico de la Iglesia que es español, y Chicho Roig, también religioso y español que llegó a esta comunidad hace cuatro años y medio.

     

    Resisten como un oasis en mitad del desierto. Su iglesia se encuentra en un lugar donde el 100% de la población local es musulmana y en un territorio donde el proselitismo está penado por ley. Una situación que no hace nada sencilla su labor allí.

     

    “Nosotros estamos aquí como personas que rezamos en medio de un pueblo que reza mucho y la única Iglesia que hay somos nosotros tres, en más de mil kilómetros hacia arriba en el mapa, más de mil kilómetros hacia abajo y muchos más si nos adentramos en el desierto”, confiesa Chicho. Viven como una doble responsabilidad su misión como presencia de la Iglesia Católica en este lugar. Saben que cada vez que rezan están acompañados, aunque físicamente estén solos; pero también que “hagamos lo que hagamos, para bien o para mal, somos el único rostro de la Iglesia en este territorio”, afirma el misionero.


    Llamada a lo esencial. Chicho y sus hermanos oblatos recorren cada semana 540 kilómetros que separan El Aaiún de Dakhla, donde tienen otra parroquia en la que atienden sobre todo a inmigrantes que llegan con el propósito de cruzar a Canarias, o dirigirse al norte de Marruecos para hacerlo por allí. Esa distancia que separa una población de otra no es fácil de recorrer: allí no hay grandes autovías, solo un camino que atraviesa el desierto y desde el que se puede imaginar la inmensidad del mismo. En ese preciso lugar, que desde aquí podemos anhelar al imaginarnos la belleza de sus dunas, o su cielo lleno de estrellas, muchos pasaron miseria y hambre. Por eso Chicho afirma que “viviendo aquí, cuando te hablan del éxodo del pueblo judío en el desierto, uno comprende de qué se quejaban”.

     

    A priori, parece más sencillo el encuentro que Chicho y los otros dos misioneros oblatos pueden tener con Dios en este contexto. Viven en el auténtico desierto, físico y también personal, ya que cultivar las relaciones sociales tampoco es una tarea fácil en esta tierra. Todo conduce a pensar que el encuentro con el Padre les es más propicio. Y quizás no sea así, pero sin duda, el Sáhara invita a conectar con el Evangelio: “La cultura que hay aquí, heredada en gran parte de los nómadas, está mucho más cerca del evangelio. Cuando te dice: ‘había un hombre pidiendo en la puerta del templo’, aquí lo ves en la puerta de la mezquita. Cuando habla de ‘acogieron a Jesús’, nos damos cuenta de que los musulmanes lo hacen con nosotros. Además, la llamada a la oración, desde antes de que salga el sol hasta que se pone, te hace estar en relación con Dios todo el día”. Son recordatorios que, en una vida moderna y en otros países como España, no se tienen tan presentes.


    Imagen de Dios. Si la Cuaresma es una llamada a lo esencial, el desierto es el ejemplo perfecto de este tiempo. Chicho lo afirma: “te invita a ir a lo esencial, te abres a la trascendencia”. ¿Qué es entonces lo importante cuando te desplazas al desierto? Materialmente: el agua y protegernos del sol y las altas temperaturas. Sin embargo, aunque este contexto sea una gran parábola espiritual, el desierto no es tal y como lo imaginamos. En él experimentamos soledad, calor, sed. Se trata de una zona árida, sin vegetación y casi sin vida. ¿Y las dunas? Solo representan el 10% del mismo. Pero es cierto que de ellas podemos extraer una hermosa lectura de vida: “Las dunas siempre van avanzando. Pero en el fondo, lo hacen porque hay un viento muy fuerte que las azota, rompiendo la roca poco a poco hasta que consigue moverse”. Para Chicho, las dunas pueden hablarnos de nuestra propia vida, del modelaje de Dios y de cómo, por nosotros mismos, quizás no consigamos mucho, pero con la fuerza del Espíritu, todo es posible.


    Otra imagen de Dios en el desierto que reconoce este misionero es la que le proporciona el camello. Un animal creado para vivir y caminar en este lugar. Solo necesita agua y va avanzando por el terreno buscando comida. Cuando la encuentra, respeta la raíz de la vegetación, para que vuelva a crecer de nuevo. “Un gran estímulo espiritual el de mirar a los camellos, que nos habla de lo valioso de nuestra vida”, confiesa el religioso.

     

    Enfrentar las tentaciones. Desde el Sáhara estos misioneros también reconocen que se enfrentan a varias tentaciones. “No siempre es fácil la soledad, no tenemos un mundo de relaciones como puede tener cualquiera en Madrid, es mucho más limitado… eso te hace vivir en un cierto desierto también, más todavía a nivel eclesial porque no hay otras congregaciones ni iglesias con las que compartir”, afirma Roig.


    Por eso, una de las mayores tentaciones a las que se enfrentan es el vivir conectado a Internet: “precisamente porque humanamente la situación puede ser un poco dura, podemos caer en huir a través de estos medios, conectando con unos y otros, sin meternos en la realidad de aquí”, dice el misionero. También otra tentación que resuena en sus corazones es la de “querer ver los frutos”. El desierto da una lección a los misioneros en este aspecto: “no ves nada cuando paseas por él, pero cuando llueve, después de un mes empiezan a salir brotes, flores, que afirman que algo había sin ser visto”. Y añade: “Los que han estado aquí antes que nosotros han dejado una huella haciendo lo mismo que nosotros hacemos ahora, estando presentes, acompañando a un pueblo que se ha sentido abandonado de todos, pero acompañado por unos que eran cristianos. Más allá de eso hay que dejar que Dios sea Dios, que él sabe lo que va a hacer. No hay que adelantarse al tiempo del Espíritu”. La tercera tentación para estos misioneros oblatos es el “querer ser reconocido”. Chicho confiesa que la necesidad de reconocimiento la tienen todas las personas, “porque desarrollas tu misión bien, porque te entregas en lo que haces…”. Sin embargo, en la periferia de las periferias, donde viven ellos, este reconocimiento no llegará. Por lo que hay que enfrontar este deseo con la realidad que se vive en el Sáhara y sobre todo ahondar en el por qué desarrollan su misión allí. Para ellos estas tentaciones son también oportunidad y reto: “la Cuaresma es un buen momento para seguir ahondando en los diferentes proyectos que tenemos, aprender más el idioma, acercarnos a los más pobres y gastar tiempo con ellos”. En definitiva, Chicho y sus hermanos viven el Evangelio como lo hizo Jesús.

     

    Esta comunidad misionera comenzó de manera privilegiada la Cuaresma con un día de oración en el desierto y seguramente la terminará en el mismo lugar. A las celebraciones propias de la Semana Santa solo acudirán algunos extranjeros y migrantes, entre dos y diez según los datos de años anteriores, y puede que Jueves o Viernes Santo celebren solos en su iglesia. Ellos son presencia y testimonio de Cristo, en una tierra de Alá, en la que la sencillez con la que viven el día a día se transforma en palabra viva de Dios.

     

    Publicado en Revista 21rs:

    https://www.21rs.es/es/revista-21/4442_Cuando-la-cuaresma-es-un-desierto-de-verdad.html



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