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    miércoles, 21 de julio de 2021

    Actitudes de Jesús


    Caminando con Jesús | Alexis Cifuentes/SN



    Actitudes de Jesús

     

    El camino de nuestro discipulado se orienta por la presencia del Señor que nos llama a la comunidad y nos envía a la misión. Él, nuestro maestro, nos enseña no solo con la palabra pronunciada, sino también con los hechos que realiza para formarnos en el largo proceso de acoger su Persona y su proyecto. Dicen los evangelios que los discípulos al regresar de la misión, contaron de sus hechos y sus palabras. Quiere decir que el anuncio del Evangelio se hace con signos, con hechos que dicen acerca de lo que predicamos.

     

    Cuando los apóstoles regresaron contando lo que habían hecho y anunciado, los invitó a descansar. En él comenzamos a ser verdaderamente humanos

     

    Jesús se distingue de los demás maestros por el hecho de ser él mismo quien escoge sus discípulos. Los invita a ver y estar con Él. La escuela del discipulado se va realizando en la vida misma. Se aprende en las maneras como se relaciona con ellos y con la gente, así la formación es a partir de la experiencia cotidiana, con sus momentos densos, con sus complejidades, cercanías y alejamientos, dudas y certezas.

     

    En todo caso, los discípulos han de asumir una misión sin desgastarse en el afán por hacer. El activismo desenfrenado no es la manera de transformar las personas y las situaciones. Sí estar siempre en la misión, en disposición de servir, amar y acompañar. No se trata de ir como un río sin cauce, desbordado, que al final destruye más que el bien que hace.

     

    Siguiendo los evangelios encontramos la pedagogía del Maestro en el modo como el mismo vive, no lo mata la prisa, no lo agobian los obstáculos del camino, tiene paciencia con su comunidad elegida, donde se confrontan muchas personalidades. El ser y el hacer no son opuestos irreconciliables en su realidad, sino dos caras de su ser que fluye y construye, tanto en la oración como en la acción, en el silencio y la palabra, en las tareas y el descanso.

     

    El descanso. Jesús, predicador itinerante tiene un gran sentido del descanso, de atender detalles que escapan a la prisa y el nerviosismo. Al curar un enfermo ha tenido tiempo para acercarse, para dialogar con él, para realizar el signo de la presencia amorosa del Padre sin espectacularidad ni avergonzar al necesitado. Su presencia muestra un gesto de ternura impresionante hacia los demás.

     

    La misión se realiza dentro de experiencias humanas sanadoras y prometedoras de una nueva realidad para quienes se acercan o Jesús toma la iniciativa de ir hacia ellos. El descanso favorece la serenidad, la lucidez mental, la capacidad de mirar más allá de la “tarea” realizada y estar siempre disponibles para continuar. Cuando los apóstoles regresaron contando lo que habían hecho y anunciado, los invitó a descansar. En él comenzamos a ser verdaderamente humanos, a valorar el tiempo compartido, la posibilidad de alegrarnos juntos, el sentirnos a gusto en comunidad, rehacer fuerzas en el encuentro que aporta nueva savia para nuestro crecimiento.

     

    Hoy, nosotros los discípulos ejercemos el oficio invaluable de ser apóstoles, como un don recibido. Como toda realidad transformadora en la fe, la misión tiene que ser realizada al estilo de Jesús, que va caminando con nosotros. Si no la hacemos a su estilo, se imponen nuestros propios criterios y deseos, nos rendimos a las propuestas que atraen por su efectividad, por su aparatosidad y éxito. Nos buscamos a nosotros mismos. Sigamos unidos al Señor, aceptemos los desafíos de una misión que no impone, no subyuga; que no sea autorreferencial, porque lo primero y definitivo para nosotros es, como invita Jesús, hacer la voluntad del Padre, que será siempre para nosotros el camino de realización.


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